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Los ganaderos denuncian la “masacre” del lobo en Piloña: “Rebaños de 70 cabras quedaron con 14”

Los ataques del cánido, cada vez más frecuentes y “al lado de casa”, lamenta Maikel Peri, que perdió de una sola vez seis animales hace unos días

Maikel Peri, en la localidad de Cardes (Piloña), donde tiene su ganadería.

Maikel Peri, en la localidad de Cardes (Piloña), donde tiene su ganadería.

Maikel Peri llegó a tener 70 cabras bermeyas, pero ahora sólo cuenta en su explotación con 14. “Esto es desolador, lo de los daños que causa el lobo en Piloña desde hace nueve años a esta fecha es demasiado y nadie hace nada”, lamenta el ganadero afincado en la localidad de Cardes.

“La última que puedo contar fue de hace cuatro días, al lado del pueblo, que me mató seis de una vez. Sólo encontré a dos, pero además es que dejó a otra mordida, otra con la pata rota y otra perdió la cría que esperaba. Porque no sólo son las que mata, son también las que acaban dañadas, aunque no nos paguen por ellas”, subraya el joven. “Yo hablo por los míos, pero los daños se dan en las cabañas de todos los ganaderos de esta zona, estamos llegando a unos límites muy preocupantes”, advierte.

Peri lamenta que la disminución de la reciella en la zona de Cardes, donde él tiene su ganado, “está favoreciendo el matorral en los montes y, con ello, los incendios, pero parece que les da igual, no se entiende lo mires por donde lo mires”. “Prefieren que no haya ganadería y apuestan por el lobo, igual da más votos ese sector que el nuestro, quién sabe...”, reprocha.

“Aquí lejos de hacer controles, cada vez parece que hay más lobos, pero lo peor es que ya podemos verlos con normalidad al lao de las casas, yo me crié en el monte y nunca sucedió esto”, recuerda. “No entro el debate de si dejar al lobo vivo o muerto, no creo que haya que extinguirlo, pero sí debe haber un control porque nosotros no podemos perder siempre todas las batallas”, evidencia.

Ni los tres perros mastines que cuidan del rebaño han impedido el aumento de los daños, “aunque nos cuesta un dineral mantenerlos”, clama. “Y luego nos pagan en función de un baremo igual para todos. Yo ando con las bermeyas por los concursos, me gasto un dinero importante en sementales y cuando vienen a tasar las estipulaciones de la consejería no tienen ningú criterio de calidad”, destaca.

Reciella

Eso, añade, sin hablar de que deben encontrar al animal para que sea reconocido como daño del lobo: “Si tardas dos días en dar con él, ya lo comieron los buitres y tú ya te quedaste sin cobrar”.

No obstante, como la mayoría de ganaderos en sus mismas circunstancias, no quiere compensaciones, preferiría tener al ganado libre de los ataques del cánido. “Yo no quiero el dinero, quiero al lobo lejos de los pueblos y a mis animales vivos y sanos”, explica, porque ahora “nadie me va a pagar las curas de las que tengo heridas, ni las consecuencias que un ataque supone para el rebaño”, abunda.

En los montes de Cardes, lamenta, “nos estamos quedando sin reciella, pero es que ya nos quedamos sin potros”, concluye.

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