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Pandemia de adicciones: así disparó el confinamiento las conductas compulsivas

El encierro en casa incrementó el uso de videojuegos y la ingesta de alcohol, aunque frenó el tráfico de drogas

Pandemia de adicciones

Entre los múltiples daños colaterales que ha provocado la pandemia de coronavirus, hay un aspecto de la salud mental de las personas en el que se ha registrado una reacción contradictoria: el terreno de las adicciones. En esencia, el confinamiento de la primavera propició una retracción del consumo de

La incidencia de la pandemia sobre las adicciones es un asunto de preocupación creciente entre los expertos. Tanto es así que es precisamente a la problemática derivada de la pandemia a la que se dedican las XXII Jornadas Municipio y Adicciones de Oviedo, que comenzaron esta semana, en formato online. Iñaki Markez, responsable del área de psiquiatría del Instituto Vasco de Psicoterapia (Zubiok) fue el encargado de la ponencia inaugural, en la que trazó este desequilibrio entre la evolución, durante el confinamiento, de las adicciones asociadas a una sustancia respecto al crecimiento de las adicciones conductuales. “El confinamiento supuso un reto, una experiencia social que no había sido conocida. También afloraron vivencias de soledad, y muchos sufrieron síntomas asociados a la ansiedad”, relató Markez, que considera que el mayor consumo de psicofármacos requerirá, en el futuro, de terapias encaminadas a evitar adicciones. En este contexto, continuaba el experto, se aprecian “muchos cuadros psicológicos y psiquiátricos, y seguirán apareciendo en los próximos meses y años”, especialmente los relacionados con adicciones, “que requerirán una atención específica”.

En relación a las adicciones conductuales, especialmente las vinculadas al consumo de internet y a los videojuegos, los especialistas alertan de que el confinamiento aumentó un conjunto de riesgos a los que están expuestos los adolescentes. Joaquín González-Cabrera, docente e investigador de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de La Rioja e investigador principal del Grupo de Investigación Ciberpsicología, trabaja en un estudio que evalúa cómo han evolucionado ocho riesgos de internet durante el confinamiento en preadolescentes.

Muchas familias han detectado adicciones de un miembro en el encierro

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El grupo de González-Cabrera divide estos riesgos en los relacionales (que serían ciberacoso, sexting, “online grooming” o ciberembaucamiento, y abuso online en la pareja) y disfuncionales (uso problemático de internet, trastorno de juego por internet, juego patológico online y la llamada nomofobia, que es el miedo irracional a permanecer un intervalo de tiempo sin el teléfono móvil). A grandes rasgos, avanza el especialista, los resultados de su estudio apunta a que varios de estos riesgos han aumentado durante el confinamiento, “y algunos de ellos de forma significativa, como el ciberacoso o el uso problemático de internet”.

Las apreciaciones de Iñaki Markez coinciden con los resultados del informe “Covid-19, consumo de sustancias psicoactivas y adicciones en España”, realizado por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, con fecha de julio de este año, y que cuantifica, a partir de miles de encuestas, la evolución de diferentes adicciones. En esencia, el informe constata un importante incremento del uso de internet y de los videojuegos, y también de la compra y consumo de alcohol, aunque sostiene que hasta un 71,9 por ciento de las personas encuestadas que se declaran consumidoras de sustancias ilegales “han cesado o han reducido la frecuencia o la cantidad de su consumo”, algo que se debe principalmente a que en el confinamiento había menos disponibilidad para comprar o recoger drogas y, así como menos oportunidades para usarlas.

Pese a reconocer la valía de la encuesta, los expertos matizan algunas de sus conclusiones. Eduardo Carreño, especialista en conductas adictivas y jefe de la Unidad de Desintoxicación del Hospital Nuestra Señora de Covadonga de Gijón, considera que el confinamiento ha disparado todo tipo de adicciones, y que incluso aquellas que, por causa de fuerza mayor, se han frenado, caso de las asociadas a sustancias ilegales, la consecuencia ha sido también negativa. En este caso, Carreño sostiene que “disminuye la oferta, porque hay más control sobre el tránsito de las personas y el tráfico de mercancías. Pero lo que sucede es que disminuye la cantidad de droga en el mercado y, la que llega, lo hace en peores condiciones, por lo que aumentan las circunstancias indeseables asociadas al consumo”.

A juicio de Carreño, el consumo de sustancias legales ha aumentado, con el agravante de que “los consumidores sociales, que antes iban a los bares y durante el confinamiento, o ahora con el cierre de la hostelería, no pueden hacerlo, pues lo que hacen es coger la bebida en el súper y la consumen a lo largo de todo el día. Y con más horas aumentan los consumos, y con mayor consumo sufren más deterioro”. Algo que, insiste, también sucede con el tabaco.

Según explica Carreño, esta circunstancia ha hecho especial mella en las personas que viven solas: “Para ellos ha sido un desastre. En cambio, y este es quizás la única cosa positiva de toda esta situación, muchos familiares de un adicto se han dado cuenta de sus problemas al tenerlos más tiempo en casa, y de hecho las llamadas pidiendo consulta han crecido mucho. Pero todo lo demás ha sido un auténtico desastre”.

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