Mercedes Alperi López | Jefa del servicio de Reumatología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA)

"La reumatología de hoy no tiene nada que ver con la de hace dos décadas, y no solo por los medicamentos biológicos"

La doctora Mercedes  Alperi López, en su  despacho  del HUCA.  Fernando  Rodríguez

La doctora Mercedes Alperi López, en su despacho del HUCA. Fernando Rodríguez / FERNANDO RODRIGUEZ

Pablo Álvarez

Pablo Álvarez

Mercedes Alperi López (Noreña, 1966) dirige el servicio de Reumatología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), integrado por ocho médicos de plantilla y cuatro residentes en periodo de formación. Licenciada en Medicina por la Universidad de Oviedo, se especializó en el propio HUCA, donde ha desarrollado toda su carrera. Presidió la Sociedad Asturiana de Reumatología (2015-2019) y ha formado parte de la junta directiva de la Sociedad Española de Reumatología. Participa en diversos proyectos de investigación clínica y básica en el ámbito de la artritis reumatoide, enfermedad en la que está especializada. Forma parte del grupo de investigación en enfermedades inflamatorias de la Universidad de Oviedo y de la estructura del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA). Acaba de asistir al Congreso Americano de Reumatología, celebrado en Filadelfia.

Una buena noticia, muy reciente: su servicio ha subido al decimotercer puesto en el ranking nacional de la especialidad, según el último estudio «Monitor de Reputación Sanitaria (MRS)».

Sí, y es muy importante. Tenemos un servicio pequeño, pero matón (risas). Somos un equipo joven, bien formado, cohesionado... Venimos al trabajo con ilusión. Nos gusta innovar. Y un reconocimiento así significa un estímulo considerable. También nos ha motivado mucho la certificación avanzada de calidad en el manejo de la espondiloartritis axial, que concede la Sociedad Española de Calidad Asistencial. Somos el primer centro sanitario asturiano y el octavo de España que logra esta distinción. Y, luego, la certificación de excelencia en el tratamiento de la artritis reumatoide.

¿Por qué eligió ser médica?

Que yo recuerde, desde muy pequeña he querido ser médica. Cuando llegó el momento de decidir, lo tuve claro porque no me veía ejerciendo ninguna otra profesión. Y he acertado. La medicina es apasionante.

¿Y_por qué se decidió por la especialidad de reumatología?

Porque es una especialidad muy amplia que abarca aspectos clínicos, genéticos e inmunológicos. Aúna la consulta y el trato con el paciente con otra vertiente decisiva: la investigación. Supone un reto establecer un diagnóstico y decidir el tratamiento más apropiado para un paciente concreto. Y una alegría y una satisfacción cuando ves que puedes mejorar la calidad de vida de tus pacientes. La elegí a pesar de que trataron de disuadirme, por esa falta de proyección que comentaba, pero volvería a elegirla una y cien veces.

¿Cuántas veces ha tenido que decir: «No, no soy traumatóloga, soy reumatóloga»?

Muchas. Hay mucha falta de información acerca de nuestra especialidad entre la sociedad. Pero esto está cambiando, y la reumatología es ahora una especialidad claramente diferenciada.

Los mayores avances se han dado en las enfermedades autoinmunes

¿Cómo se delimitan las competencias entre reumatólogos y traumatólogos?

Muchas personas piensan que el especialista del aparato locomotor es el traumatólogo. Este error se debe a que nuestro sistema sanitario, durante mucho tiempo, estableció la traumatología como primer escalón de acceso del paciente reumático al especialista. El reumatólogo es el especialista médico que diagnostica y trata las enfermedades del aparato locomotor. Por su parte, el traumatólogo es el especialista que se centra en el tratamiento quirúrgico u ortopédico de la patología musculoesquelética. Dicho de forma sencilla, el reumatólogo es el médico y el traumatólogo es el cirujano.

¿Reconoce en su carrera el magisterio o el ejemplo de alguna persona en especial?

He sentido respeto y admiración por muchos profesionales a lo largo de estos años, pero especialmente por dos personas. Una de ellas, el que fue mi jefe, el doctor Javier Ballina García, que ha sido mi mentor, mi formador y un médico muy reumatólogo, siempre pionero y en la brecha de la innovación. Me enseñó no sólo reumatología, sino muchos otros aspectos de la medicina. Él puso en marcha, en 2002, la consulta de artritis del HUCA, la tercera en crearse en España, y me situó al frente de ella. La otra persona es la que fue mi enfermera, Cruz Arbesú Prieto, la persona más empática y desinteresada que he conocido nunca. Los pacientes la adoraban y yo también. Juntas nos sentíamos un equipo invencible en la lucha contra la artritis reumatoide. Guardo muy buenos recuerdos de aquella época; a veces, incluso añoranza. Con toda seguridad, Javier y Cruz han contribuido a forjar el tipo de persona y de médica que soy hoy.

La reumatología ha sido, durante muchos años, una hermana pobre en la asistencia médica especializada.

