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La Nueva España de Siero

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Cuando Putin fue judoca en Lugones

El presidente ruso entrenó en un gimnasio local en 1998 junto al equipo de su país que participó en un campeonato en Oviedo

Putin, en 2010, mostrándole una llave de judo a un joven judoca en Rusia.

Antes de convertirse en el presidente de Rusia, y mucho antes de llegar a ser uno de los dirigentes más temidos y, hoy por hoy, odiados del mundo, Vladimir Putin fue judoca en Siero. Hoy lidera la invasión militar de Ucrania en una guerra relámpago, pero hace 24 años se paseó por Asturias enarbolando la bandera de los valores del deporte. Pisó el tatami de un gimnasio de Lugones, donde entrenó por unas horas junto con su equipo y durmió en un hotel cercano a Viella.

Fue en el año 1998, Putin era, como recuerdan en el gimnasio sierense, el presidente de la Federación Rusa de Judo, y como tal participó por unos días (también fue una visita relámpago) en el XLVI Campeonato Europeo de Judo, celebrado en el Palacio de los Deportes de Oviedo entre el 14 y el 17 de mayo de aquel año. De aquella visita quedan recuerdos fugaces, por lo breve de su paso por la región y por lo desconocido por entonces del personaje para el común de los asturianos. Solo con el paso de los años los responsables del establecimiento habrían de reconocer al tipo rubio y fornido que durante unas horas entrenó en su local, acompañando al equipo de su país. Los rusos participaban en la competición en Oviedo, pernoctaban cerca y necesitaban un espacio para ejercitarse, rememoran. Como aquel día el gimnasio lugonense estaba libre, no hubo problema en que sus propietarios lo cedieran temporalmente a los deportistas, que tras entrenar un par de horas –no les cobraron por ello– se hicieron una foto con los dueños.

El testimonio gráfico permaneció colgado durante varios años en las paredes del gimnasio y muchos aún lo recuerdan, con los deportistas en formación y Putin entre ellos, pero el paso del tiempo y una inundación en los locales acabaron por traspapelar un documento ahora histórico. Nadie pensaba en aquel momento que Vladimir Putin llegara ser quien es actualmente, pero lo cierto es que ya tenía un puesto en Moscú en la administración del entonces presidente Boris Yeltsin, había formado parte del servicio de espionaje del KGB y al poco tiempo de su entreno en Lugones, cuando Yeltsin anunció su dimisión el 31 de diciembre de 1999, el judoca pasó a ser presidente interino de Rusia.

Posteriormente se impuso en las elecciones presidenciales de 2000 y ya no habría de alejarse más del poder, como tampoco lo hizo del judo. A lo largo de los años ha seguido entrenando y enorgulleciéndose de su dominio del deporte, y de hecho en 2012 fue galardonado por la Federación Internacional de Judo (FIJ) con el octavo Dan, un reconocimiento que está considerado como uno de los más importantes de esta disciplina. Ahora, con los blindados tomando Ucrania por la fuerza, los valores que decía abanderar han quedado tan desdibujados como la foto que un día se hizo en Siero.

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