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Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 05
    Mayo
    2016

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    Oviedo salud psicología Feminismo Igualdad Violencia de Género

    Guerreras y princesos

    Azul y rosa. Un balón, una muñeca. Una pistola, una varita mágica. Una diadema, una camiseta de fútbol. Unos zapatos con tacón, unos tenis. A ballet, a judo. Películas de amor, películas de superhéroes. Una falda, un pantalón. Un médico, una enfermera. Un 'manitas', una 'cocinitas'. Un blog de moda, un blog de deportes. Un guerrero, una princesa.

    Lo que te voy a pedir es sencillo. Solo tienes que encasillar cada objeto, profesión o rol en 'chico' o 'chica'. Excesivamente fácil. Son las diferencias de género, es decir, características que asociamos a un sexo determinado (varón, hembra), y lo hacemos sin apenas darnos cuenta. Asumiéndolo como algo normal. Y es que sexo no es igual a género, lo primero hace referencia a las características biológicas que nos distinguen y lo segundo, el género, a los patrones culturales que nosotros como sociedad asignamos a uno u otro sexo. Y además lo hacemos desde bien pequeños, desde el momento en que sabemos si nuestro esperado -o no, tampoco queremos aquí meternos en la vida de nadie- bebé será niño o niña ya empezamos a hacer funcionar la maquinaria cultural que nos dice que nuestro Roberto deberá vestir de azul, y nuestra Sofía deberá vestir de rosa.

    Y lo asumimos como algo normal, algo obvio, porque siempre lo hemos vivido así. Y porque tampoco creemos que ello repercuta en una mayor o menor calidad de vida de nuestro hijo o hija. Sonaría exagerado pensar que solo por vestir de rosa a nuestra hija esta fuese a tener más dificultades en su vida como adulta. Además, está tan guapa así. El problema es que forma parte de un mismo fenómeno, de un mismo encasillamiento, que hace que las carreras de ingenierías estén copadas de hombres y las de letras de mujeres. El mismo fenómeno por el que en los supermercados hay 9 cajeras por cada cajero. El mismo fenómeno por el que la figura de maestro -masculino- preescolar es casi mitología. El mismo fenómeno por el que el hombre "ayuda en casa" a la mujer, asumiendo implícitamente que es esta la que debe tomar el mando en las tareas del hogar, nuestro lenguaje nos delata. El mismo fenómeno que hace que el 90% de los directivos de este país sean hombres, y solo en los últimos años estemos logrando un mayor acceso de la mujer a tales puestos. El mismo fenómeno por que los supermercados nos incitan a regalar bayetas y aspiradoras a nuestras madres en el día dedicado a ellas. El mismo fenómeno que ha hecho que podamos contar con los dedos de la mano aquellos países que han tenido como máximos dirigentes a una mujer. El mismo fenómeno que ha hecho que clásicamente la mujer haya sido económicamente dependiente del hombre, con las consecuencias que ello conlleva. Diferenciar es cortar las alas a la mitad de la población.

    Guerreras y princesos

    Foto: Simone-Lucie-Ernestine-Marie Bertrand de Beauvoir (Simone de Beauvoir, 1908-1986), filósofa francesa. Su obra 'El Segundo Sexo' (Le Deuxième Sexe) se considera el pilar teórico fundamental del feminismo

    La mala noticia es que las buenas intenciones tampoco son suficientes. Hace un par de meses se generó una fuerte polémica porque en la Comunidad Valenciana se decidió que en los pasos de peatones debería de estar representada la mujer, y se comenzó a poner monigotes con falda. Porque una buena mujer, una mujer verdadera, parece que ha de llevar falda. Se caía, sin pretenderlo, en el mismo error que propicia el problema a evitar. Luchar por la igualdad de género sí, pero no hacerlo a base de fomentar los estereotipos que precisamente están en la base de la desigualdad.

    Pese a que determinados movimientos como el feminismo persiguen la más que necesaria igualdad entre hombres y mujeres, es importante entender que no será posible una equidad total mientras sigamos manteniendo los patrones culturales que intensifican la diferenciación. ¿Cómo lograr una igualdad definitiva si ya antes del nacimiento encasillamos no solo colores, si no también determinados comportamientos? El objetivo a perseguir es más que difícil, porque aunque haya ciertas características como las expuestas que son identificables fácilmente, aún quedan otras muchas de especial relevancia que se 'camuflan' ante nuestros ojos y cuya importancia ha quedado demostrada en los últimos años, como el techo salarial en las mujeres. No solo eso, si no que este encasillamiento cultural puede acarrear graves consecuencias para el hombre y sobre todo para la mujer, como es el caso de la violencia de género.

    Es importante entender que el fenómeno de la violencia de género solo es aplicable en un caso concreto: cuando el hombre utiliza la violencia -bien sea física o psicológica- sobre la mujer, por el mero hecho de ser mujer; tal y como lo contempla la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (2004). Equiparar esta a otro tipo de violencias conyugales, como puede ser la violencia de la mujer sobre el hombre, o entre parejas de hombres, significa borrar del mapa las causas exclusivas que han causado, y siguen causando, tantas muertes de mujeres cada año. Esto no resta o suma importancia respecto de otras muertes, simplemente señala que sus causas y características son distintas, al igual que lo es la violencia terrorista.

    Una política de reducción de las víctimas de violencia de género pasa necesariamente por una mayor igualdad entre hombres y mujeres, pasa necesariamente por deconstruir los estereotipos hasta ahora establecidos, pasa, en definitiva, por dejar de educar a tantas princesas y a tantos guerreros.

    Alejandro Bascoy

     

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