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Investigación, divino tesoro | Economía Aplicada

La economista gijonesa que examina lo que invierte Asturias y España entera en I+D+i

Tania Fernández asegura que la región podría absorber “el doble o el triple” de inversión en innovación y advierte que el 45% del dinero que destinan las empresas se fuga a Madrid por el “efecto sede”

La doctorando Tania Fernández flanqueda por Diana Gutiérrez y Fernando Rubiera, en la Facultad de Economía y Empresa. | Fernando Rodríguez | FERNANDO RODRÍGUEZ

La mala noticia es que Asturias invierte en I+D+i un 0,43% del PIB menos que la media nacional. La buena: que, a diferencia de otras comunidades, el Principado podría absorber inyecciones mucho más fuertes de dinero. Hasta “el doble o el triple” del gasto que se ejecuta en la actualidad.

Así lo recoge la tesis doctoral de Tania Fernández García, gijonesa de 24 años, que está contratada por la Cátedra de Innovación de la Consejería de Ciencia y la Universidad de Oviedo. La economista lleva dos años estudiando la inversión en innovación que se hace en los distintos territorios de España y cómo ello impacta en su desarrollo económico. “No se puede estudiar Asturias de manera aislada. Cuanto más amplio es el espectro, más podemos ayudar a nuestra región”, afirman los directores del trabajo de Fernández, el catedrático de Economía Aplicada Fernando Rubiera y la profesora ayudante doctor Diana Gutiérrez.

Tras mucho bucear en los números, la joven investigadora ha obtenido datos llamativos como que el 45% del gasto en I+D+i que hace el sector privado en Asturias proviene de empresas cuya sede se encuentra en Madrid. Esto supone que varios millones de euros no figuran en las estadísticas oficiales de innovación de Asturias por el llamado “efecto sede”. Por poner un ejemplo práctico: si ArcelorMittal hace una fuerte inversión en I+D+i en las plantas asturianas, ese dinero no se contabiliza para la región, sino para Luxemburgo, donde la multinacional tiene sus oficinas centrales. Tania Fernández trata, por tanto, de ver qué porcentaje del gasto de I+D+i se fuga a otras regiones y así conocer el dato real de la innovación en Asturias. Nuestra comunidad, no obstante, no es de las más afectadas por el “efecto sede”. Son, según apunta la gijonesa, Andalucía, Islas Canarias y Baleares, en donde un 80- 90% de las empresas tienen sede en la capital. En el lado opuesto se sitúa La Rioja, con apenas un 4%.

Aunque ese 0,8% que el Principado invierte en I+D+i pueda ser en el fondo mayor, la cifra es igualmente baja y está muy lejos del objetivo marcado por Europa de llegar al 3% del PIB, según indican los economistas de la Universidad de Oviedo. “Es casi un milagro estar como estamos con la inversión que tenemos”, asegura Fernando Rubiera. La parte buena, destaca el director de la cátedra para el análisis de la innovación, es que “si la región inyectara más dinero en I+D+i, ese dinero no le desbordaría”. Una característica, apunta Rubiera, que “en otras comunidades parecidas a Asturias no está tan claro o serían incapaces de absorber”. Pero, ojo, tampoco se trata de meter más dinero por meter. Esa subida hay que acompañarla de políticas de desarrollo industrial y económico así como de atracción de talento. De lo contrario, se corre el riesgo de “tirar el dinero”. “La inversión en I+D+i ejerce un efecto menor si no eres una región desarrollada (rentas por encima de la media nacional)”, puntualiza la estudiantes de doctorado. En esta situación se encuentra Asturias. Fernando Rubiera lo dice con otras palabras y de forma más clara: “Un euro invertido en Madrid da más rendimiento que un euro invertido en Asturias. Así que si el objetivo de Europa es un 3%, nuestra región debería fijarse un 4%”.

Diana Gutiérrez advierte, en este sentido, que al Principado le queda un largo recorrido en inversión privada en I+D+i. “Hay que incentivar a las empresas”, pide. Pero no todo es malo, Gutiérrez subraya que la región sobresale en las estadísticas en empleo en sectores de alta tecnología y, sobre todo, en nivel educativo superior. “Asturias genera mucho talento, pero se le escapa”, lamenta. De hecho, ella lo ha vivido en su propia piel: ha vuelto este curso a la Universidad de Oviedo tras años de investigación en el extranjero y, más en concreto, en el Reino Unido. “Nuestra intención es hacer dentro de la cátedra un mapa de cómo está distribuido ese talento por el mundo”, avanza Fernando Rubiera, que, en cuanto tuvo la mínima oportunidad, fichó a su discípula Diana Gutiérrez. Ahora es ella la que guía a Tania Fernández. “Quiero que las nuevas generaciones dirijan tesis. Es la única forma de que esta máquina no pare nunca”, apunta Rubiera.

Tania Fernández empezó el doctorado animada por el catedrático de Economía Aplicada. “Siempre me fijo en quién destaca. No solo son buenas notas, son las capacidades que intuyes que tienen. Para la investigación hay que ser creativo, tozudo, insistente... Y, sobre todo, tener vocación”, explica. Y todas estas cualidades las reunía la economista gijonesa. Tras dos años haciendo su tesis, asegura que “no lo cambiaría por nada”. Sin embargo, Rubiera es muy crítico con el sistema. “Los sueldos de un becario son inferiores a los de un camarero. Y los de un profesor universitario que está empezando, poco superiores. Este país maltrata mucho a la investigación. O se corrige o en algún momento todo quebrará”, opina.

Precisamente por ello Rubiera advierte que cada vez cuesta más captar a jóvenes que quieran quedarse en la Universidad. “Cuando el abanico de trabajo es tan amplio y los sueldos de la investigación tan bajos, a los únicos que captas son a los que tienen una gran vocación”, afirma. Tania Fernández ha solicitado las becas FPU y Severo Ochoa, pero de momento está contratada por la Cátedra. Rubiera apunta otro fallo: “Eres doctor y al día siguiente puedes quedarse en el paro porque las convocatorias de plazas no se suceden”.

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