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Blog Celuloide sin revelar - Christian Franco Torre

Christian Franco Torre

Tras fracasar estrepitosamente en su intento de convertirse en extremo derecho del Barça, Franco Torre centró sus esfuerzos en el estudio de la Historia del Cine. Colabora con LA NUEVA ESPAÑA y es autor del libro: Edgar Neville. Duende y misterio de un cineasta español (Shangrila Textos Aparte, 2015...

Sobre este blog de Cine

Curiosidad científica, espectáculo, vehículo de propaganda, disciplina artística... Desde su nacimiento, el cine ha jugado múltiples papeles. Pero su historia y su incidencia social quedan a menudo soslayados por su popularidad como espectáculo y por su capacidad para crear iconos.


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  • 06
    Agosto
    2015

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    Historias del cine Carlos Arévalo

    El alegato falangista de Carlos Arévalo

    Un grupo de operarios de la Filmoteca Española, encabezados por Ramón Rubio, entraron allá por 1993 en unas oficinas que medio siglo antes ocupaba la Compañía Española de Propaganda, Industria y Cinematografía, S.A. (CEPICSA). La empresa, que había tenido un largo recorrido como distribuidora durante el franquismo, había tratado de asentarse como productora en la inmediata posguerra. Una aventura frustrada que había durado apenas tres años (1942-1945) en los que habían realizado seis filmes.
    En aquellas dependencias, anegadas por el polvo, el equipo de la Filmoteca halló varias bobinas de película. Entre todas las latas, dos etiquetas llamaron poderosamente la atención de Rubio, ya que hacían alusión a dos películas míticas, ambas producidas por CEPICSA y realizadas en 1942, que se consideraban perdidas: Correo de Indias, de Edgar Neville, y Rojo y Negro, de Carlos Arévalo.
    Ambos filmes tenían un interés indudable. En el caso de Correo de Indias, la talla de su director le otorgaba una valía inmediata. Pero el caso de Rojo y Negro era diferente, ya que se trataba de una película "maldita", que había sido misteriosamente silenciada tras su estreno en mayo de 1942.
    Su director y guionista, Carlos Arévalo, era una figura singular. Escultor de profesión, durante la Segunda República ganó una plaza de profesor auxiliar para la asignatura de Modelo y Vaciado en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Oviedo. En paralelo, se sentía atraído por el cinematógrafo, y ya en 1934 había presentado un guión, germen de Rojo y Negro, a un concurso nacional.
    Tras el alzamiento del 18 de julio de 1936, Arévalo está en Madrid y logra que el gobierno de la República acepte el traslado de su plaza de Oviedo a la capital de España, habida cuenta de que no había comunicación entre ambas ciudades. En Madrid, el escultor será quintacolumnista de los insurgentes. Su hermano, identificado como falangista, sería recluido en una "checa" y posteriormente ejecutado, una suerte que también corrió el padre de ambos.
    Terminada la guerra, Arévalo se asentó como cineasta y logró cierto éxito con ¡Harka! (1941), una película bélica, con marcado carácter propagandístico, ambientada en Marruecos. La buena acogida del filme hizo que Arévalo se metiese en la pomada, en competencia con José Luis Sáenz de Heredia, para dirigir Raza, según el argumento escrito por un tal "Jaime de Andrade", seudónimo del mismísimo Francisco Franco.
    Arévalo, no obstante, declinó competir por este filme y acordó con CEPICSA filmar para ellos Rojo y Negro, evolución de su guión republicano adaptado a la Guerra Civil. Una producción, además, que contaba con un atractivo añadido: el protagonismo de Conchita Montenegro, actriz española que había logrado cierto éxito en Hollywood para después alcanzar el estrellato en Francia e Italia, y que acababa de retornar a España.
    El argumento de Rojo y Negro se centra en Miguel y Luisa, una pareja enamorada desde niños que se descubrirán en bandos opuestos con el estallido de la Guerra Civil: ella, falangista declarada, con los insurgentes; él, de ideología comunista, con los republicanos. En medio del conflicto, la joven es apresada, internada en una checa –donde la viola un brutal carcelero–, y posteriormente ejecutada. Esto lleva a la locura a Miguel, que termina enfrentándose a la policía en un arrebato suicida.El alegato falangista de Carlos Arévalo

    La checa de Rojo y Negro

    En paralelo, Arévalo desarrolla un denso discurso preñado de imágenes simbólicas con las que traza un relato de las circunstancias previas al alzamiento desde la óptica nacionalsindicalista. Pero la película, y esto es relevante, no abraza la mezcolanza franquista, sino que asume una lectura próxima a un falangismo purista, joseantoniano, previo al decreto de unificación.
    Además, Rojo y Negro hace gala de un radicalismo formal que la vincula de manera evidente a la vanguardia soviética y especialmente a un Sergei Eisenstein al que Arévalo homenajea introduciendo unos fotogramas de El acorazado Potemkin (1925) en su película.
    Pero este radicalismo y su marcado posicionamiento ideológico, que entre otras cosas lleva a Arévalo a ignorar la participación de los militares en el alzamiento, provocó la extraña retirada de la circulación del filme tras su estreno, certificada tras un visionado privado en el palacio de El Pardo. Rojo y Negro no volvería a proyectarse hasta medio siglo después, cuando los técnicos de Filmoteca Española hallaron un negativo del filme en una polvorienta oficina abandonada de Madrid.

     

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