Nuestra especialidad ha cambiado mucho en las dos últimas décadas. Cuando yo elegí la especialidad, hace treinta años, tenía poca proyección. Hubo un hito importante para los reumatólogos hace unas décadas: el inicio de los tratamientos con metotrexato. Y el siguiente hito lo marcaron los medicamentos biológicos. Esa ola, que es la que me tocó a mí, es en la que estamos. Pero los médicos aportamos mucho más que fármacos.

¿Qué aportan en este caso?

Quiero decir que es verdad que se han desarrollado nuevos fármacos, pero pienso que aún ha sido más determinante la mucha investigación sobre las causas de las enfermedades reumatológicas. Incluso hemos mejorado en el uso de los medicamentos que ya teníamos con anterioridad. También hemos progresado en el diagnóstico gracias a las pruebas de imagen. Por ejemplo, en nuestro servicio hacemos cada año más de mil ecografías músculo-esqueléticas. También realizamos cerca de un millar de infiltraciones. Hacemos consultas de alta resolución. En definitiva, la reumatología de hoy es una especialidad distinta a la de hace dos o tres décadas. No tienen nada que ver. Y ya digo que no solo por los tratamientos biológicos.

¿En qué enfermedades reumatológicas hay más avances terapéuticos?

Sin duda, en todas las enfermedades inmunomediadas. Suelen conocerse como enfermedades autoinmunes, en las que el sistema defensivo del organismo se vuelve contra él. Como consecuencia de su potencial gravedad y afectación a otros órganos, se han llevado a cabo múltiples líneas de investigación que han conducido a la identificación de nuevas dianas terapéuticas a las que apuntar con los tratamientos que prescribimos.

¿En cuáles se esperan más avances a corto y medio plazo?

Más bien a largo plazo, con las «ómicas»:_la genómica, proteómica, transcriptómica... En un futuro, esperamos poder hacer una medicina personalizada.

¿Depende el prestigio de una especialidad médica del gasto en medicamentos que genera?

En absoluto. El prestigio depende de muchos otros factores. Algunos, en mi opinión, fundamentales, como la calidad de la asistencia médica, las técnicas y procedimientos que se realizan, la docencia, la investigación y la innovación. Otra cuestión importante es la divulgación. Nosotros trabajamos mucho en la educación de los enfermos, en explicarles lo que les pasa y por qué tomamos las decisiones que tomamos. Y notamos el reconocimiento de los pacientes.

Que nuestro servicio haya subido al puesto 13.º del ranking nacional es muy estimulante

Durante décadas, en las generaciones anteriores mucha gente mayor se quejaba de «reúma». ¿Qué era lo que realmente tenían?

La palabra reúma es un término popular utilizado para referirse a los dolores musculoesqueléticos. Es un concepto erróneo y sin ningún significado médico, porque existen más de doscientas enfermedades reumáticas. Ahí se engloban enfermedades inflamatorias y autoinmunes, procesos de origen muscular y tendinoso, además de patologías frecuentes y generalmente asociadas al envejecimiento, como la artrosis y la osteoporosis.

¿Cómo ve la situación de las listas de espera?

Es un problema que está afectando a todo el sistema sanitario, pero debemos recordar que acabamos de atravesar una pandemia que tuvo en jaque al sistema sanitario durante dos años, que requirió de gran consumo de recursos materiales y humanos, y que, lógicamente, ralentizó de forma muy importante la actividad ordinaria. Por otra parte, estamos inmersos en un proceso de envejecimiento poblacional progresivo. El 26 por ciento de la población asturiana tiene 65 años o más, lo que contribuye de forma importante a la demanda asistencial. Debe haber conciencia social de que los recursos sanitarios son limitados.

¿Cómo van las demoras en su servicio?

Tenemos una espera media de 22 días para consultas. Nos parece muy asumible.

¿Considera que existen otras posibilidades de organizar la gestión de las demoras?

Siempre existen otras posibilidades. De hecho, desde la Administración asturiana se ha puesto en marcha un plan de choque para reducirlas, pero no soy yo quien debe valorarlas. Respecto a la patología musculoesquelética, considero que muchos procesos no precisan de derivación al especialista y que pueden ser solucionados en el ámbito de la Atención Primaria.

¿Ha experimentado en su carrera algún tipo de dificultad por el hecho de ser mujer?

En mi caso, no. En mi trabajo siempre han creído en mí y me han estimulado a seguir hacia delante. Tengo que decir que he tenido mucho apoyo familiar, de mis padres, de mi marido y, últimamente, también de mi hija. Sin embargo, es cierto que hay un menor porcentaje de mujeres en puestos de responsabilidad, pero no es menos cierto que esta situación está cambiando con las nuevas generaciones. Soy partidaria de las iniciativas que promueven la igualdad y fomentan la diversidad.

¿Recuerda el caso de algún paciente que le haya dejado una huella especialmente honda?

Muchos y cada día. Tanto casos de pacientes con una mala evolución de su enfermedad, que nos frustra como médicos, y que nos llevamos a casa en la cabeza, como aquellos que evolucionan favorablemente y que nos proporcionan mucha satisfacción personal. Hay pacientes que nos cuesta sacar adelante, y ahí se establece una relación médico-paciente muy especial, una lucha de ambos contra la enfermedad. Y eso no se olvida.

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