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  • Algo más sobre pensiones.

    En estos días se habla mucho de presupuestos, multas, de verdad o de las otras, de la UE, pensiones y demás cosas relacionadas con el dinero, un bien hoy barato pero siempre escaso.

    Quedan lejos los tiempos de Rodiezno, en donde se anunciaban las subidas de las pensiones. Ahora es el 0,25%, que cuando estamos en deflación es una pasta que se marcha, sola o acompañada, por los agujeros que la imaginación del Gobierno de turno, de las élites extractivas o de los grupos de presión, abren en el bolsillo de los ciudadanos en general, y de los pensionistas en particular.

    Quedan también lejos los tiempos en que se firmó el Pacto de Toledo, que sacaría del debate político el tema de las pensiones. La frase “eso no te lo crees ni tú” viene de perlas ya que, efectivamente, no se lo creía ninguno de los firmantes del Pacto y, previsiblemente, tampoco nadie más, salvo que fuese un alma cándida, de las pocas que van quedando. Que los firmantes del Pacto no creyesen su apoliticidad revela que, al menos en ese tema, estamos en buenas manos.

    Oír que el sistema público de pensiones está garantizado puede preocupar, y mucho, por lo vacio de la frase, y la verdad a medias que supone. Es evidente que en un sistema de reparto siempre habrá algo que repartir, y en ese sentido las frasecita es cierta. Pero sí lo que se pretende decir es que las cuantías actuales están garantizadas la cosa ya no está tan clara. Para las nuevas pensiones parece evidente que eso no será así, y para las actuales tal vez tampoco. Todo dependerá del empleo que se cree, y de su calidad, y también de los impuestos adicionales que la ciudadanía esté dispuesta a pagar para mantener el sistema, tal y como lo conocemos.

    Cuando la cuantía de las pensiones contributivas, o incluso la inclusión de algunas en esa condición, depende en buena parte de la voluntad del político de turno, en lugar de regirse básicamente por criterios técnicos, revela que hace falta alguna vuelta de tuerca en el sistema, para conseguir que su propia estructura las aleje del lugar en el que nunca deberían de estar.

    Las alternativas a nuestro sistema no son muchas, es decir son dos: las cuentas nocionales y la capitalización. Pero pasar a cualquiera de ellas exige un período más o menos largo de adaptación y un cierto grado de consenso social que en este momento no existe. Tanto en un modelo como en el otro la solidaridad del de reparto deja de existir; cada uno tiene lo que aportó, cosa que ahora no sucede, aunque se diga e incluso se crea.

    En algunos países el modelo es distinto al nuestro, existe la pensión pública como un derecho de ciudadanía, financiada vía impuestos como nuestras no contributivas. Y el que quiera algo más que se busque la vida con planes de pensiones individuales o de empresa. Aquí la intromisión política es menor, y se limita principalmente a establecer la cuantía de la pensión pública.

    Hay otra idea que es la de la renta básica, que tal y como van las cosas de la robotización y de la inteligencia artificial no es desdeñable, ni mucho menos. En Suiza hubo un referéndum para implantarla, con resultado negativo, y en Finlandia están dando algo más que vueltas en este sentido. Naturalmente esto terminaría con los sistemas de previsión social, tal y como los conocemos, para sustituirlos por otro .De momento no son más que ideas, pero son las que mueven al mundo.

     

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