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CONCHA QUIRÓS | DUEÑA DE LA LIBRERÍA CERVANTES, PRÓXIMA A CUMPLIR SU CENTENARIO

"Una sociedad que lee no es solo una sociedad culta, también es más rica"

"Mi padre eligió la calle Doctor Casal para montar la librería porque hace cien años era la zona más barata de Oviedo"

Concha Quirós, ayer, en la librería Cervantes.

Concha Quirós, ayer, en la librería Cervantes. PEDRO DELGADO

Al fondo de la librería Cervantes, Concha Quirós, Conchita (Castrillón, 1935), presta atención al club de lectura de la casa a través de su teléfono, cosas de la pandemia. A punto de cumplir un siglo, para lo que prepara una serie de actos a lo largo del próximo año, el clásico establecimiento ovetense conserva su filosofía de siempre. Cuenta la librera que es algo más que vender páginas repletas de tinta, el trabajo del librero son las recomendaciones y ofrecer un espacio para la cultura. La aplicación que acoge la videoconferencia le da algún problema, pero se maneja bien. La tiene colocada en su móvil entre la popular "Tik Tok" -que confiesa no haber trabajado mucho- e Instagram, con la que está "todo el día".

-Soy autodidacta. A base de meter la pata vas aprendiendo. Como en todo en la vida.

-¿Con la librería pasó igual?

-La montó mi padre en el año 1921. Era el más listo de tres hermanos y con solo 14 años se fue a hacer las Américas. Volvió a los veinte para morir, le habían detectado una enfermedad de corazón. Pero acabó llegando hasta los noventa y cinco. Eligió una librería como pudo haber sido una zapatería. Supongo que pesó su amor por los libros. Al final de su vida había leído tanto que nadie hubiera dicho que solo tenía estudios primarios. Creo que una sociedad que lee no solo es culta, también es rica. La lectura es riqueza.

-Supongo que habrán cambiado muchas cosas.

- En los años veinte se llamaba La Casa de los Maestros y no estaba en este local, la teníamos en otro tramo de Doctor Casal. Ahora hay una lencería. Eligió esta zona por ser la más barata de Oviedo. El núcleo comercial entonces estaba en la calle Mon, Cimadevilla... Con la Estación del Norte cambiaron las tornas. También fue un autodidacta, con golpes de suerte, pero también mucho trabajo.

-En cien años la librería habrá visto de todo.

-En una placa a la entrada de la Librería Bertrand de Lisboa dice que ha visto "dos guerras mundiales, una civil, una dictadura ...", con Cervantes pasa un poco igual. Vivió la Guerra Civil y lo que vino después. En la posguerra yo no trabajaba todavía, pero recuerdo cómo llegaban libros prohibidos. En las primeras páginas la Iglesia marcaba con un sello aquellos libros que no tenían un contenido sensible, les ponían dos palabras en latín: "nihil obstat", que significa nada se opone. Los libros más interesantes eran los que no tenían esas palabras. Llegaban a la librería a través de distribuidores de confianza desde Francia o América. En la factura siempre ponía cosas como "dos Biblias", nunca lo que llegaba. Un mundo muy diferente.

-Y una ciudad muy diferente.

-Recuerdo otro Oviedo, con el tranvía, un medio de transporte que ojalá volviese a la ciudad, y la calle La Lila, que era de tierra. Todavía no había semáforos y los policías ordenaban el tráfico. Fui de las primeras mujeres que condujo en Oviedo. Empecé a hacerlo en el año 65. Éramos tan pocas que me reconocían y me animaban diciéndome que cada día lo hacía mejor.

-Una avanzada a su tiempo.

-Por esa época, mientras ayudaba en la librería estudié primero Magisterio y después Filosofía y Letras. Éramos muy pocas mujeres pese a ser carreras consideradas más femeninas. Recuerdo la Universidad como algo triste y apagado. Tuve la suerte de que un grupo de editoriales francesas convocó una beca y me la dieron. Estuve unos meses en París, Lyon... Me abrió los ojos tanto para mi trabajo posterior como librera como para la vida.

-Después se hizo con el negocio.

-En 1970 me hice cargo de la librería. Cuando volví de Francia lo primero que hice fue eliminar los mostradores que rodeaban los libros. Traje una perspectiva nueva, la de acercar el libro al lector. Siempre ha estado en la filosofía de la librería, que el lector entre, ojee los ejemplares, esté un tiempo entre las estanterías...

-¿Cómo es este trabajo?

-Este trabajo no solo consiste en vender, es un empleo de 24 horas. Sobre todo, hay que leer. Lo aprendí desde pequeña. Mi padre se llevaba la librería a casa y lo más importante lo leía después de cenar.

- Es la librera de Oviedo.

-Por lo menos la más veterana. He estado muchos años al frente. Pasar tanto tiempo de pie me ha destrozado las rodillas. Fui de las primeras en conducir por las carreteras de la ciudad y, ahora, voy con una especie de scooter por las aceras. Cuando me acompaña alguien tengo que bajar la velocidad.

-Ha pasado por aquí todo el ambiente cultural asturiano.

-Sí. El poeta Ángel González, por ejemplo, era mucho más que un cliente. Fue uno de los más cercanos amigos de mi padre, formaron un grupo cultural. Y los poetas siguen viniendo por aquí. Hay muchos más de los que parece, y muchos formadores de poetas, como por ejemplo, José Luis García Martín.

-Se dice que el presidente Adrián Barbón también es más que un cliente.

-Viene muchísimo. Entra sin decir nada, sin darse importancia. Siempre sube arriba, a por los tomos de ensayo. Cuando comenzó el desconfinamiento nos escribió un mensaje sin nosotros preguntarle para explicarnos cuándo y cómo podíamos abrir.

-A lo que superó la librería, hay que sumar los últimos meses.

-Yo nací en el año 35. Desde que tengo recuerdo todo fue a mejor. Hasta el año 2009, cuando llegó la zarpa, fue una vida hacia arriba. La pandemia fue un golpe duro, pero vendimos muchísimo por internet y, tras el confinamiento, la gente compraba dos o tres libros cada vez que entraba. Siempre decían lo mismo, "por si acaso". Pero ahora me empieza a entrar miedo, voy a dejar de venir tanto por aquí.

-Se fomentó la lectura.

-Mucho. En los países del Norte leen mucho más que aquí. Dicen que por el mal tiempo, porque pasan más tiempo en casa. Durante los meses de la pandemia nos dimos cuenta. ¿Qué se podía hacer? Escuchabas música, veías un rato la televisión -que es insoportable- y leías.

-¿Cómo ha visto los Premios este año?

-Por televisión y con mucha tristeza. Normalmente dedicábamos todo el escaparate y este año solo pusimos un trocín. Normalmente traíamos editores, autores, premiados... Este año, dadas las circunstancias, no vino nadie.

-El año que viene celebrarán el centenario.

-Nosotros decimos el primer siglo de vida. No queremos que se quede en un centenario, queremos que se sepa que vamos a por el segundo. Ya nos hemos reunido con el Principado y, ahora, lo haremos con el Alcalde. Vamos a presentarle los actos que tenemos preparados. Claro que vamos a celebrarlo.

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