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La Cuarta Parte
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Toño Suárez

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  • En el túnel del tiempo

    En los tiempos en los que tener una antena parabólica en casa y poder disfrutar de la MTV, la original, no la bazofia de ahora, era cosas de unos pocos privilegiados había un quiosco en la calle Milicias Nacionales (vaya a saber usted como se llama ahora) que vendía, entre otras cosas, prensa extranjera; en el exterior del local, expuestas al viandante, podían verse ejemplares de Le Monde, de The Times ,quiero creer que de la Gazzeta dello Sport, quizá The New York Times…; aunque ahora parezca una pijada, aquel quiosco era la puerta a otra dimensión que te transportaba desde la más rancia Hoja del Lunes hasta un periódico con el papel de color rosa pasando por el Frankfurter Allgemeine Zeitung, un diario demoniaco, sin duda, a la vista de su cabecera impronunciable.

    En frente de aquel negocio, al lado del Peñalba, podíamos adentrarnos un rato en Liverpool, la única tienda que quedaba en Oviedo, tras el cierre de Discoteca, donde aún se podía oler a lp del bueno, donde se podía tocar y leer, no solo escuchar. No siempre ocurría pero se podía dar el día en el que salías de Liverpool con un 33 rpm bajo el brazo, a un precio razonable, cruzabas la acera, pasabas a la otra dimensión por la puerta del quiosco y, dentro, quizá, te estaba esperando un número de la Rolling Stone, la original: ¿el número de tres meses atrás?: sí. ¿Qué estaba en inglés?: también. ¿Y qué? Era la Rolling Stone, señores, por el amor de Dios: como si estaba escrita en braille: y si había que matar por el ejemplar a un despistao que te la quería levantar con tus zapatos de claqué o asfixiarlo con tu malla de ballet pues se hacía y punto: nos ha jodido mayo con las flores.

    Mucho años más tarde, cuando lo digital le quitó el encanto a tantas cosas, la Rolling Stone del siglo XXI publicaba una selección con los que ellos consideraban los 500 mejores lp´s de la historia (el Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band era el primero) y otra con las 500 mejores canciones de todos los tiempos donde el Like a Rolling Stone del díscolo nuevo premio Nobel de literatura, ocupaba la primera posición. Oye: para gustos colores: a los Beatles parece imposible no rendirles tributo pero yo es que a Bob Dylan lo tengo atravesao: y mira que no me ha hecho nada el muchacho pero a mí dame a Serrat y que los suecos se queden con Zimmerman y un palmo de narices de regalo de paso.

    Este fin de semana la Selección española de futbol visitaba el Molinón, en Gijón, para disputar un encuentro de la fase de clasificación para el próximo mundial de Rusia frente a la selección de Israel, un encuentro que trajo cola por temas estrictamente fuera de lo deportivo, algo muy de moda en los tiempos del cólera que nos toca vivir. Pese a llevarnos a conseguir dos Eurocopas y un Mundial del tirón parece que la animadversión hacia la Selección crece por momentos en el público en general no perdiendo oportunidad cada vez que la ocasión la pintan calva para recordarnos que su equipo no es España, que sus vientos soplan por su equipo del alma, ese que le desvela domingo sí y domingo también. Y eso que esta joven generación vio a la Selección habitar en lo más alto: si la llegan a sufrir en cualquier otro momento de su historia desde el 64 hasta el 2008, con un breve inciso en el 84 no quiero ni pensar lo que hubiera sido de la furia española.

    En el túnel del tiempo

    Mientras pensaba en las listas que en su momento publicó la Rolling Stone, tan discutibles en su composición, desde mi punto de vista, como respetables en sus conclusiones, se me ocurrió hacer una personal, mucho más modesta en cuanto a la cantidad y la repercusión, que consistía en deciros los tres goles que primero se me vinieran a la cabeza y que significaron algo para mí en su momento, así, a lo loco: viviendo al límite; y, curiosamente, los tres que me salieron fueron goles logrados por la selección, a saber: el primero, el de Señor en el 12-1 a Malta; el segundo el de Antonio Maceda ,de cabeza ,a Alemania en las semifinales de la Eurocopa del 84 y el tercero,lógicamente, el de Andres Iniesta que nos hizo campeones del mundo en Sudáfrica. Y no pasa nada oye : voy al Molinón desde que era un renacuajo y me llevaba mi tío Pepe de la mano, sufro con el Liverpool desde que vi a Alan Kennedy llevarse por delante con su gol al Real Madrid de los García y con el Barça desde que vi a mi padre hacerlo por él. Ser monógamo futbolístico creo que es un error pero, si lo pensamos bien,Bob Dylan es Nobel de literatura y tampoco ha pasado nada.

    Así que cada uno a su bola y Johan Cruyff con la de todos.

     

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