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Toño Suárez

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  • 30
    Agosto
    2017

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    Oviedo Deportes

    Camisetas de colores

    Desde el día que se consumó uno de los descensos más vergonzantes de la historia del Real Sporting de Gijón a segunda división y se certificó la muerte en la orilla de los play offs de ascenso a primera división del Real Oviedo, una vez más, el derbi tantos años aplazado comenzó a sobrevolar el nido del cuco, amenazando con un aburrimiento sin límites hasta la llegada del evento. Y claro, perdida la costumbre, se olvidaron con ella las formas de vivir y sentir un evento de estas características; es como cuando juegas en un equipo que nunca gana nada y, de repente, consigues un título; te quedas frío, te mareas en la rúa, no sabes celebrarlo, estas desubicado: vas poco más allá del ¡oé,oeoeoé! y ¡campeones, campeones! Falta chispa, falta dowm, falta tempo, ¡ay! woman del Callao, para lo que hemos quedao.

    Hay que entenderlo: a los que ya los vivimos nos pilla en estados más calmos y en la certidumbre de que el fútbol es la cosa más importante de las menos importantes, es decir: que el partido, en sí, nos la pela bastante, independientemente de que ninguno renuncie a la victoria, cuanto más humillante mejor, a ser posible; en cambio a los que les toca llevar el peso de la fogosidad del evento, el encargo les pilla de nuevos y solo saben de enfrentamientos por historias y hemerotecas: y , para más inri, en una época en que cogértela con papel de fumar es seña de identidad, cuando te conviene.

    Camisetas de colores

    No soy yo el faro adecuado para guiar a los no iniciados, ni a los que lo tienen olvidado y guardan el mismo ímpetu que antaño, sobre los mínimos que un derbi debe cumplir, lo que viene siendo el pack estándar del buen forofo futbolero, ya que los varios que yo viví fueron los de un ovetense de pro, aficionado al Real Sporting, viendo los partidos con todos sus amigos, del Real Oviedo, en la grada más animosa del antiguo estadio Carlos Tartiere, callado como una puta, se me permita la expresión: un cuadro, como os podéis imaginar; pero he recurrido a Twitter, ese inmenso congreso mundial donde se agolpan los mayores especialistas de cualquiera de las materias sobre las que tengáis alguna duda y no sepáis a dónde acudir: ingenieros, físicos, sociólogos, licenciados en ciencias políticas, seleccionadores nacionales de fútbol y hasta de bádminton, si se tercia.

    Pero también hay gente estupenda y muy ingeniosa. Tanto, que vivimos en un país al que Yassin,un yihadista trastornado ( he repetido dos veces el mismo concepto, lo sé) amenaza con arrasar en un vídeo y nosotros, lejos de acojonarnos, hacemos trending topic a su madre, la Tomasa. Hay que querernos. Hay que joderse.

    Uno de estos estupendos españoles que habitan la red es Isaac Corrales (@isaacfcorrales), oviedista para más señas (no sé si ovetense pero lo imagino), al que no tengo el gusto de conocer pero si el de reirme con sus cosas, y que ya ha hecho el trabajo por mí contándoos en tres sencillos tweets, queridos niños, el a,b,c de lo que viene siendo un derbi, desvelando los mínimos exigibles para no quedar como un cateto futbolero frente a la globalidad.

    Atentos:

    a)      Es un derbi. Quiero cánticos faltando, camisetas contra el otro equipo, pancartas en la Y griega.

    b)      El lunes, chistes y memes contra el equipo perdedor. Si gano, iré al trabajo escribiendo a sportinguistas, si pierdo estaré cuatro días sin wifi y sin dar señales de vida

    c)       ¿Estoy loco si quiero esto? Mientras no se llegue a la violencia física quiero esto, porque ESTO ES FÚTBOL. No me seáis Tebas

    Como podréis observar, no es tan difícil vivir un derbi con cierta dignidad: son cuatro conceptos mínimos, básicos: así que no me hagáis el ridículo con camisetas de colores, con mensajes ridículos. Lo de invadir la aldea es tan viejo como los muiles y el escaso gusto de las tiras cómicas que, sobre Oviedo, los ovetenses y los oviedistas, circulan por la prensa gijonesa. Yo no les doy la bienvenida de nuevo a los oviedistas ni les deseo lo mejor. Esto no es Disneyland París, no hay algodón de caramelo, ni unicornios ni princesas que esperan sentadas, o dormidas, a que un príncipe azul las rescate, las despose y las haga amas de casa. Las princesas ya son reinas y la cosa no funciona así.

    Esto es un derbi, señores

    Mantengamos las formas.

     

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