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Gurús del Tartiere

Este blog está redactado por Chema Ordóñez, Juan Antonio Ardura y José Luis Salinas, veteranos periodistas de LA NUEVA ESPAÑA.

Sobre este blog de Deportes

Tres aficionados del Real Oviedo comentan sus andanzas y desvelos tras los pasos del equipo en una temporada marcada por la exigencia de retornar al fútbol profesional. No esperen comentarios políticamente correctos ni peloteo.


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  • 05
    Octubre
    2014

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    Aprender, corregir, crecer

    Si mi equipo tiene que perder que sea  como en Valladolid, con las botas puestas. Hartos estamos de derrotas perroneras, sin jugar a a nada, las más de las veces: apenas recuerdo ninguna derrota injusta de la pasada temporada. El primer revés llegó, tenía que llegar más tarde o más temprano. La clave estará en no acostumbrarse demasiado a esa cara que se nos queda cuando después de remar contra corriente todo el partido se van los puntos en el último suspiro, sin tiempo para la reacción. El porcentaje de acierto del Valladolid B resultó espectacular  con goles, justo es reconocerlo, espléndidos. Puestos a perder, también mejor que sea por golazos que no por esos barullos o rebotes que tantos disgustos nos han dado en los últimos años. De la primera derrota de la temporada conviene sacar conclusiones. La lesión de Bautista demostró las carencias que hay en algún puesto. La plantilla es corta y la temporada, larga muy larga, nada menos que 40 partidos de Liga (en el mejor de los casos, Copa aparte) en los que no vale sólo ser regular todo el año, porque cuando hay que estar súper es al final en las eliminatorias por el ascenso.  Sirva de ejemplo, muy lejano pero vivo en la memoria del oviedismo, la transformación y el crecimiento del equipo que logró otro ansiado ascenso, a Primera División, en 1988. De la alineación que empezó la temporada al once que culminó en Mallorca una gran temporada hubo varios cambios, que el entrenador de entonces, Vicente Miera, fue perfilando, madurando a lo largo del año. Había fondo de armario, en la plantilla  y en una cantera que realizó dos aportaciones sobresalientes, Luis Manuel y Bango, titulares en el tramo decisivo. Puestos a recordar, aquel año los filiales también se le atravesaron al Oviedo, que en seis partidos con el Castilla, el Barça B y el Bilbao Athletic sólo sacó dos empates, vamos 2 puntos sobre los 12 posibles de entonces. Claro que los rivales no eran cualquier cosa. Un tal Vicente del Bosque entrenaba a aquel Castilla en el que jugaban Aragón, Aldana, Lopetegui  o Caminero. En el Barcelona Atlético nos amargó la tarde en el Tartiere un chavalín, Amor,  del que hablaban maravillas en las páginas que la prensa deportiva catalana ya dedicaba entonces  a su cantera de la que también formaban parte Milla, Roura, Carreras, Cristóbal, el lateral que luego brilló en el Oviedo de Primera, o un Rojo que había triunfado en el primer equipo del Barça y que buscaba la puesta a punto de una complicada lesión jugando en el filial en campos como el viejo y querido Tartiere. Y del Bilbao Athletic , sólo con recordar que nos marcó dos goles Ander Garitano  en un  equipo que también daba minutos a Urrutia y a Alkorta y al que aquel año entrenaron Iribar e Iñaki Saéz ya está todo dicho. Los filiales son descarados, frescos y si les sale el partido, como le ocurrió al Valladolid B, amargan al más serio y comprometido de los equipos. Ahora queda aprender de los errores, corregir las carencias, mantener la comunión equipo-afición, que también se respiró, pese a los contratiempos, en aquel ya lejano ascenso y crecer, juntos, para disfrutar de cada domingo con dosis por un igual de humildad e ilusión.   

     

    Juan Antonio Ardura

     

     

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