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Asturias exporta talentos

Ana Galán: “Si estás dispuesto a trabajar duro, EE UU está lleno de oportunidades”

“A cualquier joven le recomendaría que aprendiera bien inglés y viajara solo al menos una vez en su vida, sin amigos ni familiares”

Ana Galán.

ANA GALÁN (Nueva York). Autora, editora, traductora y consultora para editoriales como Scholastic, Benchmark Education, McGrall Hill, Pearson Education, Sesame Place, Highlights Magazines y Planeta. Con la publicación de la serie infantil “Mondragó”, Ana Galán se convirtió en autora de ficción infantil y juvenil exitosa. Finalista de los International Latino Book Awards en EE UU con “Qué cosas dice mi abuela”, su viaje a “El club Arcoíris” es un éxito arrollador.

Ana Galán

Ana Galán

Escritora imaginativa y entusiasta que domina el difícil arte de atrapar la curiosidad y las ganas de aventura literaria de los lectores más jóvenes, la ovetense Ana Galán viaja a su propia infancia para recordar. Y contarlo:

Veranos que pasaba con mis hermanos en la casa de nuestro tío cura en Lieres, donde dábamos de comer a las gallinas y los conejos, ayudábamos a plantar, aprendimos a usar una guadaña y a veces hasta hacíamos tiendas de campaña con las sotanas de nuestro tío. Mis dos hermanos mayores siempre decían que íbamos a pasar la noche en nuestra tienda de campaña, pero al primer ladrido de los perros, salíamos corriendo muertos de miedo y nos metíamos en la casa. Recuerdo también la cocina de carbón, donde nuestra tía nos hacía chocolate y frixuelos.

La primera vez que viajó fuera de España “tenía 7 años. Fui a Inglaterra a casa de unos amigos de mi padre que, según él, tenían cinco hijas. Resulta que eran cinco hijos. Yo apenas hablaba inglés, pero no me hizo ninguna falta. Fue un verano muy divertido”.

Después de terminar su carrera como veterinaria fue a Nueva York en 1989 “para hacer un curso de posgrado, ¡y ya me quedé aquí! Como muchos otros jóvenes españoles, era la primera vez que vivía por mi cuenta a pesar de tener ya más de 25 años, y esa libertad e independencia me parecieron increíbles. Ya no había marcha atrás”.

No viajó mucho durante sus años de carrera, “pero sí he visto a mis hijos como estudiantes en Nueva York y una de las cosas que más me llamaron la atención fue el compañerismo y apoyo entre los compañeros de clase desde muy jóvenes. Cuando yo estudiaba, si alguien sacaba buenas notas le llamaban empollón y si jugaba al fútbol y metía muchos goles le llamaban ‘chupón’, todo medio en broma medio en serio, pero rara vez el comentario era positivo y de apoyo. Cuando mis hijos estudiaban, los compañeros de clase se apoyaban unos a otros con palabras como ‘has jugado muy bien’, ‘enhorabuena por tus notas’. Esto está cambiando mucho en España. Ahora veo en los medios sociales que los jóvenes españoles se apoyan más unos a otros y me parece que es muy importante celebrar los éxitos de nuestros amigos ¡y decírselo!”.

En Estados Unidos, recuerda, “para poder ejercer de veterinario hay que pasar una serie de exámenes nacionales y estatales muy difíciles y no hay un libro o curso que ayude a prepararlos, con lo que conseguir la licencia es un gran reto. Yo tuve que trabajar de técnico en veterinaria durante varios años porque aunque en este país reconocen nuestra licenciatura, no tenía la licencia. Cuando tuve a mi primer hijo, decidí cambiar de carrera y entré en el mundo editorial. He tenido la gran suerte de encontrar trabajo siempre que me lo he propuesto. Creo que esa es una de las grandes ventajas de EE UU. Si buscas trabajo, lo encuentras, aunque a veces tengas que dar un paso atrás. Mis cambios en mi trayectoria profesional creo que son un buen ejemplo, pasé de ser veterinaria a escritora con más de 100 libros publicados y ahora, con la falta de trabajo debido a la pandemia, me dedico a hacer colchas de patchwork”.

Vive en el condado de Westchester, a 35 minutos en tren de la ciudad de Nueva York, “en una zona residencial cerca de la bahía de Long Island, con playas y bosques por los que me encanta pasear con mi perro ‘Keats’, que se suponía que iba a ser un perro guía para ciegos, pero le gustaba demasiado perseguir ardillas. Mi pueblo es el típico pueblo de las películas con casitas con jardín y es un lugar muy seguro. Este invierno pasado, mi marido y yo pasamos el confinamiento en el lago Champlain, a treinta minutos de Canadá. El invierno fue duro. ¡El lago se congeló por completo! Había gente que metía sus coches en el hielo y pescaban. ¡Una verdadera locura! Pero los amaneceres, los atardeceres y la naturaleza son una maravilla. Veíamos águilas calvas todos los días”.

La pandemia dejó huellas muy profundas: “Me afectó personalmente ya que mi madre falleció de covid en abril de 2020. Ha sido muy doloroso no poder ir a España y no haber podido enterrarla como ella había querido hasta un año más tarde de su muerte. Ojalá se consiga vacunar a gran parte de la población y podamos dejar esta horrible pandemia atrás”.

Un consejo:

–A cualquier joven le recomendaría que aprendiera bien inglés y viajara solo al menos una vez en su vida, sin amigos ni familiares. El viajar solo te obliga a abrir la mente, a depender de ti y hablar y conocer a otras personas que quizá nunca conocerías si vas con tu grupo de amigos. En la misma línea, también les recomendaría que siempre intentaran mantener su independencia, tengan o no tengan pareja. Me parece importante que cada uno tengamos nuestras propias aficiones e intereses y que respetemos las de nuestras parejas y les demos el tiempo para practicarlas”. Estados Unidos, subraya, “sigue siendo un país lleno de oportunidades para los que están dispuestos a trabajar duro. Veo que aquí los jóvenes no tienen miedo a dejar sus trabajos durante un tiempo o incluso a cambiar sus carreras cuando lo que eligieron no acaba de convencerles. Saben que tarde o temprano encontrarán más trabajo. Es una gran suerte vivir con esa confianza”.

Así que:

–Atrévete a dar el paso porque si no lo haces, nunca sabrás qué habría pasado si lo hubieras hecho.

¿Prestaría volver a Ana Galán? “Me encantaría pasar temporadas largas de mi retiro en algún lugar de Asturias con vistas al agua. No me importa que sea mar o río, siempre y cuando haya agua”.

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