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Protagoniza “El gato montés” en el teatro Campoamor de Oviedo Ángel Ódena Barítono

Ángel Ódena: “El Campoamor logró el milagro y mantuvo todas las funciones de ópera y zarzuela”

El protagonista de ‘El gato montés’ en el Festival de Teatro Lírico de Oviedo promete una función "llena de colorido" y "con muy buen trabajo de escenografía"

Ángel Ódena

Ángel Ódena

El barítono catalán Ángel Ódena protagoniza “El gato montés”, la ópera española que cierra el XXVIII Festival de Teatro Lírico Español que organiza la Fundación Municipal de Cultura en el teatro Campoamor el jueves, 24 de junio. Ódena, fiel a las temporadas líricas ovetenses, da vida en esta producción firmada por Raúl Vázquez a Juanillo, “El gato montés”, un bandolero obsesionado por Soleá. En el reparto le acompañan voces tan conocidas de la lírica nacional como las de Nicola Beller Carbone, Marina Pardo o Sandra Ferrández, acompañadas por la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo y la orquesta Oviedo Filarmonía, con su titular Lucas Macías en el podio.

–¿Cuál es su relación con el personaje de Juanillo, “El gato montés”?

–Es un papel que había cantando con anterioridad, gracias a él gané uno de los Premios Líricos Teatro Campoamor en 2013. Es un personaje arrollador; un bandolero gitano que ha dado todo por su amada Soleá. Es un tipo muy visceral –yo creo que así debían ser estos bandoleros–, que de repente es capaz de sacar todo su amor y de repente libera toda su rabia. Para mí, como artista, es muy atractivo, y vocalmente se ajusta muy bien a mi voz, porque tiene unos requerimientos de barítono no lírico, sino más dramático. Estoy muy contento de volver otra vez sobre esta partitura.

–¿Qué aspectos destacaría de esta producción?

–Es una producción de Raúl Vázquez, que es una persona genial, muy bien formada y que nos da una visión muy realista de esta ópera, sobre todo a la hora de recrear cómo era la época, a comienzos del siglo pasado. Además, profundiza sobre el triángulo amoroso del torero, la gitana y el bandolero. Sobresale el realismo de la acción y también el folclorismo que lleva implícito. Creo que el trabajo más interesante es el cariz y el trabajo humano con el que hemos perfilado estos personajes; que el público vea que son de carne y hueso y que sienten de verdad. El amor, el odio, el sentimiento tan fuerte que tiene Soleá hacia dos hombres, tan diferentes. Es algo que se resalta y que se ve. Es una producción llena de colorido, con muy buen trabajo de escenografía, y repleta de simbolismo.

–¿Es habitual encontrar este tipo de barítono dramático, como el de Juanillo, en el teatro lírico español?

–No es demasiado frecuente, pero existimos. Debemos tener en cuenta que “El gato montés” es una obra que bebe del verismo operístico; de Puccini, de Leoncavallo, de Mascagni. A nivel europeo era lo que se llevaba en 1917, que fue cuando se estrenó esta ópera de Penella, que es totalmente verista. Hay entonces una orquestación importante y en el caso de las voces hace falta que tengan peso y un gran volumen. De todas formas, por culpa del covid se ha reducido el número de instrumentos que van a intervenir. Se ha llevado a cabo un arreglo de la partitura de la orquesta, a cargo de Israel López Estelche. En una línea parecida, en lo que a los requisitos vocales se refiere hay óperas españolas que he cantado, como “Juan José”, de Sorozábal, que pide un tipo de barítono dramático muy similar; la historia era también muy dramática, y “La Dolores” de Bretón, que tiene una orquestación muy importante también. Son óperas que requieren cierta agresividad en el canto.

–¿Qué sucedió con “Juan José”? ¿Se volvió a programar después de las funciones del Teatro de la Zarzuela en 2016?

–Es una ópera muy peculiar. Yo tuve la suerte de estrenarla en versión escenificada, con un grande de la dirección de escena que fue José Carlos Plaza y al frente de la orquesta el maestro Gómez Martínez. Para mí fue una experiencia dura porque musicalmente no es muy melódica, y para estudiarlo no era fácil, pero fue una de mis mejores experiencias porque hice el personaje muy mío y fue un trabajo genial. Es una pena que se hizo una producción tan buena tan solo una vez y no se ha vuelto a programar más. No estaría mal intentar recuperar esta ópera porque valía mucho la pena.

–Volviendo a “El gato montés”, ¿cree usted que hay amor tóxico en el argumento de esta ópera?

–Más que un amor tóxico yo diría que es un amor obsesivo. Quizá es tóxico para Soleá pero para él es obsesión. Juanillo es un hombre que ha malvivido toda su vida y viene de una clase social muy baja, tanto cultural como económicamente, y se ha tenido que buscar siempre la vida. El amor que tiene por Soleá le rompe todos sus esquemas. Pasa de ser un amor platónico, real y muy obsesivo que hace que él se pierda por ese amor y tenga un mal final, muy dramático. Soleá ha sido lo único bueno y sano que ha tenido Juanillo en su vida, y se coge a ella con toda su alma.

–La orquesta se ha reducido para estas funciones de “El gato montés” en el Campoamor. ¿Sigue estando la actividad teatral tan condicionada?

–Sí, nos afectó y afecta porque hemos perdido mucho trabajo. El Campoamor ha tomado siempre muchas precauciones. Es un milagro y aquí se ha logrado que, tanto en la temporada de ópera como de zarzuela, pudieran representar todas las funciones programadas. Se han empeñado en que fuera posible, que es lo más importante. He pasado la enfermedad y no se lo deseo a nadie, por los síntomas que tienes y por el miedo que genera. Yo volveré a finales de agosto de nuevo a Oviedo para hacer el papel protagonista en “Nabucco”, de Verdi, y tengo la esperanza de que a partir de ahora la situación de los teatros mejore muchísimo y volvamos a como estábamos antes de la pandemia.

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