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La plaga de las palmeras se extiende sin freno y pone en jaque el paisaje indiano

En diversas zonas de los concejos de Gijón, Carreño y Gozón el ataque del picudo rojo es masivo y solo algunos propietarios hacen prevención

Una palmera deteriorada en una finca de Granda, en Gijón.

"El avance del picudo rojo en Gijón es brutal. Hay parroquias donde no va a quedar ni una palmera. Carreño y Gozón también están plagados. Y no tardando mucho se verá cómo empieza a llegar la plaga a las palmeras de toda la zona de Quintes y Quintueles, en Villaviciosa. Vamos por el mismo camino que Galicia, donde se murieron miles de palmeras canarias. Y lo que parece, la verdad, es que son muy pocos los propietarios o ayuntamientos a los que les importa".

Fincas con palmeras afectadas en la zona rural de Gijón.

El recuento lo hace Manuel Francisco Díaz, de la empresa Nordesbroce, uno de los pocos especialistas que es plenamente consciente de lo inexorable que está siendo el avance del escarabajo picudo rojo. Una especie que se ceba en las palmeras canarias que en Asturias, al igual que en otras zonas de emigrantes, se asocia a las fincas indianas. Aunque no solo, ya que se trata de un tipo de planta de uso masivo en jardinería, pese a no ser propia del área cantábrica. El picudo rojo, un insecto de gran fertilidad y voracidad, se alimenta del interior de las palmeras así que su acción, si no se pone remedio a tiempo, será visible cuando la palmera ya esté muy deteriorada, sobre todo por la evidencia del daño que muestra en la copa.

La plaga de las palmeras se extiende sin freno y pone en jaque el paisaje indiano

Ese daño fue dramático en el conocido como "Parque de Las Palmeras" del barrio gijonés de Contrueces. Hace solo unos días se procedía al talado masivo porque la plaga había campado a sus anchas. Y el Ayuntamiento de Gijón se plantea poner medidas de prevención en otros parques principales de la ciudad, que por ahora no muestran afectación. Mucho antes que Gijón, el Ayuntamiento de Villaviciosa inició un plan de tratamiento y conservación de las palmeras urbanas, en su caso especialmente importante ya que se ubican dentro del casco histórico, declarado bien de interés cultural (BIC), y en el parque Ballina, que ha sido catalogado como jardín histórico por el Principado de Asturias.

La plaga de las palmeras se extiende sin freno y pone en jaque el paisaje indiano

También hay algunos propietarios particulares que están preocupados por el avance del picudo rojo. Y que estarían costeando el tratamiento preventivo anual para evitar un desastre en casos de palmeras de mucha antigüedad, y señeras, de las casonas de los emigrantes.

"Sé de algunos casos, muy pocos, de clientes que le tienen mucho amor a estas palmeras porque las tienen en una finca de indianos. Se han interesado por el problema y algún tratamiento hemos hecho. Pero son los menos", reconoce Manuel Francisco Díaz, que lamenta que "ni siquiera a muchos jardineros les está preocupando el tema", al no estar afectada ninguna especie autóctona.

Fernando Hortelano Vázquez de Prada, ingeniero agrícola especializado en paisajismo y jardinería, fue de los primeros especialistas que empezó a vocear en Asturias el problema del picudo rojo. Lo hizo desde su blog –el de su empresa Acanto– haciéndose eco de una plaga que llegó a España "en una importación de palmeras que se hizo desde Egipto con motivo de los Juegos del Mediterráneo de 2005. Como corría prisa su plantación no se guardó la cuarentena debida y desde Almería el insecto ha ido avanzado por la costa mediterránea; primero hacia arriba, hacia Cataluña; luego hacia abajo, por Andalucía, luego hacia Portugal, a continuación por Galicia, y sigue avanzando. Porque el clima cálido favorece a estos bichos", relata.

Sostiene Hortelano que el picudo rojo, que es un tipo de gorgojo, ya está en Asturias "por todas partes", sobre todo en el centro y en la costa asturiana, y aunque hace años se publicó una normativa regional para censar las palmeras y hacerle frente, al poco tiempo una instrucción europea dejó en nada esa campaña. Así lo han confirmado desde la Consejería de Medio Rural.

"En Asturias la palmera es un elemento ornamental y está considerada como bonita, pero que haya una plaga sobre ellas no tiene impacto de cara a que se tomen iniciativas públicas. La política de afrontar esta plaga se quedó en nada", sostiene el especialista.

Y hacer sí que se puede hacer, ya que se trata de un insecto que vuela y, por lo tanto, su expansión está garantizada si no se le frena. "Aquí, si no se hace algo, morirán todas las palmeras. Podrá quedar alguna en alguna finca que esté en zona muy aislada, pero si no... Es una pena. Las palmeras vinieron antes que los indianos porque hubo un tiempo en que en Asturias había grandes coleccionistas de árboles exóticos, pero se popularizaron más con los emigrantes. Y qué duda cabe de que aquí son un símbolo de ese paisaje asociado al indiano que volvía a su tierra".

La forma de control de la plaga comienza, según este experto, por un trampeo de control a base de feromonas que atraigan a adultos que estén volando. "Así se verá por qué zonas están avanzando las poblaciones". Ese es solo el control. A ella hay que añadir la acción directa para proteger las palmeras con tratamientos –a base de inyecciones anuales de mezcla de hongos y químicos– que se convierten en veneno para los picudos. "Solo así se protege a la palmera. Porque lo que un propietario tiene que dar por seguro es que si ve una palmera afectada a un kilómetro, con casi total seguridad le va a llegar el picudo", dice Hortelano.

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