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Una tarde de cuento en San Lázaro

La compañía “Tras la Puerta Títeres” conquista a niños y mayores con su cuentacuentos: “La lectura debe ser una forma de diversión”

Ana Laura Barros, durante la sesión de cuentacuentos en la plaza de San Lázaro. | Luisma Murias

Ana Laura Barros, durante la sesión de cuentacuentos en la plaza de San Lázaro. | Luisma Murias

Desde que era un bebé acude a la biblioteca cada semana. Inés Valle aún no sabe leer, pero ya se ha sumergido en el mundo de las historias. “Queremos que vea la lectura como una forma de diversión”, decía Isaac Valle, su padre. El libro de cada noche fue sustituido ayer por una tarde de cuentacuentos, de la mano de la compañía “Tras la Puerta Títeres”.

El calor y el sol no consiguieron ahuyentar a los quince niños que decidieron darle plantón a la playa para acabar zambulléndose en el mundo de fantasía que envuelve a los cuentos. Para los asistentes, la sesión de narración oral con objetos en las inmediaciones de la plaza de San Lázaro ganaba por goleada a cualquier otro plan.

La actividad giró en torno a una casa con seis puertas, cada una de ellas escondía a un vecino de Pueblito, la pequeña ciudad en la que se desarrollaban los hechos. “Cada habitación tiene su historia y, aunque los relatos parecen independientes, todo acaba encontrando un punto común”, confesaba Ana Laura Barros, monitora de la actividad. Las peripecias de tía Sidonia, unos granos de maíz que pasaron por las manos de varios animales, unos barcos que sirvieron de medio de transporte para hormigas o la señora Amelia y la búsqueda de una bicicleta para su gallina fueron algunas de las descabelladas hazañas que trataron de entretener durante poco menos de dos horas a niños de entre 4 y 10 años.

Ana Laura Barros no se sirvió únicamente de su voz para transmitir las proezas de los habitantes de este peculiar pueblo. La puesta en escena de la actividad cuidaba hasta el más mínimo detalle. “¿Qué saldrá de la próxima puerta?”, se preguntaban ansiosos algunos niños. Unos barcos de papel en movimiento, una planta, una pequeña gallina de juguete o una jarra de agua son algunos de los objetos que lograron complementar la narración, acercando la ficción a la realidad. El jugueteo con los distintos artilugios, moviéndolos de arriba abajo o arrojándolos al suelo, le dio vida al relato.

La monitora de la sesión tenía sus esperanzas puestas en que los niños mantuviesen la atención y se portasen bien. Cumplieron con creces las expectativas. Unos estaban más que acostumbrados a leer: “Yo tengo una estantería entera de cuentos”, contaba Santos Álvarez. Aunque otros, como su hermana Alba, a la que su carácter parlanchín la delataba, preferían ser los narradores, pues buscaban la interacción en cada pregunta que formulaba Barros. Los padres estaban encantados, les movían dos grandes intereses. Por un lado, estaba el sector que veía en estas actividades un alivio para las tardes de verano de los más pequeños: “Este tipo de propuestas son ideales para que los peques hagan cosas diferentes”, decía Inés Viejo. Por otro lado, otro grupo buscaba el beneficio cultural: “Queremos que empiecen a introducirse en el mundo de la cultura”, confesaba Isaac Valle. La barrera a batir eran los estereotipos, estos padres quieren que sus hijos no relacionen los libros con el aburrimiento, sino todo lo contrario. “Encontrar placer en las historias”, era el lema de progenitores como Isaac.

Un proyecto que gusta a mayores y niños, incluso, a los que aún no llegan al año de vida y no saben hablar. A pesar de que la actividad estaba dirigida, por la complejidad del relato, a niños mayores de 3 años, algunos padres se acercaron con sus bebés para que estos viesen de forma más interactiva lo que es un cuento.

La Red de Bibliotecas Municipales de Oviedo, en colaboración con el Ayuntamiento, ha organizado estos cuentacuentos que se van moviendo por distintos lugares de la capital asturiana. Las historias cambian y los rangos de edad a los que van dirigidas se amplían o se reducen según la sesión. Por lo que no solo tienen cabida en ellas aquellos que nunca hayan asistido a una propuesta de este tipo, también hay hueco para “repetidores”.

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