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  • Poco tacto,demagogia y protestas.

    Anda un poco revuelto el mundo de las pensiones, y de los pensionistas, y seguramente por un cúmulo de circunstancias a cada cual más diversa. Resulta difícil sacar la gente a la calle, especialmente cuando los años invitan a no hacerlo, y hacerlo, además, al grito de “ladrones, ladrones” significa que se ha tocado alguna fibra sensible. Por otro lado se han desatado todas las demagogias, por parte de todos, y el triunfalismo gubernamental de que todo marcha tan bien, sin que muchos lo noten, también contribuye al descontento. Muchos se dan cuenta que, para ellos, todo tiene tendencia a empeorar.

    Continúa la sesión con el menosprecio que supone mantener a Dña. Celia Villalobos al frente de la Comisión del Pacto de Toledo. Una Comisión de esa importancia debería de estar presidida por alguien respetado y respetable intelectualmente, y no por alguien que no tiene ninguna de esas dos cualidades, pero ahí continúa la Dña. haciendo de las suyas y trasmitiendo la impresión de lo que le importa, a quien corresponda, un tema de esa envergadura.

    Y siguiendo con el asunto de los nombramientos, la Sra. Ministra del ramo tampoco transmite buenas vibraciones. Saben Dios y el Sr. Rajoy los motivos que llevaron a su nombramiento y permanencia en el cargo, pero a partir de ahí el desconocimiento de esos motivos es casi generalizado. La buena Sra. ha tenido la ocurrencia de enviar, desde hace años, una comunicación a todos los pensionistas con dos folios: uno, que evidentemente sobraba, loaba las virtudes de la revalorización del 0,25%, que ya es loar, y el otro informaba de lo que se venía cobrando y de lo que se cobraría. La comunicación era en tecnicolor, hay que suponer que se quería evitar la sensación de luto que pueden tener las comunicaciones en blanco y negro, al tiempo que se alegraba la vista del pensionista, y la factura de la imprenta encargada de realizarlas. Por cierto no estaría de más, sí la comunicación se hizo con medios ajenos, conocer el importe del gasto, la empresa adjudicataria y los accionistas de la misma. Transparencia es, también, conocer esto.

    Por supuesto, cómo en este asunto toda demagogia tiene su asiento, le ha faltado tiempo a buena parte de la oposición a lanzarse a pedir todo lo que se le ocurra. Y aunque todos tienen derecho a una pensión mínima digna que permita vivir con decoro esa etapa de la vida, donde no se puso no se puede sacar. ¿Para cuándo un sistema de cuentas nocionales en donde, virtualmente, figure todo lo aportado a lo largo de la vida laboral, y en función de eso y de la esperanza de vida recibir la pensión que corresponda? Quien no alcance la pensión mínima establecida tendría, como sucede ahora, un complemento para llegar a ella. No hay panaceas para un tema de esa trascendencia, pero apartar la política, y sus ocurrencias, del mundo de las pensiones es ineludible, por ética, por estética y también por eficacia.

    Bueno y ante este grave problema ¿qué puede hacer el Gobierno? Sí no aumenta los ingresos difícilmente puede aumentar el gasto; ya no hay hucha y recurrir a la deuda tiene límites. Solamente el crecimiento económico, y/o los impuestos, pueden dar respuesta a la situación. Nuestros vecinos franceses crearon un impuesto, finalista y universal, para mantener el sistema, y es que son habas contadas: o se ingresa más o se gasta menos, o ambas cosas. Ponerle un impuesto a la banca, cómo se sugiere, está muy bien, pero hay que saberlo: lo pagaremos todos. Cómo en los casinos la banca siempre gana, saltarla pasa alguna vez, pero especialmente en el cine.

    Ante la marea gris al Gobierno se le ha ocurrido una deducción, de momento inconcreta, por cuestión de edad, según ha manifestado el Sr. Montoro, en el Impuesto de la Renta. Sí se percibe en la nómina mensual, en forma de más liquidez, tendrá éxito. Sí se nota cuando se haga la declaración no- largo me lo fiais- y se percibirá como un truco de magia, potagía y al grito de “ladrones, ladrones” se unirán otro, u otros, menos amables todavía.

    Las dos encargadas directas del tema, la pérdida de poder adquisitivo percibida, el triunfalismo de la recuperación económica, la falta de ejemplaridad, los jóvenes con poco futuro y sueldos escasos, los escándalos de corrupción, y la poca energía que se nota para cortarlos, son un coctel de difícil digestión que ha reventado. El poco tacto en una comunicación repetida y desafortunada ha hecho el resto.

     

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