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La voz de los peñistas

La Peña Azul Juan Manuel, de Cabañaquinta, 40 años de fomento de oviedismo

“Hemos pasado momentos difíciles pero esto no se puede dejar morir”, señala Diego Álvarez, su presidente

Diego Álvarez, Jesús Solís y Juan Manuel, en la fiesta del 40.º aniversario de la peña. | PAJM

Para llegar al Carlos Tartiere, para seguir a su equipo en casa, deben sacrificar un par de horas de su tiempo en carretera. Más la hora y media de partido, claro. La Peña Azul Juan Manuel, en honor del exjugador del Oviedo, radica en Cabañaquinta, Aller, de donde es el exfutbolista. Y es desde allí donde pone a disposición de sus peñistas, y de otros aficionados de las Cuencas, un vehículo para ir al estadio ovetense. El autobús sale hora y cuarto antes del choque y hace paradas en Moreda, Ujo, Figaredo y Mieres, antes de enfilar la autopista hacia Oviedo. Van más de 20 aficionados a los que se les ofrece un servicio en el que la peña Juan Manuel pone dinero y esfuerzo. La asociación acaba de cumplir 40 años de vida de las más históricas del oviedismo y lo hace con una salud de hierro: cuenta con 41 socios actualmente.

Una imagen del acto de inauguración, en mayo de 1982. | PAJM

“Todo nació tomando unas sidras”, recuerda Jesús Solís, uno de los fundadores, con buena memoria: “Estábamos unos amigos en un bar, todos seguidores del Oviedo, era la nochevieja del 81, y alguien dijo, ‘¿por qué no montamos una peña?”. Dicho y hecho. Lo siguiente a la idea sidrera fue reclutar gente de Cabañaquinta y alrededores, se apuntaron unos 15, y constituir el acta fundacional, fechada en aquel 31 de diciembre de 1981, coincidiendo con la explosión de la idea.

“Todo nació tomando unas sidras. Estábamos unos amigos en un bar, todos seguidores del Oviedo, era la nochevieja del 81, y alguien dijo, ‘¿por qué no montamos una peña?"

Jesús Solís - Fundador de la peña

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Jesús Solís, 69 años, es clave para entender cómo la peña ha subsistido durante cuatro décadas, hasta convertirse en una de las más longevas en el oviedismo. Fue uno de los creadores y se convirtió en secretario entre 1982 y 1999, aunque era algo más. “Digamos que era la mano derecha de Alfredo Fernández, el presidente. El era el poder legislativo y yo, el ejecutivo”, dice entre risas. Después, le tocó actuar de máximo responsable tras el fallecimiento de Fernández.

A lo largo de su historia, la asociación se ha centrado en el fomento del oviedismo, pero no solo eso. También ha organizado actos deportivos y culturales: cursos de iniciación al ajedrez para niños, charlas divulgativas o exposición al óleo.

“Me acuerdo del primer viaje de la peña, fue a Madrid, para ver el Castilla contra el Oviedo (fue el 5 de marzo de 1983). Nos quedamos en el hotel Velázquez”, comenta tirando de memoria. Y ese aspecto, el de los viajes, es el que la peña sigue cuidando en la actualidad. “Ahora que se puede otra vez, tratamos de recuperar el ritmo habitual de desplazamientos, uno o dos durante el año. Y si se puede que sea hacer alguna noche, para conocer el lugar. A Burgos fuimos el sábado”, señala Diego Álvarez, actual presidente de la peña. Tiene 44 años, solo cuatro más que la asociación que dirige.

“Llevar una peña lleva su tiempo, sobre todo las semanas que hay que organizar desplazamiento”, explica Álvarez. “Hemos pasado momentos difíciles, algunos en los que me planteé dejarlo, pero esto no se puede dejar morir”, defiende el presidente.

El festejo por los 40 años tuvo lugar hace un par de semanas, en la cafetería Daybe, la que fue la primera peña. Allí acudieron los actuales peñistas, juntos a algunos históricos como Jesús. También estuvo el Oviedo. Y el invitado más especial. “Vino Juan Manuel, lo que nos hizo mucha ilusión”, resalta Diego Álvarez.

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