José María, mito del Oviedo y Espanyol: "Que la gente te recuerde medio siglo después es lo bonito del fútbol"

"El Oviedo de 1963 era un equipazo: nos entendíamos y Sánchez Lage marcaba diferencias; lástima que el club tuvo que vender"

Jose Maria, con las camisetas de Oviedo y Espanyol de su época.

Jose Maria, con las camisetas de Oviedo y Espanyol de su época. / Luisma Murias

Nacho Azparren

Nacho Azparren

Como sencilla carta de presentación se puede decir que fue integrante, con solo 20 años, del ataque que dejó al Oviedo tercero en Primera (1962/63) y que, después, se convertiría en mito en el Espanyol, siendo en la actualidad el tercer futbolista con más partidos con la camiseta blanquiazul, 344. Ambos detalles le sitúan como uno de los jugadores más importantes de la historia de Real Oviedo y Espanyol, los dos conjuntos que el viernes cruzan sus caminos en el Tartiere. "Mis dos únicos equipos", subraya él con orgullo en su cita con LA NUEVA ESPAÑA.

–Solo ha vestido las camisetas de Oviedo y Espanyol, además de la selección.

–Así es. Pasé de jugar en la calle al juvenil del Oviedo porque de aquellas no había categorías inferiores. Fue un poco parte de la casualidad.

–Cuente.

–Yo era muy del Oviedo. De aquellas, el equipo iba entre semana a jugar contra un equipo asturiano. Un día tocó en Pola de Siero, y yo estaba en la grada para verlo. Tenía 14 años. Hubo un problema con los jugadores del Siero de Gijón, que no habían ido, y les faltaba uno. Me dijeron que si podía jugar. Yo no me atrevía, "¡cómo voy a jugar yo contra Falín!". Me suplicaron, jugué y no debí de hacerlo mal porque a la semana siguiente me llamaron para fichar por el juvenil del Oviedo.

–Y cambia su carrera.

–Empiezo por el juvenil, pero me entrenaba con el primer equipo habitualmente. Yo era muy tímido, muy callado, no decía nada. Me quedaba embobado viendo cómo hablaba Sánchez Lage, con ese acento argentino y esa forma de expresarse.

–¿Cómo debuta?

–Cuando cumplo 18 ya entró en el primer equipo. Aunque antes tengo un parón por enfermedad, una nefritis, una inflamación del riñón, que me tuvo 6 meses parado, con reposo absoluto, comiendo sin sal. Volví, me adapté y al poco ya estaba debutando con el Oviedo.

–¿Qué recuerda de sus primeros partidos?

–En la 60/61 juego un partido, en el viejo Metropolitano contra el Atlético. Estuve regular, nervioso. Al año siguiente Argila era el entrenador, tenía mucha fe en mí, pero creo que tenía miedo a que fracasara y no me ponía. Pero lo echan y llega Rubio, que me hace jugar en Bilbao. Ganamos 0-1. Se dijo que el presidente, Chuché, exigió que jugara yo… No sé qué habrá de verdad. Al siguiente partido, contra el Madrid de Di Stefano, Puskas y Gento. Ganamos 1-0. Dos partidos con 19 años y le ganamos al Athletic y al Madrid, no veas tú.

–Hablemos de la 62/63: el Oviedo es tercero. ¿Qué tenía ese equipo?

–Grandísimos jugadores para empezar. Iguarán y Paquito en el medio eran de un nivel tremendo. Y Sánchez Lage, que bajaba de la delantera, marcaba diferencias. Dos laterales buenísimos, con Toni y Marigil. Y adelante gente muy joven. Girón, Sánchez Lage, Joao Jorge, José Luis y yo. Era un equipazo, nos entendíamos perfectamente. Lástima que el club tuvo que vender.

–Pero, ¿salieron con el objetivo de estar arriba?

–No, que va. Partíamos de salvar la categoría, de la zona media como mucho. Pero hubiéramos jugado en Europa. Pero entonces lo que existía era la Copa de Ferias y Oviedo no tenía.

–Hábleme de Sánchez Lage.

