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Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 12
    Diciembre
    2016

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    Oviedo salud

    Tú no eres un paquete de galletas

    ¿Qué es para ti triunfar en la vida? Y no me vengas con la paz mundial, el hacer feliz a la gente o conseguir la cura para el cáncer. Sé sincero contigo mismo, que tampoco se lo vas a tener que contar a nadie. ¿Coindice con lo que crees que la mayor parte de la gente entiende por ‘triunfar’?

    En España vivimos muy bien. De hecho, nunca hemos vivido tan bien como en este momento. Nunca antes en la historia de la humanidad habíamos pasado tan poca hambre, vivido tantos años y superado tantas enfermedades. La esperanza de vida se dispara, hasta el punto en que nos preocupa que se dispare. Nuestros problemas laborales, e incluso de vivienda, se quedan en meras anécdotas en comparación con los problemas de hace 3000 años, donde la muerte y el peligro concreto, visible y tangible, nos rondaban a cada instante. Sin embargo, nunca nos hemos preocupado tanto por ser felices, y posiblemente nunca hemos sido menos felices que en la actualidad.

    La infelicidad nos ha cogido por sorpresa. Nuestro estado de ánimo no es mejor que el de hace 2000 años, cuando nuestras condiciones de vida son extremadamente más cómodas, mejores. Es en este contexto de insatisfacción con las satisfacciones tiene mucho que ver la nueva concepción del ser humano, derivada y unida intrínsecamente al sistema capitalista y a la visión neoliberalista del mundo, que es la preponderante hoy día.

    Un contexto en el que potencia la necesidad del “desarrollo personal”, del crecer como persona o del venderte más que tu vecino del quinto. Más y mejor, el de innovar, de sacar tu Steve Jobs que llevas dentro. Ese que equipara a la persona con un coche, con un producto que tú mismo has de vender. “Tienes que conocer tus puntos fuertes para saber venderlos”. De repente la solución a la infelicidad del ser humano es dejar de ser humanos, y convertirnos en un producto, adquiriendo sus características y valorándonos según las ventas que consigamos.

    El neoliberalismo es la religión, el Facebook tu iglesia y el ‘me gusta’, tu amén

    Escribía el filósofo surcoreano (tranquilos, que la Corea mala es la del Norte) Byung – Chul Han en su libro ‘Psicopolítica’ que hoy en día hay muy pocas relaciones humanas que se entiendan fuera de un ‘marco de intercambio’ al margen de los sentimientos. Esto quiere decir que disponemos de muy pocas relaciones sociales donde no haya un interés mutuo en algo, a menudo material o laboral. Exceptuando las relaciones familiares y nuestros amigos más cercanos, el resto de relaciones esconden por lo general un interés más allá de lo sentimental.

    En las entrevistas de trabajo es muy común que nos pregunten lo mismo que preguntamos nosotros al llegar a un concesionario: cuáles son sus virtudes y sus defectos. “Pues mire, soy una persona muy cómoda, gasto dos kilos de patata al mes y el mantenimiento de la dentadura me sale muy barato. La pena es que soy algo más caro que los demás”. La cola del paro es ahora un Corte Inglés y sus integrantes son bricks de leche tratando de mostrarse más naturales (auténticos, otra moda de la sociedad actual), sin conservantes ni colorantes (no tóxicos) y tratando de encontrar esa diferenciación del resto.

    La creciente ‘cosificación’ de las personas en productos de venta trae consigo, también, un espacio publicitario donde mostrarle al mundo nuestra inmensa retaíla de virtudes: las redes sociales. Facebook, Instagram o Twitter son revistas que a menudo visitamos para estar actualizados de las últimas novedades en el producto ‘Sergio’, ‘María’ o ‘Esteban’. Estas ponen a nuestra disposición una casi infinita cantidad de herramientas para que podamos editar a nuestro gusto la imagen que queremos dar. El precio además es muy barato, con el ‘me gusta’ la gente nos dice si compra o no nuestro producto, opinión o foto. Amén, hermana.

    Tú no eres un paquete de galletas

    Creerse único y encontrarse corriente

    No hay nada más normal en la sociedad del Siglo XXI que el querer salirse de la norma. Esa rebeldía típicamente adolescente del rebelarse contra lo establecido se extiende ya casi hasta la jubilación. El ir más allá de uno mismo, el potenciar tu marca y sobresalir sobre “la masa acomodada”. Hoy todos queremos ser el nuevo Steve Jobs, pero no contamos con un problema de especial relevancia: Steve Jobs solo ha habido uno en la historia de la humanidad. Compararnos y tener como referencia a una figura tan elevada a los altares del neoliberalismo actual es comprometernos casi de facto con un fracaso asegurado. El triunfo del sistema reside en que, ante tal fracaso, nos haremos a nosotros responsables, culpables. Nos avergonzaremos de nosotros mismos, una vez que hemos interiorizado la idea del “tú puedes”, “todo depende de ti”, o “tu techo estará donde tú quieras que esté”. Estas falaces ideas que presuponen un mundo sin limitaciones tienen la ventaja de hacernos sentir casi invencibles en el comienzo de una nueva aventura personal o empresarial, con la desventaja añadida de ser falsas, y de generar en nosotros un sentimiento de inutilidad y fracaso.

    El "tú puedes" se convierte en un "tú no has podido", cuando en la mayoría de casos el condicionante o no de tu éxito depende en mucha menor medida de lo que tú puedas o no hacer. No nos podemos olvidar de que el fracaso es mucho más común que el éxito, y este último no es como nos lo pintan. Esta sensación de omnipotencia es muy utilizada en dos campos, principalmente: en la empresa y el deporte. El hacernos creer que nuestro éxito empresarial dependerá de nuestra actitud, de nuestro empeño o de nuestra ilusión sin importar la situación económica del país, por ejemplo, no solo es falaz, si no cruel. Cruel porque el fracaso, como el éxito, es en gran medida multifactorial. Tu actitud importa, por supuesto, pero también importan tu experiencia y, sobre todo, tu respaldo económico y social. Estamos en un mundo donde nuestro radio de acción es bien pequeño, y quien consigue romper esas barreras es una minúsucla excepción entre la norma. El ya clásico sueño americano, cada vez menos sueño y cada vez más pesadilla. Nuestro entorno y nuestra situación marcan nuestra línea vital en gran medida. 

    Siendo el ser humano un animal puramente social y relacional, no es sorprendente que los trastornos mentales hayan encontrado su mejor momento en un contexto donde se potencia la competencia entre personas, y donde el éxito del ‘yo’ provenga de Instagram,  de Facebook y de los números de tu cuenta corriente. No hay nada más contrario a un objeto, a un producto, que el ser humano.

     

    Alejandro Bascoy

     

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