Opinión | La columna del lector

Alejandro Calleja Álvarez

Ya no suena el saxo de Elías en Foncalada

En la soleada mañana del 5 de febrero, desde Benidorm llegaba la triste noticia del fallecimiento de Elías Alonso.

Conocí a Elías hace más de treinta años, en la casina que tenía junto a la fuente de Foncalada. Yo iba buscando un profesor de saxofón que me enseñase el jazz y allí estaba Elías, con su sombrero calado, tocando el saxo alto detrás de un escritorio metálico de los años sesenta. Fue escucharle tocar y saber que aquel era mi sitio.

Fui alumno suyo, junto con David y Sahelices, durante muchos años y luego pasamos a ser un grupo de amigos que se juntaban dos veces por semana para tocar. Por allí pasaban también Pipi (percusión), Venturini (trompeta), Pitro Michaloski (trombón de varas) y muchos más que formábamos un conjunto informal de risa y jazz. Fueron tiempos inolvidables en los que Elías era nuestro anfitrión y maestro.

La carrera musical de Elías comenzó en 1963 con el nacimiento del grupo "Los Pokers". Tras comprar los instrumentos en Vila y aprender a tocarlos a base de clases (pocas) y guateques, realizan su primera actuación en Pola de Lena. Con esta primera experiencia, Elías entra de lleno en el panorama musical asturiano y, en 1969, comienza a tocar junto con Niti Colsa, Pepe Nicolás y Fernando Morollón, que acababan de salir de la mítica formación "Los Juniors". Con ellos realiza una gira por Europa y Oriente Próximo que termina a comienzos de la década de los setenta.

De vuelta en Asturias, estudia la carrera de fagot en el Conservatorio Profesional de Música "Anselmo González del Valle", con su querido profesor Antonio Parrillas. Ahí comienza su idilio con el saxofón, que tocó sin descanso en la Banda de Música "Ciudad de Oviedo", en la orquesta "Foncalada" y en otras muchas formaciones, pero, y sobre todo, con sus alumnos de la Academia Foncalada, a los que tengo el orgullo de pertenecer.

Elías Alonso deja una huella musical y personal imborrable. Sirva esta breve semblanza (escrita de oído) como sentido homenaje a mi padre musical. Descansa en paz, Elías.