–Un jugador que marcaba las diferencias, buenísimo, muy completo. De los mejores futbolistas con los que he jugado nunca. Y jugué con gente buena, ¿eh? Di Stefano o Gento. Sánchez Lage estaba a ese nivel. Y, además, era el que animaba el vestuario, el que levantaba el ánimo contando chistes.

–¿Por qué no tuvo continuidad ese Oviedo?

–Porque era un club vendedor y llegaban equipos que te ofrecían el triple de lo que ganabas aquí. Era complicado mantener el equipo. Tenían que vender, y así fue.

–¿Cómo sale al Espanyol?

–Me llama el club y me dice que tiene que vender porque habíamos bajado. Había salido en la prensa que me quería el Barcelona, pero a mí directamente nadie me dijo nada. El Oviedo me dice que tiene un acuerdo con el Espanyol y que ahora tengo que arreglarme yo.

–¿Fue fácil?

–No, que va. Vino Emil Ostreicher, un húngaro que había estado en el Honved y era secretario técnico del Espanyol. Nos reunimos en Gijón, en el Hotel Asturias, porque estaba concentrado con la selección militar. En la primera reunión pedí una cantidad elevada, quizás disparé un poco alto, y él me decía "no ser posible, no ser posible", y salimos sin acuerdo. Cuando lo conté en casa mi padre me dijo: "¡Pero quién te crees que eres!". Ostreicher volvió a los dos días, con una oferta mejor.

–Ahí se arreglaron.

–No, no. Dije que quería lo mismo que el primer día. Y nos fuimos sin acuerdo. Pero tres días después volvió y me dijo: "Te acepto lo que me pides, pero que no lo sepa nadie" (risas).

–El Espanyol.

–Era otro mundo. Un club diferente, más avanzado, con un ambiente importante en torno al equipo. la gente iba hasta a los entrenamientos. Era un equipo ambicioso. Sarriá tenía una grada vertical que impresionaba, ¡qué tribuna!

–¿Le reconocían por la calle?

–Es que yo no alternaba (risas). Era una vida muy dirigida al fútbol. El club tenía residencia de solteros, pero yo quería ir a mi aire. Sentó un poco mal…

–¿Cuándo va su mujer para allí?

–Cuando nos casamos. Ficho por el Espanyol en el 65, yo creo que ya éramos novios, pero ella dice que no (risas). Luego seguimos hablando por carta y ya en el 69 nos casamos y viene conmigo a Barcelona.

–¿Aprendió catalán?

–Lo entiendo al escucharlo, pero es más difícil hablarlo. Era diferente, no estaba todo tan politizado. Si alguien te hablaba en catalán y contestabas en castellano en seguida se esforzaban por ayudarte.

–La selección.

–Debuto en Valencia en el 66, después del Mundial, marqué gol y ganamos. En mi época era muy complicado. ¿Sabe con quién competía en mi puesto? Con Gento, Collar, Lapetra y empezaba Rojo… Casi nada.

–¿Se siente más valorado en el Espanyol que en el Oviedo?

–Me siento muy querido en los dos lados, hay mucha gente que para a hablarme, que me recuerda. Es verdad que en el Espanyol hace unos meses me hicieron un homenaje y la gente se volcó. Iba por la calle Gracia y uno bajó la ventanilla y me gritó: "¡José María, viva el Espanyol!". Que la gente te recuerde medio siglo depsués es lo más bonito del fútbol.

–La temporada, ¿cómo lo ve?

–La Segunda es muy complicada, muy larga. Ojalá los dos consigan el objetivo y suban. El Espanyol vendió mucha gente, es una gestión difícil allí. Ahí andan. Fue una pena que echaran a Luis García, que es de aquí. Y el Oviedo me transmite más dudas, parece que siempre le falta algo. Apunta, pero no acaba de disparar. Tienen actitud, pelean… No se les puede pedir más. Pero falta algo… Gol y verticalidad.

–Falta un José María.

–No, no. Pero sí echo de menos a Borja Sánchez. Que te ofrecía algo distinto a los demás.