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  • 28
    Octubre
    2013

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    vacaciones viajes destino crisis

    T(N)PA

    No suelo ver la tele, salvo algún documental o similar, así que no puedo decir que me cabree mucho. Pero hay ocasiones en las que te ves colocado delante de una pantalla ajena encendida y no tienes confianza suficiente para pedir que la apaguen o cambien el canal. No te queda más remedio que tragar un ratito hasta que puedas inventar alguna excusa creíble para largarte. Aunque, si se trata de huir de ciertos programas especialmente nauseabundos, no hace falta que la excusa sea creíble ni, de hecho, siquiera excusa. Estas torturas, por pasajeras, no son especialmente graves, pero hasta las pequeñas molestias llegan a indignar cuando son muy persistentes y el Tele Nodo del Principado, con sus coros y danzas y sus inauguraciones, lo es.

    Será casualidad, pero cada vez que me veo abocado a disfrutar de nuestra tele autonómica sólo salen en ella personas mayores cantando o contando cosas de nuestro maravilloso y legendario pasado y políticos veteranos explicándonos lo maravilloso que será nuestro hipotético futuro gracias a ellos. Sin embargo, lo verdaderamente interesante sería lo contrario: que nuestros prebostes cantaran y nos contaran todas las trapacerías cometidas en el reciente pasado y que los ciudadanos nos explicaran cómo ven el futuro próximo gracias a ellos. Y no es que tenga nada contra la preservación y difusión de nuestra cultura tradicional, que va desapareciendo arrastrada por una crisis demográfica que, día a día, va dejando el ámbito rural con menos paisanos y más saltamontes. Cosa que, curiosamente, también sucede en al ámbito político debido a la crisis democrática: los paisanos desaparecen y los “saltaprados” proliferan.

    Quizás, después de todo, nuestro Tele Nodo sea un fiel reflejo de la sociedad asturiana. Somos una población envejecida que mira al pasado, con una clase dirigente que medra en medio de la decadencia. Paisanos que se esfuerzan gratuitamente en defender las tradiciones y políticos que cobran dos veces por soltar el mismo discurso vacío: una en el parlamentín y otra en el debatín de la tele. Ninguna voz discrepante, ningún pensamiento independiente. Todos compinchados en el reparto del pastel. Nepotismo, amiguismo y demagogia. Los mediocres prosperan con su carnet o el de sus papis y los capaces se ven obligados a emigrar. Mientras haya burros, iremos a caballo.

     

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