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Hay que ser fan de lo que hay
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Rosa Lombas

Me llamo Rosa Lombas, tengo 26 años y soy de Oviedo. Me gustan la ciencia ficción, el feminismo y la música rock. Estudié filosofía, así que no tengo un oficio definido. En marzo de 2016 me diagnosticaron leucemia. Ingresé entonces en el HUCA, desde donde escribo este blog.

Sobre este blog de Salud

Leucemia con humor


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  • 25
    Abril
    2016

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    Oviedo salud

    Los jueves se me cae el pelo

    Los jueves se me cae el pelo. Esto es así desde la tercera sesión de la quimio que me dan los lunes. Como ya me lo había rapado hacía un par de semanas, lo que se me caen son pelitos de poco menos de un centímetro, así que por las mañanas parece que familia de puercoespines hubiera pasado la noche rebozándose en mi almohada.

    https://www.youtube.com/watch?v=yFWlHxml_yM

    Los lunes me ponen quimio, y los jueves pierdo pelo. Es algo así como quien sale un lunes de trabajar y decie correrse la juerga del siglo. El martes sigue de juerga, el miércoles no sabe quién es, y el jueves, resaca mediante, aparece por la oficina. Pues yo igual. De martes a jueves tengo resaca de quimio, los jueves mudo y el viernes empiezo a “espolletar”. Ahora ya tengo la típica cabecita koyak más blanca que peluda, lo cual celebro, porque si no todo el asunto de raparse no hubiera tenido ningún propósito. Además, ya puestos a tener cáncer y tal, por lo menos que se te caiga el pelo, así tienes carta blanca para espatarrarte en lugares públicos y otros privilegios a los que puedes acceder simplemente diciendo la palabra que empieza por c. Las cejas, de momento, permanecen en sus puestos. Así pues, y como ya empiezo a padecer los síntomas del temible fármaco, he decidido dedicar esta entrada a contaros un poco cómo me está sentando la cosa.

     

    Los jueves se me cae el pelo

     

    Cuando empezó todo este sarao, es decir, cuando fui diagnosticada (hablo de las dos primeras semanas allá en el St. Bartholomew’s Hopital y las dos primeras aquí en el HUCA), cada día era como si fuera mi cumpleaños, Navidad y el día de Reyes, todo a la vez. Todavía no estaba con las defensas bajas, con lo que podía recibir visitas a tutiplén, sobre todo en Londres, donde llegamos a hacer una especie de mini concierto en la salita en el que una señora muy mayor le acabó pidiendo al Almirante que se tocara unos temas de Elvis. Todo eran bombones, cupcakes, regalos y merendolas con todos los amigos que venían cada día por allí (¡realmente no sabía que había hecho tantos amigos en Londres!). La quimio todavía no había empezado a hacer de las suyas y, por el contrario, los esteroides que me dan como medicación complementaria me activaban de lo lindo y me ponían de un humor excelente (ver punto tres del post “Hay que ser fan de lo que hay”: Drogas gratis).

    Pero no todo el monte es orégano, o, si preferís, a todo cerdo le llega su San Martín, y ahora, y aunque siguen tratándome como a una reina mora, los achaques de la quimio han hecho acto de presencia y estoy un poco más jorobada, como no podía ser de otra manera. En jerga médica, llaman “estar aplasiada” a ese estado en el que tus defensas ya han bajado a niveles críticos. A mí me encanta esta expresión, me suena a telenovela total: “Don Arturo José, sabe que lo añoro pero no venga usté hoy a verme, que estoy aplasiada ya usté sabe mi amol”. Pues en eso consiste un poco el aplasiamiento: en estar tirado en modo gato, echando siestas todo el día, a veces con algún dolorcillo o pinchazo aquí y allá con el que lidiar, otras simplemente en plan mareo de coche, nada del otro mundo.


    Después de la aplasia, cuando tus defensas van subiendo, te mandan a casa y es allí donde tienes que enfrentarte a la resaca del que la lió parda aquél lunes. Pero, al menos en mi caso, no es más que eso: un resacón. Nada que cualquier asturiano de a pie no conozca de primera mano. Y por el momento, si bien dura más días, el asunto no deja de ser parecido al nivel Resaca De Sidra (RDS Level), o si me apuras, incluso más light. El RDS level me tendría postrada en la cama en posición fetal, sudando el Ebro en frío, palangana en mano vomitando cada dos por tres, con un tono facial tirando al verde musgo. Si no habéis tenido el gusto de pasar este nivel, podéis compararlo a la típica gastrointeritis heavy metal. Bien, pues todo esto, achaques que una persona media conoce por experiencia, es, de momento, peor y menos llevadero que la quimio, en mi caso al menos. Mi amiga Rebeca Campa, vecina de la quinta planta en el HUCA y supermujer guerrera donde las haya, dice que, con todas las drugs que le ponen para paliar los efectos de la quimioterapia, está como para salir de fiesta ahora mismo. Y eso que le están poniendo quimio una semana entera a la tía. Admito que ahora mismo mis fuerzas y vigor son más bien los propios de una vieja decrépita, pero de dolores y molesias no me puedo quejar, y lo de las fuerzas mejora día a día.

    Cierto es, hay que dejar claro, que cada persona y cada tipo de cáncer es un mundo, y por desgracia también tengo cerca a personas que han pasado quimios tremebundas, RDS level pasado muchas pantallas ha. Es el caso de mi tía Eva, que acaba de superar un cáncer de mama, y que cada vez que le ponían quimio estaba vomitando tres días seguidos sin parar.
    En cualquier caso, yo quiero pensar que los momentos de dolor físico servirán para regocijarme cuando me levante y vuelva a tener todas mis energías conmigo. ¡Eh! Y a lo mejor siguen dándome esteroides después de que mis defensas hayan vuelto a subir, y vuelvo a estar no sólo en forma sino artificialmente eufórica una temporada, todo el día sin parar, o sea colocada como una perra.

    De momento, cuando tengo un mal día y no puedo hacer mucho más que tumbarme presa de algún vil efecto secundario de las medicinas que me dan, pienso en esa escena de El Club de la Lucha en la que Tyler Durden le hace al prota una quemadura química en la mano, y, al ver que éste trata de evadirse del dolor pensando en pingüinos le dice: “¡Este es el momento más grande de tu vida y estás por ahí perdiéndotelo!”. Bien, yo no lo llamaría momento más grande de mi vida a estar en posición fetal con cara de culo y una toalla por si acaso, no lo pondría en el vídeo de mis mejores momentos con Wouldn’t it be nice de los Beach Boys sonando de fondo, pero una cosa es cierta: cuando esté en plena forma lo voy a valorar muchísimo más después de haber pasado por esta fase de aplasia, mon amour.

    Eso sí, no voy a mentir: yo sí que me evado, ¡vaya que si me evado! Me ciño a pies juntillas a aquello que decía Oscar Wilde: “Señor, líbrame del dolor físico, que del moral ya me ocupo yo”. Y no lo hago con mi mente, buscando a mi animal zen: No. Yo le doy al botón rojo compulsivamente y pido que me enchufen barra libre de calmantes, analgésicos, anti náuseas, laxantes, lo quiero todo. Y en un ratín me encuentro ya mucho mejor. Maravillas de la medicina moderna.

     

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