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La era Orlegi en el Sporting arranca con empate (1-1) y buenas sensaciones

Los rojiblancos sacas un punto en Anduva al igualar las fuerzas con el Mirandés, tras rozar la victoria con un gol anulado por el VAR a Otero en los minutos finales

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En imágenes: así fue el empate del Sporting en Anduva

A este renovado Sporting le amargó el VAR y la mala fortuna en los metros finales para ganar en el inicio de la era Orlegi. Empató (1-1) en Anduva ante un Mirandés batallador, pero las mejores ocasiones, las más claras, fueron para los gijoneses. Si alguien pudo o mereció ganar fueron los de Abelardo, que bien puede irse contento con el empeño de los suyos. Los fichajes dejaron buena nota y Gragera volvió a ser aquel futbolista talentoso que apuntaba maneras. Marcó un gol, un golazo, a pase de Cote, que se reestrenó con un partido completo y una asistencia. El primer paso de la maratón es positivo, a pesar de lo que diga el botín. 

 Le costó una barbaridad al Sporting entrar en el encuentro. Joseba Exteberria, el entrenador que puso en la mesa Javi Rico para reemplazar en su momento a Gallego (y rechazó Javier Fernández), mandó a los suyos apretar arriba. Entre Óscar Rey, Salinas y Juanlu asfixiaban a los rojiblancos, este sábado de amarillo, ahogados. Anduva, entregado. Fueron quince minutos de angustia. De sufrimiento. Pero apareció Queipo. No sé sabe si es extremo izquierdo o derecho, o si es mediapunta, pero este chico (20 años cumplidos en mayo) tiene ese algo que no abunda en el fútbol: descaro. Que no confunda su físico liviano. Tiene una visión enorme. Así, le dio dos a Djuka, precisamente donde le gustan al delantero balcánico: al espacio, con metros para ganar a los centrales. Ramón venció en la primera, con una gran mano. Y a la segunda, el estandarte del proyecto la mandó fuera por centímetros.

Del 0-1 al 1-0. Cuando los de Abelardo parecían haberse sacudido el dominio. Pedro, ayer errático, despistado, perdió un balón peligroso. Juanlu vio a Nico; y este (el más talentoso de los rojillos, otro acierto de Chema Aragón) se la cedió a Salinas, que conectó un golpeo potente, con maldad, de esos que puede ser un mal tiro o el mejor pase del mundo. La pelota la enganchó Raúl, que la mandó a la red de primeras. Un mazazo. Entonces, se levantó el Sporting. Fue una reacción rápida, de equipo con carácter. Queipo forzó una falta. Cote puso un balón preciso al área y apareció por los aires un cabezazo de foto de José Gragera. Conectó con tanta fuerza con la cabeza que casi preció un remate de volea, digno de Quini. Imposible para Ramón. En realidad, para nadie. El partido creció.  

Los de Abelardo se quitaron un peso de encima. Fueron a por más. Hubo un momento, antes del descanso, donde olieron sangre. Tampoco se incomodó el Mirandés, que parece disponer otra vez de un plantel repleto de jugadores que acabaran haciendo ruido en Primera. Cosas de este audaz director deportivo, capaz de anticiparse en el mercado ante su diminuta cartera: ficha mucho (solo repiten cinco), y ficha bien, jóvenes con talento, y esa piza de frescura y físico. Las cualidades del nuevo fútbol. Con el partido en tablas, Abelardo movió pieza: quitó a Pedro, desconocido, para estrenar a Zarfino. Le dio otro punto de consistencia a la medular el uruguayo.

El paso de los minutos fue mejorando al Sporting; el Mirandés vivía aferrado a las segundas jugadas que generaban las caídas de Raúl, bien defendido por Insua y Cali, dos mariscales por arriba y abajo, haciendo un gran estreno. Disparó con peligro Roberto López, cerca de la guardia de Mariño. Y luego se lanzó el Sporting. Llegó una ocasión clarísima, de Djuka. No se sabe si fue él quien pegó al balón o si el balón le pegó a él, pero acabó por evitar el gol en la misma línea Ramón. El aviso fue tremendo. Con el susto encima, Cristo tuvo en seguida otra para hacer el 1-2 gracias a un centro de Valentín, que comenzó como extremo derecho y acabó como lateral izquierdo. Quizá porque en la jornada inicial nadie siente el peligro, lo cierto es que los equipos parecieron jugar sin miedo. El Sporting fue a por todas. Y ahí apareció Otero. Primero con una maniobra excelente para irse de dos rivales y sacarse un duro disparo que el portero local acertó a sacarse de encima; y después para marcar un gol que pareció legal pero que anuló la tecnología tras unos minutos de suspense. Ahí se fue la victoria. Ahí se fue la opción de comenzar la nueva era con tres puntos. Le quedó una, pero fue al Mirandés: Juanlu la mandó a las nubes un balón cuando tenía todo para marcar, con la duda de si el centro había salido antes por línea de fondo. Así terminó el Sporting. Un punto de mejora. Ocasiones para ganar. Buen debut de los fichajes. Y buenas sensaciones.  

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