El arte de agarrarse a la vida

Hablar, el primer y más barato fármaco contra las ideas suicidas

Los expertos elaboran programas y guías para atajar las autolesiones, en particular entre jóvenes: "Pide ayuda, no estás solo"

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Pablo Álvarez

Pablo Álvarez

Hay cifras que provocan pavor: cada año, más de 800.000 personas se quitan la vida en todo el mundo. En España, cerca de 4.000. O sea, once suicidios diarios: la primera causa de muerte no natural en España, con el triple de víctimas que los accidentes de tráfico. En Asturias, el último dato disponible, de 2020, habla de 122 fallecidos: 89 hombres y 33 mujeres.

"El suicidio continúa siendo uno de los problemas de salud no resueltos más importante", destaca Luis Jiménez Treviño, psiquiatra del área sanitaria de Oviedo y profesor asociado de la Universidad de Oviedo. Asturias registra una de las mayores tasa de suicidio de España. Aún así, precisa el doctor Jiménez, "las tasas en nuestro país pueden considerarse bajas si las comparamos con Francia, Alemania o los países nórdicos". Dicho de otra manera: las cosas pueden ir a peor si no se adoptan medidas eficaces.

En los meses posteriores al confinamiento derivado de la pandemia de covid-19 "no se ha visto la pandemia suicida que auguraban algunos expertos inicialmente". Sin embargo, sí resultan tremendamente preocupantes los datos referidos a conductas suicidas en adolescentes y jóvenes. Según un estudio elaborado por un grupo de psiquiatras asturianos, tomando como base la actividad de la Unidad de Hospitalización de Psiquiatría de Adolescentes del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), la proporción de adolescentes ingresados por conductas suicidas prácticamente se ha duplicado: pasó de representar el 34 por ciento del total de hospitalizaciones antes de la crisis del coronavirus a suponer el 63 por ciento en los meses posteriores. Y, en el epígrafe de conductas autolesivas, el incremento es demoledor: de ser la causa del 7 por ciento de las hospitalizaciones ha pasado a representar el 52 por ciento.

"La represión de los sentimientos solo incrementa tus problemas", destacan los especialistas

En los últimos tiempos han surgido diversos programas encaminados a atajar la oleada de conductas suicidas. "Agárrate a la vida", viene a ser su lema común. En Asturias, 50 adolescentes que han intentado quitársela están participando en la investigación de un protocolo encaminado a que no reincidan en su intento de suicidio. En el proyecto "Survive", de ámbito nacional y liderado por el HUCA, participan globalmente 300 jóvenes de 13 a 18 años. "Es una intervención muy intensa al principio. Se inicia diez días después de la tentativa, y se da una sesión por semana durante cinco semanas", explica Teresa Bobes Bascarán, responsable –junto a la doctora Elisa Seijo– del diseño clínico del proyecto, psicóloga del Servicio de Salud del Principado (Sespa) y profesora asociada de la Universidad de Oviedo.

Elisa Seijo y Teresa Bascarán han elaborado un manual dirigido a pacientes en el que ofrecen orientaciones y herramientas para personas con ideaciones y actos suicidas. El primer paso consiste en invitar a los lectores a reflexionar con realismo sobre la vida propia y las ajenas: "Cualquiera puede sufrir una crisis vital, estrés, depresión o tener pensamientos suicidas. Nadie en el mundo está libre de problemas. Los problemas y los retos enriquecen nuestras vidas".

En su documento, las expertas asturianas recomiendan, como primera medida, hablar. Ese es el primer y más barato fármaco para agarrarse a la vida: "Habla con otras personas sobre tus sentimientos y preocupaciones. La represión de los sentimientos sólo incrementa tus problemas. Un amigo, tus padres, el orientador del centro o un profesor son algunas de las personas con las que puedes contar". Y, como colofón, un mensaje escrito con mayúsculas: "No estás solo. Sólo hay que pedir ayuda".

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