DAVID NAREDO | Saregano, campeón de corta de troncos
"En Vizcaya me preguntan si tengo familia vasca, pero me enseñó a cortar mi padre"
"Los vascos valoran lo suyo, no solo el fútbol; a las apuestas de corta de troncos van 3.600 personas y pagan 40 euros por entrar"
David Naredo. / LUISMA MURIAS
David Naredo Hevia (Sariego, 1991) es campeón de corta de troncos en altura en cinco metros. Ganó el título en Bilbao. Está federado en Vizcaya, donde fue el primer asturiano y no vasco.
- Pero vive aquí.
-Sí, en San Román, Sariego, con mis padres.
- ¿De qué vive?
-Desde los 19 años he trabajado en almacenes de metal en Gijón y Avilés y desde hace 9 meses estoy en el de OTM sistemas OTM canalón, en el polígono de Silvota. Acabo de firmar un contrato por seis meses prorrogable por otros seis.
- ¿Para qué se preparó?
-Acabé en Noreña un grado medio de chapa y pintura que nunca ejercí. No me gustaba estudiar. No me veía capacitado para hacer un Bachiller y una carrera porque eran muchos años. Hubiera querido ser bombero, pero apenas había plazas aquí y no quería marchar de Asturias.
- ¿A qué se dedican en casa?
-Mi padre, Joaquín, es jubilado de la minería en La Camocha y mi madre, Rosa, de Vega de Poja, Siero, es ama de casa. Tengo un hermano mayor, Fernando.
- ¿Cómo se acercó al hacha?
-Desde los 2 años, imitando a mi padre cuando entrenaba, pero con un martillo. Mi padre entró en este deporte a los 30 años. Fue un pionero: el primero que probó la modalidad australiana o vasca que corta desde el árbol, el primero que usó hachas vascas y australianas y que, después de ver a Fausto Muguerza hacerlo, empezó el corte de troncos en altura. En 1996 empezó a cortar desde 5 metros y al año siguiente, en la feria de la Ascensión, batió el récord del mundo a 15 metros y medio. Quiso llegar a 20 metros pero era muy caro. En la misma comida en que logró su récord mundial le dije que yo quería batirlo.
- Heredó ese sueño.
-Sí, pero cuesta unos 24.000 euros, y ese dinero ahora tiene destinos mejores.
- Volvamos a sus 2 años.
-Mi abuelo Isidoro me hizo un hacha de madera, para que no me cortara, y mi padre vio que acertaba los golpes. Probé luego con el hacha pequeño de descuartizar los pollos y debuté en el Carmín de la Pola con 2 años y 11 meses.
- ¿Desde cuándo compite?
-Hace poco. A los 14 y 15 años no tenía edad para competir y cuando cumplí 16 se deshizo la Federación. Hice exhibiciones hasta que me abrieron las puertas en el País Vasco.
- Hable de las exhibiciones.
-Las hacemos veinte en Asturias. Un verano bueno pueden salir cuarenta.
- ¿Cómo llegó al País Vasco?
-Me invitaron a los campeonatos del Hacha de Oro y luego la Federación de Vizcaya me dejó entrar. Al año competí en los Campeonatos de España. Me preguntan si tengo familia vasca y les digo que no, que todo lo aprendí de mi padre.
- ¿Qué es tener técnica?
-La forma de cortar, de mover el hacha y de moverte sobre el tronco. No hay que fallar: golpe fallado es tiempo perdido. Los cortes dependen de la madera. Uso eucalipto, pero se compite con haya.
- ¿Y eso le favorece?
-Sí y no. La madera de eucalipto es más dura, pide un hacha de filo más gordo y si lo rompo pierdo 350 o 400 euros, menos de lo que ganas en una exhibición.
- ¿Y los premios?
-No dan para vivir. Con viajes, dietas y demás pierdes un poco, pero conoces gente de Euskadi, de España y de Australia, como Lawrence O'Toole, campeón del mundo de las Stihl Timbersports Series.
- ¿Qué cualidades físicas hay que tener?
-Allí están como motos. Son atletas. Empiezo a ir al gimnasio.
- ¿A su padre le hace ilusión?
-Claro. Me ayuda a pagar viajes, comidas, gasoil, a preparar la madera, a entrenar, a recoger.
- ¿Cuánto entrena?
-En campeonatos, tres días a la semana. Corto ocho troncos por día. Son tres horas cada día.
- ¿Se pasa bien?
-Cuando ganas, todo es gloria, y cuando no tienes el día, apetece tirar las hachas al contenedor. Pero con los errores se aprende mucho.
- ¿A qué aspira?
-A llegar a Primera de Euskadi. Yo estoy en Tercera. En Vizcaya hay dos categorías y en 2018 fui campeón de Segunda.
- ¿Sabe algo de euskera?
-Lo justo. Te respetan muchísimo y hablan en castellano.
- ¿Hace más deportes?
-Fútbol sala.
- Ahí sí que hay hachazos. ¿Sus amigos le ven rarito?
-Conocen el deporte gracias a mí. Es muy minoritario. Tengo dos patrocinadores. Uno, Timberfor (explotaciones forestales), jugaba conmigo al fútbol y se mosqueaba cuando yo no acudía al partido porque tenía corta. El otro, Olsangraf (impresión gráfica), nunca había visto antes este deporte.
- ¿Tiene novia?
-Aida, es de Nava y la conocí después de los partidos de fútbol. Haremos tres años en noviembre.
- ¿Qué le pareció?
-Tampoco conocía el deporte y le impresionó. Le parece peligroso, pero me ayuda y me aguanta las repunancias antes de los campeonatos, si hay lesión o una gripe y después de 4 meses sin salir de fiesta ni beber puede irse todo abajo.
- ¿Es peligroso?
-Sí. Te puedes cortar. No sucede mucho, pero es una avería de hospital. Cortando en altura si caes desde cinco metros puedes romper piernas o la espalda, o morir.
- ¿Compensa?
-Fríamente, no. Pero es mi pasión. Mi padre cayó de cinco metros y no le pasó nada.
- ¿Cuánto duran en el deporte?
-Julián Larrea tiene 90 años y cortó un tronco de dos metros y medio en circunferencia. Los mejores años deportivos son de los 35 a los 40, pero en primeras ganó un veterano de 58 años y en las apuestas, que se retan entre ellos, Mikel Mindegia ganó una con 62 años y la última la hizo con 64.
- ¿Ahí hay dinero?
-Mucho... 6.000, 12.000 euros. Me gustaría poder entrar en eso, pero necesito más preparación. Se pagan entradas por verlos de 45 y de 40 euros, y entran 3.500 o 3.600 personas. Los vascos valoran lo suyo, no solo el fútbol.