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Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 24
    Junio
    2016

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    Oviedo salud

    El voto irracional: márketing y sesgos en campaña electoral

    Se acerca un nuevo periodo de elecciones y con él llega la hora de decidir a qué partido votar. Muchos lo tendrán ya decidido desde hace tiempo, otros aún dudan entre varias opciones, y otros lo único que tienen claro es que no merece la pena sacrificar un soleado día de domingo en una acción que no les reporta el mínimo interés.
    Los motivos por los que una persona decide el voto a uno u otro partido son variados, y todos ellos respetables. Los hay que votan por puro sentimiento, por simpatía, por costumbre, por miedo...y luego están los que argumentan su voto en una decisión racional y meditada. Sin duda esta última opción es la que nos parece la más recomendable, estamos bastante prevenidos de los potenciales peligros de una elección no racional, no solo en política si no en varias esferas de nuestra vida. Tenemos asumido que lo racional es lo mejor. Meditar las cosas, sus consencuencias y sus beneficios/perjuicios nos ha parecido de siempre la estrategia más fiable para conseguir nuestro propósito. Querer efectuar el voto de la manera más racional posible es algo tan loable como utópico. Pese a que queramos disfrazar nuestras elecciones con un cientifismo al alcance de la mano, lo cierto es que somos víctimas de nuestros propios errores de percepción y pensamiento, somos víctimas de eso que llamamos 'sesgos cognitivos', y que nos impiden hacer de nuestro voto algo púramente racional. Un sesgo cognitivo es un fenómeno psicológico por el cual se interpreta la información disponible de forma errónea o distorsionada, los utilizamos como atajos en nuestro día a día y lo peor es que no nos damos cuenta. El efecto halo, o el sesgo del status quo son dos de los más representativos y utilizados por los políticos.

    El márketing de los partidos políticos

    Acaban de surgir dos nuevas caras en la política de nuestro país. Vamos descubriendo, por orden, algunas de sus características:

    Político 1, Rubén García: inteligente - comprensivo - crítico - impulsivo - cabezón - envidioso *
    Político 2, Antonio Fernández: envidioso - impulsivo - crítico - cabezón - inteligente - comprensivo

    Si somos como la mayoría de las personas, habremos visto a Rubén como un político mucho más atractivo que a Antonio. Esto es porque los rasgos iniciales de la lista modifican las características de los rasgos que vienen después. Es posible que si nos fijamos en el adjetivo 'crítico' este haya tenido dos significados muy diferentes en los ejemplos. Así, el 'crítico' de Rubén podría referirse a exigente consigo mismo, escéptico, racional. El 'crítico' de Antonio, que ya nos cae algo peor, será interpretado con tintes más maquiavélicos. Se trata de uno de los sesgos que gozan de mayor fama y aceptación, es el llamado 'efecto halo'. Este, aplicado a los políticos en nuestro caso, hace que al gustarnos una característica saliente de la persona, este gusto y atracción se extienda a otras características, incluso las que no hemos observado. En el caso de Rubén, al que ya tenemos mucho cariño, es probable que nos gustara su condición de crítico. Esto no solo ocurre a nivel personal, si no también a nivel de partido. Los lemas de campaña, el activismo en redes sociales, el hacer una versión latina del himno, incluir un corazón en el logo o los spot electorales, son herramientas que los partidos políticos utilizan para extender el mensaje o simpatía al resto de sus acciones como organización política.

    De hecho, en los últimos tiempos los partidos políticos se acercan cada vez más a la manera de proceder de un producto comercial, tanto en sus acciones como en sus características. Muchas de las herramientas del marketing han sido incorporadas a la política, y ya estamos más que acostumbrados a las camisetas, gorras, lemas, logos y muestras de simpatía de sus políticos en, por ejemplo, diversos programas de televisión en un intento (creo que con éxito) de imprimir un lavado de cara o una imagen propia a su partido político. Sin embargo, hay una diferencia de vital importancia entre el mundo comercial y el político, si en el primero hay 'etiquetas' que nos posicionan claramente a favor o en contra de un producto, en el segundo estas etiquetas son mucho más subjetivas, esto es: a unas personas les parecerá atractivo, les gustará y a otras no.

