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  • 05
    Octubre
    2016

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    Oviedo
    Internacional

    Kaine y Pence, al rescate de sus "jefes"

    Timothy Michael Kaine, senador por Virginia y Michael Pence, gobernador de Indiana, escuderos de Hillary y Trump, respectivamente, debatieron el martes para dejar claro que serían capaces de morir –en sentido figurado- para más gloria de sus jefes. Los dos aspiran al cargo de vicepresidente, tal vez, el menos relevante del Gobierno Federal, a pesar de que el “vice” está llamado a sustituir al presidente en situaciones de emergencia o necesidad. Kaine, político, abogado y misionero, al que se le ha llegado a comparar con Kennedy, en España sería del ala conservadora del Partido Popular. En Estados se le percibe como una buena persona, sin demasiada garra política, aunque en el cara a cara celebrado en la Universidad Longwood de Virginia, sacó las uñas contra un Pence crecido y consciente de su papel de enmendador de los entuertos de Trump, que compareció calmado y con unas buenas formas, esas que tan a menudo le faltan al aspirante Donald.

    Kaine y Pence van de teloneros, que nadie se engañe, pero como “apagafuegos” valen su peso en oro. Ambos son contrarios al aborto, defienden unos firmes valores cristianos y cultivan un perfil de cercanía con los votantes que les ha llevado a ser gobernadores de sus respectivos estados. Clinton, algo por encima de Trump en las encuestas desde el primer debate con Trump, ha buscado en Kayne el contrapunto moderado, para frenar las críticas de quienes la consideran demasiado de izquierdas. Pence está identificado plenamente con el ala dura de los republicanos.

    Kaine presionó a Pence para que respondiera sobre algunas provocaciones de su compañero de ticket, en lo relativo a las descalificaciones a las mujeres o la polémica por una posible evasión masiva de impuestos. Trump es el primer candidato a la presidencia que no ha enseñado sus declaraciones de Hacienda y sufrió en 1995 pérdidas por casi 1.000 millones de dólares que le habrían permitido evitar pagar impuestos federales durante 18 años.

    Al candidato demócrata le tocó también defender honestidad de la candidata a la que Trump llama “deshonesta Hillary”. Lo hizo destacando la ayuda que la Fundación Clinton presta a niños y familias, frente al “egoísmo” del magnate, un tiburón de los negocios, faceta que curiosamente más valoran sus seguidores.

    El republicano, que pierde terreno a favor de Hillary, intenta recuperarse de una de las peores semanas de su intensa campaña presidencial en la que el estado de Nueva York ha prohibido a la Fundación Trump recaudar más fondos para la campaña. A Donald y a Hillary les quedan cinco semanas hasta el día de las Elecciones para ganar apoyos, pero algunos estados ya permiten el voto por anticipado y eso puede ser un problema para ambos. Antes de ese decisivo martes de noviembre debatirán otras dos veces. La suerte aún no está echada, ni mucho menos.

     

     

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