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Nico, del cuartel general de Preciado, a "regalar lo que quieras" a Abelardo para salvar al Sporting

El gijonés, de once años, es sobrino del dueño de Casa Ángel, donde se cocinó el ascenso del 2008: “Al Pitu le prepararé almejas a la marinera”

Por la izquierda, Ángel Cerezo y Nico Herrera, ante el solar en el que estaba ubicado en La Guía el restaurante Casa Ángel. | | ÁNGEL GONZÁLEZ

“Si salvas la temporada, me pongo en contacto contigo y te regalo lo que quieras”. Nico Herrera ya era popular entre el sportinguismo antes de pronunciar esta frase. Ahora lo es más. Este gijonés, que cumplirá once años la semana que viene, dejó una de las imágenes de la renovada ilusión de la afición rojiblanca con la llegada de Abelardo. Tras acudir al primer entrenamiento, se acercó al Pitu a pedirle un autógrafo y le plantó un reto grabado por las cámaras del club. En poco tiempo se convirtió en viral en redes sociales.

“Estaba nervioso y le iba a decir que si se lograba la permanencia, el regalo iba a ser cocinarle mi plato favorito: almejas a la marinera, pero...”, dice Nico un día después, en su encuentro con LA NUEVA ESPAÑA para recordar uno de los grandes momentos del regreso de Abelardo. Tiene un buen maestro, Ángel Cerezo. Es su tío-abuelo y fue dueño durante 29 años de Casa Ángel, en el gijonés barrio de La Guía. Ya queda poco del negocio, cerrado por jubilación al inicio de la pandemia y derribado posteriormente, pero en la familia se conservan historias y fotos de un lugar que, entre otras cosas, fue cuartel general del Sporting de Preciado. Allí vivió Nico su primer baño de sportinguismo.

Nico cocina la permanencia Ángel Cabranes

“Nada más salir de Cabueñes, vinimos al bar a ver a la familia y nos encontramos con medio Sporting”, recuerda Conchi Izquierdo mostrando una foto en la que se ve a su segundo hijo -tiene otro cuatro años mayor, Nacho- en su carricoche, rodeado de Gerardo Ruiz, Nacho Novo, Lora y De las Cuevas. “Cada semana los jugadores organizaban aquí un comida, normalmente los viernes. Tenían una peña para jugar la quiniela y siempre les preparaba una tortilla de doce huevos”, explica Ángel Cerezo ante el solar de lo que fue su negocio, en la avenida del Jardín Botánico. Él, desde el otro lado de la barra, fue a su manera partícipe del regreso a Primera en 2008. Aquello le queda lejos a Nico. “No había nacido. Del que me acuerdo es del de los Guajes. Por eso traje esta bufanda”, interviene mostrando la bufanda conmemorativa de aquel regreso a la élite en 2015. De ahí que sea tan de Abelardo.

“Creo que ahora nos va a salvar porque, además de que todo el mundo me habla bien de él, es el único capaz de motivar a los jugadores y a la afición”, señala, con desparpajo, este alumno del Jovellanos y jugador del alevín del Arenal, club por el que también pasó Diego, hijo de Abelardo. “El crío ya ve que atrevido es bastante”, comenta su madre sobre el carácter extrovertido de un guaje cuya habitación está empapelada de rojiblanco y al que no le tiemblan las piernas a la hora de pedirle una foto a cualquier persona relacionada con el Sporting. Las tiene hasta con agentes de futbolistas.

Nico cocina la permanencia Ángel Cabranes

“Mi abuela Amalia, cuando era joven, ya era amiga de la abuela del Pitu”, desvela Nico sobre los orígenes de un vínculo que continuó en el barrio de Pumarín -de donde es Ángel Cerezo- y después aumentó entre fogones. “Abelardo también fue cliente durante años. Venía mucho a comer pescado a la plancha”, detalla Montse González, la mujer de Ángel Cerezo. Casa Ángel no se entiende sin el Sporting. “Ahora habrá que hacer un bidón de almejas a la marinera si se salvan, ¿eh, Nico?”, dice Ángel, quien antes de situarse en La Guía se curtió en el sector en lugares tan populares como Casa Tino, Bar Tormes o Cafetería Montreal. “Esto ha sido una mala racha, ya verás. La temporada que viene se intentará subir a Primera”, responde Nico con tremenda convicción en sus palabras. De momento, va cocinando la permanencia.

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