Nacho Méndez, el viaje del goleador del Marino que "no se sabía si era zurdo o diestro" hasta decidir un derbi: "Es su momento de más confianza"

"La dirección del equipo es él, le viene muy bien la forma de jugar de este Sporting", explica Juan Carlos Rodríguez "Sardín", su primer entrenador

Plantilla de la Escuela de Iniciación del Marino de Luanco en 2002. Por la izquierda, agachados, Juan Orselli, Javi, Álex, Nacho Méndez y Fran. De pie, Alberto, Félix, Pablo Suárez, Keko, Pelayo y Diego. | Reproducción de Ángel González

Plantilla de la Escuela de Iniciación del Marino de Luanco en 2002. Por la izquierda, agachados, Juan Orselli, Javi, Álex, Nacho Méndez y Fran. De pie, Alberto, Félix, Pablo Suárez, Keko, Pelayo y Diego. | Reproducción de Ángel González / Ángel Cabranes

Ángel Cabranes

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Al margen de Natalia y Fernando, sus padres, pocas personas conocen mejor la evolución y trayectoria de Nacho Méndez que "Sardín". Juan Carlos Rodríguez ha sido el vecino que le ha visto crecer "prácticamente a 200 metros de su casa" en Luanco y algo más. Fue su primer entrenador en el Marino y, tras comenzar a trabajar como ojeador del Real Madrid en el norte de España, quien envió "algún informe" a la capital sobre un centrocampista que "en juveniles ya se veía que iba a aspirar a metas altas". "Sardín" hace un matiz interesante sobre la temporada del héroe y goleador rojiblanco en el último derbi: "No es que sea su mejor momento, es que es su momento de mayor confianza".

Juan Carlos Rodríguez, «Sardín», con la foto en la que posa junto al equipo del Marino que entrenó, en el que Nacho Méndez aparece agachado, segundo por la derecha. | Ángel González

Juan Carlos Rodríguez, «Sardín», con la foto en la que posa junto al equipo del Marino que entrenó, en el que Nacho Méndez aparece agachado, segundo por la derecha. | Ángel González / Ángel Cabranes

"Ha tenido la suerte de encontrarse con un entrenador que entiende ese juego asociativo, ese fútbol más vistoso. Con otro estaría como lo vimos años anteriores, buscando una salida", resume "Sardín" sobre la gran temporada que está protagonizando Nacho Méndez. "Es el alma, la dirección del equipo. La pose, el temple, el marcar los tiempos... Además, tiene al lado un gran Christian Rivera, un pivote más posicional. Eso le da más libertad para un juego dinámico. Le viene muy bien la forma de jugar que tiene este Sporting", resume.

"Sardín" conoció a Nacho cuando "era un enano". El Marino acababa de poner en marcha la Escuela de Iniciación, abierta para niños de 4 a 6 años, y él fue el encargado de coordinarla y de ser el entrenador de los más pequeños. Entre ellos, un Nacho Méndez que, sorprendentemente, le pegaba con desparpajo con las dos piernas. "Tuve que preguntar a la madre si era zurdo o diestro. Entonces era muy rápido, tenía regate y desborde por ambos perfiles. Apuntaba a ser un buen extremo, y mire, al final terminó de centrocampista", recuerda mientras muestra las fichas de algunos de los primeros partidos que disputó el rojiblanco. "En este metió cinco, en este otros dos. Destacaba mucho", sentencia.

A la siguiente temporada, en 2003, "Sardín" se fue al Real Madrid para integrarse al departamento de "scouting" (tarea que combina ahora con su labor como empleado municipal en el colegio La Canal) y Nacho cambió poco después el Marino por el Roces, donde continuó con su formación hasta alevines. "Jesús Oliveros le marcó como entrenador en el Roces. Se desarrolló en el juego de equipo, y en la técnica. Fue cuando le llamó el Sporting. Entonces, como por trabajo me tocaba estar atento a Mareo, volví a seguirle la pista hasta sub-23. Siempre tuvo personalidad, siempre fue un jugador de querer tener el balón y tomar decisiones. Después de terminar juveniles dio un paso más", detalla.

"Sardín", descubridor para el Madrid de talentos como Joselu, Rodrigo o Sergio Canales, aprovechaba incluso los días en los que se cruzaba con Nacho Méndez por Luanco para apretarle y darle algún tirón de orejas. "Él tiene carácter y a veces tocaba reñirle. No soportaba verle protestar a los árbitros y esas cosas", desliza, entre risas. Ahora, en su rostro se nota la satisfacción de ver triunfar al guaje que descubrió en el Marino. "Está cogiendo peso y galones en el equipo y tiene solo 25 años (cumple 26 el mes que viene). Si las lesiones lo respetan y si siguen apostando y creyendo en él, irá a más", sentencia.