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Una caravana itinerante "pasa consulta" en las escuelas rurales para detectar problemas de desarrollo

Se trata de un proyecto de acción social que viaja por diez centros de pequeños pueblos para ayudar a a los docentes en la estimulación sensorial de los niños

Arriba, la caravana, con varios niños participando en las actividades. Debajo, a la izquierda, uno de los trabajos que se hacen con los niños. A la derecha, Laura García y Eva Rodríguez.

La “caravana de los sentidos” está llena de colores. Viaja por diez colegios rurales de Asturias para que los que allí estudian aprendan jugando a cargo de Laura García y Eva Rodríguez. Van más allá que lo que supone una clase normal. En cuatro sesiones, los niños mejoran su “propiocepción” (posición de los músculos) y el aparato vestibular (relacionado con el movimiento). Pero lo más importante es que, a partir de este trabajo, pueden detectarse problemas de desarrollo al alumnado si estos existiesen. De otra forma no sería posible.

El proyecto comenzó a forjarse en septiembre pasado y se puso en práctica, empezando a rodar por los pueblos, en marzo. Está cofinanciado por la Facultad Padre Ossó, de donde vienen las expertas a cargo, y a través de la convocatoria de Acción Social en el Ámbito Rural 2020 de la Fundación ”La Caixa”. Los niños del centro de Aramil –parte del Centro Rural Agrupado de Viella– son un total de 13 alumnos.

Una caravana rural con mucho “sentido”

El planteamiento organizativo de la caravana consiste en una sesión que denominan “preventiva”, en la que trabajan con todo el grupo de alumnos diferentes habilidades. De esta forma, comprueban si tienen algún problema de desarrollo específico: “Esto se puede hacer por el volumen de niños que son. En una clase de veinte, es mucho más difícil la atención especializada”, explica Eva Rodríguez, trabajadora social y responsable del proyecto. Está acompañada de Laura García, que estudió terapia ocupacional y lleva la parte más orientada al desarrollo en sí de la sesión.

Pero, para aquellos niños con alguna necesidad especial, preparan también terapias específicas. Por ejemplo, trabajan el desarrollo del habla gracias a un juguete como un caballo: identifican sus partes y juegan con el niño.

Una caravana rural con mucho “sentido”

Medios suficientes

“Antes de empezar pasamos una encuesta a los profesores para que indicasen el porcentaje de alumnos con necesidades especiales. Era un 13 por ciento. Hemos detectado que realmente son casi el doble”, señala Laura, en unos segundos de descanso. Continúa: “Esto es muy difícil, porque los profesores no siempre tienen los medios suficientes para tratar a estos alumnos”. El niño sigue haciendo carantoñas y Laura tampoco se detiene demasiado en sus explicaciones. Vuelve rápidamente al trabajo.

Siempre piden que el profesorado esté presente, primero en una sesión orientativa y luego en el propio desarrollo de los juegos y terapias. Esto tiene dos explicaciones: que utilizan algunos materiales que son replicables en sus clases, por un lado, y por el otro, que así pueden hacer un seguimiento de la terapia que ya han iniciado Laura y Eva: “Muchas veces, nos faltan recursos. Por eso, hay niños que es mejor mandarlos a un cole específico, porque es muy difícil la inclusión. No en todos los casos”, cuenta Marta Suárez, que es la encargada de la educación especial en el centro y trabajó durante muchos años en el colegio de Latores. Cuando finaliza el trabajo de la “caravana de los sentidos”, ningún niño quiere dejar las actividades. Están deseando que vuelva.

El vehículo que ahora acoge esta denominada “caravana de los sentidos” tiene una doble vida. Porque antes de ser lo que es, a partir de los años sesenta, recorrió las localidades de los alrededores de Llanes con un zapatero, que la tenía para sus encargos.

Luego, se la compraron Eva y Laura para el proyecto. La caravana, ahora reformada y llena de colores, siguió recorriendo los pueblos de Asturias.

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