Opinión

"Escucha, Israel"

Memoria del notario Manuel Valencia, que ejerció en Pola de Siero, al cumplirse 13 años de su jubilación

Estos días van a cumplirse trece años de la jubilación de Manuel Valencia, notario que fue de Pola de Siero, donde ejerció durante casi tres décadas. Gran notario y mejor persona, los que tuvieron la suerte de conocerle seguro que le recordarán. Es de esas personas que nunca se olvidan. Incluso poco después de su jubilación, y tras ser nombrado hijo adoptivo de Siero, se le dedicó el nombre de una calle de la Pola. Cuando se jubiló también se le organizó un homenaje en el Hotel Cristina, en Noreña, al que asistieron más de quinientas personas. No merecía menos.

Y recuerdo, y de ahí el título de este artículo, que cuando terminó el acto una periodista le preguntó que a qué creía que se debía el haber tenido una despedida tan numerosa; y él, que era una persona tremendamente religiosa, de hecho quiso ser cartujo antes que notario, contestó que quizás la respuesta la encontró en la misa que se celebró antes de la comida, cuando cayó en la cuenta de que el primer mandamiento que recibimos no es el de amar a Dios o a tu prójimo, sino que antes de eso el mensaje empieza diciendo: "Escucha, Israel"; y sí, después vendrá lo que venga, pero la primera instrucción es la de "escucha"; y que quizás ahí estuviera la repuesta a la pregunta de la periodista: el haber escuchado a tanta gente durante tantos años. Y en este caso yo sí puedo dar fe de ello, que el buen hombre nunca usó reloj ni tenía prisa. Me consta.

"Escucha", qué instrucción tan sencilla y a la vez tan complicada. Y cuánto nos cuesta hacerlo; y eso que a todos nos encanta que nos escuchen, sí, pero lo de escuchar nosotros a los demás, eso ya es otra historia. Vamos siempre con prisas y además nos hemos auto rodeado de muros que nos alejan incluso de la gente con la que convivimos diariamente; nos hemos envuelto en un sinfín de interferencias cotidianas que a menudo nos impiden escuchar lo que nos quieren decir las personas que tenemos cerca: nuestros hijos, o nuestras parejas, o nuestros padres, o nuestros amigos… Así es la cosa. Nuestras casas se están llenando de "Alexas" y otros mecanismos similares porque ellos sí que nos escuchan; y creo que a veces hasta contestan. Vivimos a toda leche, y lo que hoy está en China mañana llega a Bimenes, virus incluidos, pero nos estamos perdiendo lo mejor de nosotros mismos y de la gente que nos rodea. Por no tener tiempo para nada. Por no escucharnos.

Y es que nos cuesta mucho escuchar. Y sin embargo cuántas cosas se solucionan simplemente hablándolas. Cuántos problemas se nos ha resuelto o reducido con solo contárselos a alguien, solo con eso. Es como si nos liberáramos de una buena parte de ese problema por el simple hecho de poder compartirlo. Recuerdo también ahora una frase de la Madre Teresa de Calcuta que debería ser una norma de comportamiento universal: "Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz". Y muchas veces eso se consigue solo con escuchar un poco. Solo con eso.

Pues sí, estos días me acordé de ese "Escucha, Israel". Y también de que al inicio de este año me quise proponer el tratar de escuchar más a la gente que me rodea. Pero creo que no me llegó el mensaje; quizás no tuve tiempo de escucharme a mi mismo. Es lo que hay.