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Terminado, el libro empieza
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Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


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  • 19
    Octubre
    2017

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    Cultura Oviedo Poesía poetas Premio Princesa de Asturias Letras

    Zagajewski, poeta sin fronteras

    Es más fácil recordar sus versos que pronunciar su nombre. Es más sencillo entender su esencia que deletrear las consonantes de su apellido. Adam Zagajewski escribe con tal claridad que se define en cada uno de sus poemas con la honestidad del que no necesita esconderse tras abigarrados recursos líricos. Y la fuerza de la comprensión permite recordar una frase tras otra, entrelazadas en un poema, como un mantra, una advertencia o un consuelo.

    “En ciudades ajenas venimos al mundo
    y las llamamos patria…”

    Zagajewski es un poeta sin fronteras y su mundo, marcado por el exilio, está definido por pequeños gestos que se convierten en grandes pensamientos. En el poema “Autorretrato” confiesa que pasa la mitad del día entre el ordenador, el lápiz y la máquina de escribir. “Vivo en ciudades ajenas y a veces converso con gente ajena sobre cosas que me son ajenas”. Escucha música, -Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich-, porque en ella encuentra “la fuerza, la debilidad y el dolor, los tres elementos. El cuarto no tiene nombre.” Intenta comprender a los grandes filósofos y lee a poetas vivos y muertos para aprender de ellos “tenacidad, fe y orgullo”. Le gusta dar largos paseos por las calles de París y “mirar a mis prójimos, animados por la envidia, la ira o el deseo; observar la moneda de plata que pasa de mano en mano y lentamente pierde su forma redonda”. Observa la naturaleza, corre en bici por caminos rurales, llama a su padre, contempla el rostro de su mujer, se reúne con sus amigos fieles y, en todos estos gestos cotidianos, su ser desprende la humildad serena del que conoce sus límites y los asume sin resignación:

    “… Mi país se liberó de un mal. Quisiera
    que le siguiera aún otra liberación.
    ¿Puedo aportar algo para ello? No lo sé.
    No soy hijo de la mar,
    como escribió sobre sí mismo Antonio Machado,
    sino del aire, la menta y el violonchelo,
    y no todos los caminos del alto mundo
    se cruzan con los senderos de la vida que, de momento,
    a mí me pertenece.”

    La poesía del premio Princesa de Asturias de las Letras, editada en nuestro país por la editorial Acantilado, se ha definido como comprometida y profunda, “de gran hondura humana y fina sensibilidad estética”, capaz de conjugar “ironía y éxtasis”, “lo sublime y lo cotidiano” en una constante búsqueda de la belleza. Rebelde y defensor de la libertad, entre sus temas están el silencio y la muerte, el tiempo, la noche, la eternidad y los sueños. Pero no se asusten si estas definiciones aparentan complejidad.  La poesía nunca debe ser una escalera de ascenso interminable y agotador. Y, en este caso, es un peldaño de reposo de subida o bajada, para detenerse a mirar y reflexionar sobre lo que somos y sobre lo que nos rodea. Zagajewski nos ayuda a ver con sus palabras sencillas porque “la poesía es búsqueda de resplandor. La poesía es un camino real que nos lleva hasta lo más lejos.”

    Quizá la mejor definición de la obra del poeta polaco haya sido la de su antecesor, Richard Ford, premio Princesa de Asturias de las Letras 2016:

    “La poesía luminosa, profunda, a veces irónica, pero siempre lírica, de Adam Zagajewski maneja ese raro triunfo del escritor: el de ser político pero, a la vez, sumamente humano en un gesto continuo, complejo e irresistible. Es la suya una escritura que debemos emular todos los que nos preocupamos por la marcha de nuestro mundo, marcha que seguimos las almas corrientes.”

    La virtud de los grandes poetas es ofrecer palabras cuando nos faltan. Conocemos el dolor, la soledad, la alegría o el color de un atardecer, pero no siempre sabemos expresar la emoción que despiertan ni aprender de ella con la claridad de una revelación al borde del precipicio. Estos días, Zagajewski se ha paseado por Oviedo ofreciendo su voz que habla de libertad sin fronteras, de patrias y banderas, del ser humano universal, como si su presencia oportuna alumbrara días difíciles en nuestro país. Sólo hay que abrir un poema y dejarse iluminar por un verso:

    “Sólo en la belleza creada
    por otros hay consuelo,
    en la música de otros y en los poemas de otros.
    Sólo otros nos salvan,
    aunque la soledad sepa a
    opio. Los otros no son el infierno,
    si se les ve temprano, con sus
    frentes puras, lavadas por sueños.
    Por eso me pregunto qué
    palabra debería utilizarse, "él" o "tú". Cada "él"
    es una traición a un cierto "tú" pero
    a cambio el poema de alguien
    ofrece la fidelidad de un grave diálogo.”

    (De Temblor, 1985)

     

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