Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

En la esquina derecha... Justo Magdalena

El legendario boxeador ovetense, premiado con la medalla de bronce al mérito deportivo, sigue activo a sus 88 años: "Hago bicicleta estática y flexiones a diario"

Por la izquierda, Justo Magdalena recibiendo un premio junto al por entonces alcalde de Oviedo Gabino de Lorenzo.

Por la izquierda, Justo Magdalena recibiendo un premio junto al por entonces alcalde de Oviedo Gabino de Lorenzo. LNE

"En la esquina derecha y con calzón verde...Justo Magdalena", resonaba en los años 50 del pasado siglo en un pequeño gimnasio de la calle San Vicente de Oviedo. El Magdalena adolescente, que realizó su primer combate a los 15 años de edad, se abría paso en la vida a golpe de directos en una época romántica para este deporte, hoy relegado. "En los gimnasios de Asturias ya no hay lo que había. Antes todos tenían muchísimo nivel", defiende Magdalena. Con 120 combates y 88 años a sus espaldas, ha sido arbitro y preparador de boxeadores, recibiendo la medalla de bronce de la Real Orden del Mérito Deportivo. Ahora, se reúne cada día con sus amigos, los que le conocen de toda la vida, en un bar del Fontán, dónde rememoran viejas glorias.

"Los recuerdos que tengo de mi juventud en Oviedo son muy gratos. Estábamos jugando todo el tiempo en la calle. Cuando venía el guardia gritábamos: agua que viene el mengue", rememora Magdalena. Sus años mozos transcurrían entre banzones y carreras por la rosaleda del Campo San Francisco, interrumpidas cuando llegaban a la altura del "chuche", el quiosco de madera ubicado en el parque, donde compraban frutos secos y caramelos.

El boxeo no fue el primer deporte al que se aficionó Magdalena. "Empecé jugando al fútbol, primero en el Covadonga y luego en el Pumarín. Era uno de los tres mejores porteros de la época en Oviedo. Estaba Chechu, el del Cristo, que era el mejor...", trata de explicar cuando es interrumpido por uno de sus compañeros.

"Si oh, el qué tenía la cabeza torcida", le puntualiza. Su carácter travieso fue la causa de un adiós prematuro al balompié. Se pegaba con todos los chavales y eso le llevó al cuadrilátero.

Sus inicios fueron acordes a los tiempos que corrían. "Comencé ayudando a Llavona, un chaval de Quirós. Entrenábamos en una chocolatería", relata Magdalena. Luego pasó al gimnasio de la calle San Vicente, frente a la cocina económica y bajo el lugar de reunión de juventudes franquistas. "En aquel local entraba el ring y gracias", le recuerdan sus amigos. "Había muy buenos boxeadores por entonces. Nos preparaba un señor de Pravia que había estado en Cuba y sabía mucho de esto", subraya. El cenit de su carrera profesional fue la victoria en el Campeonato de Asturias, precisamente contra un praviano. "Gané a 'Chemari de Pravia' en 1950 y eso me valió el cinturón regional. Era un púgil con más experiencia, pero tuve la suerte de imponerme". Sin embargo, no recuerda que fuera su mejor combate. "Yo me quedo con el que hice contra Velasco, que era campeón de España y revelación nacional tras ganar a luchadores de la selección inglesa", argumenta sobre la pelea en la que consiguió un celebrado nulo.

Tras pasar a profesionales por orden de la Federación Asturiana de Boxeo, algo que a él "no le interesaba", se dedicó a arbitrar combates durante tres años. Llegado el momento, realizó el cursillo de preparador y entrenó a los mejores boxeadores de la historia del Principado (Jiménez, Gómez Grau o Secades, entre otros). Esta labor es la que le ha granjeado una mayor fama, además del aprecio de todos los que pasaron por sus manos, que le apodan "el viejo" cariñosamente. "Yo hacía un gran esfuerzo para ayudarles. Por eso solo quería gente comprometida y que tuviera el apoyo familiar", comenta. "Nunca faltó nada en el gimnasio, a nadie se le ocurría robar, todos éramos gente honrada, como hermanos", añade su pupilo Joaquín Arbesú, que ahora pasa mucho tiempo con su querido maestro.

Arbesú cuenta con cariño como "Magdalena iba a las fiestas a controlar que no anduvieran de picos pardos". Todos lo respetaban profundamente y acataban sus decisiones, incluso cuando tiraba la toalla si no lo veía claro. "Tuve que hacerlo en un par de combates, no quería que les hicieran daño y había una superioridad excesiva. No rechistaban", apostilla el boxeador.

Pasados los años y ya ajeno al mundo del boxeo, pues apenas acude a veladas en ocasiones señaladas, Magdalena sigue haciendo ejercicio físico. Además, considera que "hay muy poco nivel en el boxeo español actual". "Cualquiera de mis pupilos de aquellas les ganarían sin problema", opina. Sin embargo, los púgiles internacionales si que suscitan su admiración, y la de Arbesú, destacando principalmente a Floyd Mayweather, aunque su favorito de la historia es Sugar Ray Robinson.

"El boxeador perfecto sería una combinación de la inteligencia de Gene Tunney, la cintura de Georges Carpentier, la pegada de Rocky Marciano y las piernas de Ray Sugar Robinson. Ahí tienes un boxeador que no nace ni podrá existir, totalmente completo", señala, a lo que sus compañeros de tertulia responden: "No pides nada tú".

Compartir el artículo

stats