    Natural y liberal: las diferencias entre lo comercial y lo político

    En el mundo de los comestibles una de las etiquetas con un poder de atracción más poderoso es la de 'natural'. Nos encanta lo natural. Además estamos de enhorabuena porque resulta que ahora todo es natural: los yogures son naturales, las vacas son naturales, el pescado es natural, la hamburguesa es natural, el café es natural, y gracias a que no comemos extraterrestres, porque también serían naturales. La verdad, no sabemos muy bien qué es eso de natural, pero nos gusta. Es ver campos verdes, vacas limpias y cielos azules y saber que ese yogur tiene que ser bueno. Todos sabemos que la leche de las vacas sucias no está buena, y si está nublado ya ni hablamos. Es un claro ejemplo de efecto halo donde la perfección del ambiente se extiende al sabor, porque al final, aunque sea por pura sugestión, nos sabrá mejor.

    En el mundo de lo político, sin embargo, es difícil encontrar características que sean del agrado de todos, salvando aquellas que contemplan valores universales (justicia, honradez, bondad...). Lo que puede tener efectos positivos en parte de la población, podría tener el efecto contrario en otro sector. Que un partido sea liberal puede resultar atractivo para unos, pero puede generar rechazo para otros. Progresista, conservador, feminista, comunista...prácticamente todos los adjetivos en política nos generan efectos diversos a unos y otros, de ahí lo complicado del malabarismo entre adjetivos y de ahí también las acusaciones entrecruzadas entre partidos. Las organizaciones políticas son conscientes del gran efecto que genera colocar etiquetas de diversas índoles no solo a sí mismos, si no sobre todo al adversario, precisamente por el efecto halo. El etiquetado es hoy día una de las herramientas más poderosas a la hora de atacar al adversario político.

    El voto irracional: márketing y sesgos en campaña electoral

    Foto: Pito, pito gorgorito. Por orden, a la izquierda Mariano Rajoy (PP) echando a suertes su voto, ya que sabe que es imposible tomar una decisión racional. Pedro Sánchez (PSOE) feliz porque lo del efecto halo parece ir con él. Les siguen Albert Rivera (C's) y Pablo Iglesias (UP)

    ¿Cuánto estamos dispuestos a jugarnos?

    Otro de los sesgos más relevantes en política es el llamado 'sesgo del status quo', con especial relevancia en el mundo de la bolsa. Tal efecto hace referencia al temor a perder lo que ya se tiene, aplicado en política: el temor a ir a peor. La tendencia al status quo, representada conductualmente como el no hacer nada nuevo, no hacer ningún cambio o mantenerse en la línea actual, está directamente relacionada con la aversión a la pérdida. Las personas son menos propensas a perder lo que tienen que a 'jugársela' por un beneficio inesperado y lleno de incertidumbre. Esta incertidumbre, término a menudo sobre utilizado a la hora de hablar de los famosos 'mercados' propicia que las personas se vuelvan más consevadoras y apuesten por minimizar sus pérdidas, frente al maximizar sus ganancias.

    Para que una persona se atreva a salir del status quo, es necesaria una garantía de que no tendrá un coste asociado. Por otro lado, es mucho más sencillo generar la incertidumbre que generar la certeza. Esto, trasladado a la política nos indica que es mucho más sencillo generar dudas sobre un partido político, a que este pueda demostrar su fiabilidad. Con la división actual entre la llamada 'nueva política' y 'vieja política' es muy fácil acudir, por parte de estos últimos, a una falta de experiencia y a una incertidumbre en el futuro. A su favor juega la baza de que, habiendo gobernado mejor o peor, los ciudadanos ya saben a qué acogerse, reduciendo por tanto tal incertidumbre. O como se diría popularmente, "más vale pájaro en mano que ciento volando".

    Podríamos continuar durante el resto del año explicando cómo otros muchos sesgos (la lista es casi infinita) nos afectan a la hora de tomar decisiones políticas, y cómo los partidos aprovechan tales circunstancias para arañar votos de uno u otro lado. Darnos cuenta de tales sesgos nos ayudaría a acercarnos a una mayor racionalidad, aunque en último término, igual hasta sería mejor echarlo a suertes.

     

    * Fuente del ejemplo del efecto halo: "Pensar rápido, pensar despacio", de Daniel Kahneman, único no economista (es psicólogo) ganador del Premio Nobel de Economía (2002).

    **Este artículo ha sido producido con productos 100% naturales, personas limpias y un cielo sin amenaza de precipitaciones, que es lo máximo que se puede esperar de un verano en Asturias.

    Alejandro Bascoy

     

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