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Christian Franco Torre

Tras fracasar estrepitosamente en su intento de convertirse en extremo derecho del Barça, Franco Torre centró sus esfuerzos en el estudio de la Historia del Cine. Colabora con LA NUEVA ESPAÑA y es autor del libro: Edgar Neville. Duende y misterio de un cineasta español (Shangrila Textos Aparte, 2015...

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Curiosidad científica, espectáculo, vehículo de propaganda, disciplina artística... Desde su nacimiento, el cine ha jugado múltiples papeles. Pero su historia y su incidencia social quedan a menudo soslayados por su popularidad como espectáculo y por su capacidad para crear iconos.


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  • 19
    Julio
    2015

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    Historias del cine F.W. Murnau

    El destino trágico de F.W. Murnau

    La reciente profanación de su tumba para robar su calavera, supuestamente con objeto de utilizarla en algún tipo de ritual, ha invocado el mito que rodea a la trayectoria vital y profesional de Friedrich Wilhelm Murnau (1888-1931). Uno de los cineastas más relevantes de la Historia del Cine, en torno a cual proliferan las leyendas por la vertiente fantástica de su filmografía y por su controvertida muerte.

    El destino trágico de F.W. Murnau

    Aunque ya había dirigido algunos filmes de cierta enjundia, especialmente El castillo Vogelöd (Schloß Vogelöd, 1921), Murnau –que se había formado en el ámbito teatral trabajando con el prestigioso Max Reinhardt– alcanzó notoriedad con Nosferatu, una sinfonía del horror (Nosferatu. Eine Symphonie des Grauens, 1922), obra maestra del cine de terror y una de las cumbres del cine de la República de Weimar.

    En aquella época, y a rebufo del éxito de El gabinete del doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, Robert Wiene, 1920), una vertiente del cine alemán se orientó hacia un cine de corte fantástico, iluminación contrastada y sugerente puesta en escena: fue el movimiento conocido como “Expresionismo”, aunque algunos historiadores ponen el término en tela de juicio. Sea como fuere, Murnau logró con Nosferatu una película esencial, cuyo gran éxito internacional se vio empañado por una controversia sobre los derechos de autor.

    Y es que la película era una versión, bastante fiel además, del Drácula de Bram Stoker. Una circunstancia que no pasó desapercibida para la viuda del escritor irlandés, que no vio un centavo por el filme. Por ello, la mujer denunció a los productores y ganó, reclamando la destrucción de todas las copias del filme.

    Para entonces, no obstante, Nosferatu era un éxito internacional, lo que permitió que se conservasen diversas copias. La controversia, en todo caso, generó una leyenda negra en torno a un filme que tenía ya de por sí diversos elementos controvertidos: desde la alucinante actuación de Max Schreck hasta los símbolos ocultistas incluidos por Murnau en diversos pasajes, pasando por el trabajo del decorador Albin Grau, integrado en la Orden del Templo del Este, una sociedad secreta de carácter esotérico.

    El destino trágico de F.W. Murnau

    La leyenda negra sobre Nosferatu, de hecho, dio para una película: La sombra del vampiro (Shadow of the Vampire, 2000), un delirio de Elias Merhige con John Malkovich interprantando a Murnau y Willem Dafoe a un Schreck tornado en auténtico vampiro.

    Tras este éxito, Murnau filmó otras películas de calado como la esencial El último (Der Letzte Mann, 1924) o Tártufo (Herr Tartüff, 1926), antes de retornar al terror con una memorable versión del Fausto de Goethe (Faust, 1926).

    El destino trágico de F.W. Murnau

    Esta última película le abrió las puertas de Hollywood, donde nada más llegar firmó otra obra maestra: Amanecer(Sunrise, 1928). Una película que revolucionó el cine americano y cambió incluso la trayectoria de un cineasta ya consolidado pero que daría lo mejor de sí mismo en las décadas siguientes: John Ford.

    A Murnau, no obstante, no le irían tan bien las cosas. Su difícil encaje dentro de las dinámicas de la industria, un par de reveses comerciales y una vida poco decorosa, con tendencias bisexuales y una fascinación por los criados jóvenes y orientales, le llevó a una encrucijada en su carrera. Ante esa tesitura, Murnau lo arriesgó todo y se fue con el documentalista Robert Flaherty a los mares del sur, donde rodó una nueva obra maestra: Tabú.

    Este filme volvió a abrirle las puertas de Hollywood, pero no pudo disfrutar de su triunfo: falleció tras sufrir un accidente de tráfico cerca de Santa Bárbara, el 11 de marzo de 1931. Según Kenneth Anger, en la ciudad se dijo que el propio Murnau había causado el accidente al practicar una felación a su criado filipino de 14 años, que conducía el coche.

    A su funeral sólo asistieron once personas, entre ellas Greta Garbo y Edgar G. Ulmer. Pero aún más trágico es saber que, de las 22 películas dirigidas por F. W. Murnau, se conservan menos de la mitad.

     

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