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Blog Celuloide sin revelar - Christian Franco Torre

Christian Franco Torre

Tras fracasar estrepitosamente en su intento de convertirse en extremo derecho del Barça, Franco Torre centró sus esfuerzos en el estudio de la Historia del Cine. Colabora con LA NUEVA ESPAÑA y es autor del libro: Edgar Neville. Duende y misterio de un cineasta español (Shangrila Textos Aparte, 2015...

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Curiosidad científica, espectáculo, vehículo de propaganda, disciplina artística... Desde su nacimiento, el cine ha jugado múltiples papeles. Pero su historia y su incidencia social quedan a menudo soslayados por su popularidad como espectáculo y por su capacidad para crear iconos.


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  • 17
    Febrero
    2016

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    Historias del cine Michael Cimino

    La película que enterró el "nuevo Hollywood"

    Una revolución sacudió Hollywood en la década de los setenta del pasado siglo. Un grupo de cineastas, en su mayoría con formación universitaria y muy influidos por el cine foráneo, llevó aires nuevos a una industria exhausta. Eran "los chicos de la Universidad", los directores que forjarían el llamado "Nuevo Hollywood". Entre los abanderados de esta generación, que había tomado las riendas de la industria a rebufo de las motos de Easy Rider (Dennis Hopper, 1969), figuraban cineastas como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Steven Spielberg o George Lucas.
    Durante una década, los estudios de Hollywood se entregaron a estos directores, liberándoles de la correa de los productores. Pero esta singular política de autores de la industria norteamericana se hizo añicos con un contundente desastre económico: el de La puerta del cielo, que en 1980 acabó con la United Artists –la mítica productora fundada en 1919 por Douglas Fairbanks, Mary Pickford, Charles Chaplin y David Wark Griffith– y motivó el prolongado ostracismo de su director, Michael Cimino. Una película que ahora, con una reedición recién salida del horno, está siendo objeto de una revisión crítica.

    La película que enterró el
    Neoyorquino de nacimiento, Cimino se había distinguido con su labor como guionista en la película de culto Naves misteriosas (Douglas Trumbull, 1972) y en Harry el fuerte (Ted Post, 1973), segunda parte de las andanzas de Harry "el sucio" Callahan en la que Cimino compartía créditos con otra figura distinguida de esa generación: John Millius. Fue sin embargo la estrella de esta segunda película, Clint Eastwood, el que dio la alternativa como director a Cimino al comprar su guión Un botín de 500.000 dólares para su productora, Malpaso.
    La película fue un éxito y franqueó a Cimino las puertas de la Universal, que financió su siguiente proyecto: El cazador. Protagonizado por Robert de Niro y Christopher Walken, el filme se centra en un grupo de amigos de Pennsylvania que se enrola para servir en la guerra de Vietnam y cuyas vidas quedan destrozadas tras ser apresados por el Viet Cong, que los obliga a jugar a la ruleta rusa. Pese a su crudeza y su componente crítica, El cazador removió algo en el subconsciente de los norteamericanos, que veían en pantalla la plasmación perfecta de lo que había sido la guerra para el país: una tétrica ruleta rusa que había acabado con toda una generación de jóvenes.
    El cazador fue un éxito resonante tras su estreno en diciembre de 1978. El colofón llegó con los Oscar: la película se hizo con cinco premios, incluidos el de Mejor Película y el de Mejor Director para el propio Cimino.
    Tras este espaldarazo, la United Artists dio carta blanca a Cimino para que rodase con ellos su siguiente película. El cineasta, por su parte, no desaprovechó la ocasión y se propuso rodar la monumental La puerta del cielo, una reflexión sobre la colonización de Norteamérica desde una óptica marxista y en clave de western.
    Aprovechándose de la ausencia de controles por parte del estudio, Cimino se rodeó de un reparto de carácter encabezado por Kris Kristofferson, Christopher Walken e Isabelle Huppert, y recreó con todo lujo de detalles el Wyoming de 1870. Cuando acabó el rodaje, entregó al estudio un montaje de tres horas y treinta y cuatro minutos, y un rosario de facturas por un montante total de 36 millones de dólares.
    La magnitud de ese presupuesto no puede ser valorada en justicia sin tener en cuenta la inflación. Para hacernos una idea: El imperio contraataca costó 18 millones de dólares. Exactamente la mitad de lo que invirtió Cimino en La puerta del cielo en ese mismo año de 1980.
    Pero eso no fue todo. La película gozó de un preestreno en Nueva York el 18 de noviembre de 1980. La crítica se cebó con el filme. Peter Biskind, autor del relevante ensayo Moteros salvajes, toros tranquilos, repesca una de estas críticas en su libro, la realizada por Vincent Canby para The New York Times: "La puerta del cielo es un desastre tan absoluto que podríamos sospechar que el señor Cimino vendió su alma al diablo para obtener el éxito que obtuvo con El cazador y que ahora el diablo ha vuelto para cobrar".
    Los directivos de United Artists, atemorizados por las críticas, invirtieron otros ocho millones de dólares en remontar el filme para adelgazar su duración hasta las dos horas y media. El resultado fue catastrófico: el remontaje destrozó el desarrollo narrativo, y la película sólo recaudó 1,3 millones de dólares en su estreno. Para más inri, al centrarse tanto en el filme de Cimino la productora descuidó Toro salvaje, una obra maestra de Scorsese que fracasó en taquilla por una deficiente promoción.
    La United Artists acabaría quebrando y sería absorbida por la Metro Goldwyn Mayer. Cimino quedó marcado para la industria y el resto de productoras, con Paramount a la cabeza, se apresuraron a limitar el poder de los directores. El propio Scorsese, uno de los abanderados de aquel "Nuevo Hollywood" que claudicaba en las praderas de Wyoming, lo percibió con claridad: "La puerta del cielo nos debilitó a todos. Yo supe entonces que esa película señalaba el final de algo, que algo había muerto".

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