14 de julio de 2012
14.07.2012

Frente a la crisis, arquitectos asturianos con imaginación

Esther Roldán y Víctor Longo recibieron el Premio Asturias de Arquitectura en una edición plagada de buenas obras

14.07.2012 | 02:00
Víctor Longo y Esther Roldán, ayer, antes de recoger el Premio Asturias.

Oviedo, E. G.


Frente a la crisis, imaginación. Fue la fórmula planteada ayer por la directora general de Vivienda, Ana Rivas, en el acto de entrega de los Premios Asturias de Arquitectura, que tuvo lugar en la sede ovetense del Colegio de Arquitectos. Seis menciones, cuatro accésits y un premio grande, el que se llevaron los arquitectos Víctor Longo y Esther Roldán, con estudio en Gijón, por el proyecto de una casa-hotel en La Pereda, Llanes.


Y para comprobar la buena arquitectura actual en Asturias, nada como echar un vistazo y hacer un recorrido por los paneles de las 51 obras presentadas a este concurso bianual que sirve para tomar el pulso al sector.


«Si el trabajo bien hecho es el mejor premio, mucho más en las actuales circunstancias. Si es complicado construir en plena crisis económica, más aún lo es con esta calidad», señaló el decano del Colegio de Arquitectos, Alfonso Toribio, quien recordó que una parte importante de los edificios expuestos es de promoción pública.


No hay euros, reconoció la directora general de Vivienda, «pero los arquitectos asturianos han demostrado que son capaces de hacer diseños habitables y amables, que saben adaptarse y que la falta de dinero no va a acabar con la creatividad».


Las palabras de Ana Rivas no esconden, sin embargo, la grave crisis laboral de una profesión afectada por la debacle urbanística y por la parálisis inversora oficial. Es lo que hay.


Para hacer una buena obra arquitectónica no tiene que haber grandes dimensiones. Se ve en muchos de los proyectos presentados a concurso, entre ellos varias casas unifamiliares como la ganadora de esta vigésima primera edición del Premio Asturias. Longo y Roldán se llevaron el galardón por una obra llena de «respeto al entorno» y por su inteligente «diálogo con la naturaleza». Y como en toda buena obra los arquitectos deben contar con la complicidad de quienes encargan el trabajo, la propietaria de la casa, Emma Fernández, también se llevó su diploma acreditativo.


Ya lo dijo Alfonso Toribio: «No es fácil lograr una buena obra. Para ello han tenido que coincidir un buen promotor, un proyecto bien estudiado, una buena empresa constructora y una dirección de obra bien trabajada». Si falla una de esas cuatro patas, «la mesa resultará coja». Faltaba tan sólo por citar a un cliente con gusto: «El buen cliente es el mago que hace que nuestros sueños se hagan realidad».


Los accésits fueron para la obra de la sede judicial de Villaviciosa, la Fundación del Metal del Parque Empresarial de Avilés; el gimnasio de Vega de Arriba, en Mieres, y la central de gases especiales del Incar, en Oviedo.

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