Opinión | Crítica / Música

La "number ONE"

Gran velada en los Conciertos del Auditorio con la Orquesta Nacional, Ellinor D’Melon y Jaime Martín

La Orquesta Nacional de España (ONE) es uno de los referentes sinfónicos del panorama internacional. Más de quince años después, el pasado domingo, regresó a Oviedo para descubrir un nuevo horizonte musical gracias a su nivel y al poderío de los casi 120 músicos que mostraron su talento ante un Auditorio con una gran entrada.

El preludio del acto III de "Follet" (de Enrique Granados) abrió la velada presentando una cuerda amplia y extraordinaria que Jaime Martín, principal director invitado de la ONE, manejaría con mucha experiencia plasmando la rica sonoridad de la pieza.

La "Sinfonía española" de Lalo es, de facto, un concierto para violín en cinco movimientos. La reciente grabación de esta obra, por parte de Martín y D’Melon, se tradujo en una seguridad y confianza plenas donde la solista jamaicana unió a su impecable técnica un lirismo arrebatador que subyugó a los melómanos ovetenses. D’Melon manejó en todo momento el volumen, estirando cada melodía con un legato dulce y repleto de calidez, algo que sería más evidente en el scherzando, matizando incluso con ligeros rubatos y ornamentos la línea melódica. Por su parte, Martín mantuvo a la ONE bien ensamblada, conteniendo su poderío pero sin renunciar a cierto volumen en los tutti, realizando una concertación sobresaliente y meciendo a la sinfónica a ritmo de habanera, jota y seguidillas.

Los virtuosos pasajes escritos por Lalo no inquietaron a la violinista jamaicana que, siempre exhibiendo una delicadeza notable en cualquier registro (como quedó probado en el final del andante), encontró la correspondencia necesaria desde el pódium para verse arropada por una orquesta colorista y compacta. El adagio de la "Sonata número 1 para violín solo" (de J. S. Bach) que D’Melon ejecutó como propina, permitió saborear la carnosidad tímbrica de su Giovanni Baptista Guadagnini y evidenciar una emisión cuidada y una articulación llena de musicalidad.

La "Sinfonía Fantástica" (H. Berlioz) es una cumbre de la música sinfónica que adquirió tintes épicos en manos de Martín y la ONE. Apoyada en una cuerda sedosa y robusta, la formación recreó con acierto la elegancia del vals vienés del segundo movimiento, gracias a la hermosa sonoridad que el director cántabro extrajo de cada sección. Las maderas, exquisitas durante toda la velada, plasmaron el ambiente bucólico del tercer número, interrumpido por la repentina tormenta que Martín evocó por medio de un crescendo efectista.

Pero sería en los dos últimos movimientos donde la ONE y Martín darían un paso al frente. La profundidad de los metales y la cuerda grave, unidos a una percusión precisa, aportaron el dramatismo que exige la "Marcha al cadalso", donde el director, dominador y protagonista, exprimió a la formación española con mucha inteligencia, apostando por un sonido más presente (sin quebrar el equilibrio de la orquesta), con unos balances y cambios de tempo e intensidad ajustados que rematarían en el aquelarre final, una impactante y efectista orgía sonora repleta de belleza e intensidad.