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La anécdota

El bisturí del Sporting: La Copa alivia a Gallego y reengancha a El Molinón

El técnico recuperó su versión más rockera y el público disfrutó y apoyó hasta el final al equipo

David Gallego celebra con Jorge Sariego la victoria del Sporting en Copa| Juan Plaza

El subidón de Gallego

La Copa mola. Y si no, que se lo digan a Gallego. Vivió el de Suria una tarde noche como las de antaño, como esas de primavera de 2021 cuando los guajes eran la repera y el proyecto amagaba con pillar al Espanyol y al Mallorca para volver a Primera. Todo fue fenomenal. Los afectados por el covid estuvieron fantásticos. Babin fue el central que era antes de los dos últimos meses. Rivera pareció el fichaje que pretendió Rico antes de que las malas lenguas añorasen a Javi Fuego. Y Djuka, siempre Djuka, marcó un estupendo gol. Al serbio, montenegrino, le sucede una cosa muy curiosa: solo marca golazos y, sin embargo, está empeñado en errar las imperdonables. Pero, siendo justos, ayer al que le escapó el 2-1 fue a Aitor. Y después, llegó. Y Gallego, tan enérgico como era, como si no existiera la crisis, fue el Gallego que engatusó a El Molinón: un tipo con nervio, vivo, que derrocha adrenalina. Y le ganó la batalla al bueno de Unai Emery.

Y todo eso, claro, le encantó al gran público gijonés, que disfrutó de la tarde-noche como si nada ocurriese, como si el equipo no fuera decimosegundo. Pero así es la Navidad, y el día de Reyes: que de repente, cuando menos te lo esperas, te da un regalazo como es ganar y ganar bien a un equipo que se personó en El Molinón engalonado por ser de Champions y tras seis victorias seguidas. Pero cayó. Con todo.

Bogdan y Djuka, obras de arte y pasar a octavos

Hay goles y goles. Y no todos se celebran igual, menos aún para una afición que últimamente añora más de la cuenta el vozarrón del speaker, Borja Blanco, por cierto un buen tipo y gran sportinguista. Pero ayer, El Molinón, vivió más de pie que sentado. También la Grada Oeste. Porque el equipo y, sobre todo, los golazos de Uros y Bogdan fueron de esos que ahora saca el club en redes sociales en sus highlights. El balcánico se inventó de la nada el 1-1. Y aprovechó el regalo de Rulli, un amigo en El Molinón (a la memoria se viene aquel Sporting 5-1 Real Sociedad delos guajes). Y después llegó el de Milovanov, tras jugadón de Villalba. El ucraniano ya lleva dos tantos este año. Empeñado en cambiar sus virtudes: ahora ataca mejor que defiende y define mejor que derriba. El fútbol...

Christian ya es el Rivera que fichó Rico

Christian ayer al fin fue Rivera, el mismo que firmó Rico en mayo hasta 2025 como fichaje estrella del proyecto, como el veterano menudito que brilló en Gijón en tiempos de Manolo Preciado. El gijonés estuvo ayer notable. Jugó e hizo jugar. Eligió casi siempre bien. Brilló con Pedro. Y lo mejor de todo: le aguantó el físico noventa minutos ante un rival que concentraba internacionales en el centro del campo.

Rivera demostró que le sobra fútbol (que le pregunten a Mendilibar). Y aunque parece que la pelotita siempre se le va a escapar, parece que en cualquier momento la va a perder, angustiando a El Molinón, casi siempre (ayer siempre) toma una buena decisión. Rivera juega fácil, como a medio gas. Parece que flota, que va andando. Fútbol aparente, mentiroso. Porque el gijonés fluyó e hizo fluir y desnudó a Capoue, Trigueros o Parejo.

El videomarcador se queda sin hora

El tiempo se detuvo ayer en El Molinón. Fue justo después del golazo de Djuka, del 1-1, cuando el reloj del videomarcador del estadio se paró en seco, y sin previo aviso. Dejó de funcionar por espacio de unos cinco o puede incluso que diez minutos. Se quedó inmortalizado en el minuto 70, más o menos. Casi nadie se dio cuenta porque lo que no se detuvo fue el partido, ni ese ritmo del Sporting que quería más y más, que quería el 2-1. Luego volvió a funcionar. Llegó a tiempo, justo para que la gente revisara con agobio para amarrar el 2-1 : “¿cuánto queda?

La amarga vuelta de Emery a El Molinón

Le tiene cariño el bueno de Unai Emery al Sporting. Nunca lo ha ocultado. Ayer, volvió a casa. Porque en cierto modo El Molinón le suena de algo. Ahí jugó su padre, Juan. Fue portero del Sporting entre 1962 y 1964. Disputó en el club 38 encuentros, con más protagonismo en el primer año y casi nada en el segundo.

Y aunque Gallego le regaló los oídos en la previa “es un entrenador top”, Emery se fue de El Molinón con cara de pocos amigos. Cayó derrotado ante un Segunda y de forma merecida. Y eso que sacó a toda su artillería. Jugaron los buenos y los buenísimos, como Parejo y Gerard Moreno. Pero ni con esas le bastó al equipo groguet. La venganza tras el caso Ferreres y tal. El submarino no fue el triunfador de la Europa League. Y el Sporting pareció otro.

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