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Julio Barbero

Mi nombre es Julio Barbero Medina. Tengo 33 años de edad. Por la profesión - un programador. Mis aficiones son la informática, deportes, historia, estilo de vida saludable.

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Mi blog sobre deportes, salud, tenologiyah moderna.


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  • 16
    Septiembre
    2015

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    salud depresión

    Depresión posparto, cuestión de hormonas

     Depresión posparto, cuestión de hormonas

    Cerca del 80% de las mujeres embarazadas pueden experimentar algún tipo de depresión durante las primeras semanas después del parto, que se manifiesta con decaimiento, irritación, tristeza con llanto e inquietud. Es lo que se conoce como tristeza puerperal o "baby blues", y desaparece pocas semanas después sin más consecuencias. En la depresión posparto, los sentimientos son más negativos y puede alargarse sin fin si no se le pone remedio mediante tratamiento. Afecta a entre el 8% y el 20% de las mujeres que dan a luz. El origen de la depresión así como su prevención lleva tiempo siendo objeto de estudio. Ahora, científicos californianos aseguran que todo se debe a la producción excesiva de una hormona que regula el estrés.

    La depresión posparto no es infrecuente. Sin embargo, son muchas las mujeres que la sufren en silencio. Aunque su origen no está del todo claro, hay varios motivos reconocidos que podrían llevar a padecerla. El shock de convertirse en madre, el cambio de relación con los demás (la propia madre o la pareja), el sentimiento de falta de apoyo, un parto dificultoso, las propias experiencias en la infancia, una dieta irregular o antecedentes de depresión son algunos de los factores más nombrados.

    Los trastornos hormonales que se producen durante el parto también se relacionan con la aparición de depresión. Durante el parto se requieren altos niveles de progesterona, hormona relacionada con las emociones. Tras dar a luz, la cantidad de esta hormona se reduce de forma drástica. Estas fluctuaciones tan radicales afectan de manera importante a la mujer y al desarrollo de la depresión posparto. También la depresión durante el embarazo, poco estudiada pero que también existe, se ha relacionado con la depresión posterior.

    Hormonas y depresión prenatal

    Un estudio reciente elaborado en la Universidad de California ha unido también factores hormonales y depresión durante el embarazo para dar con un nuevo motivo. Los investigadores han descubierto que las mujeres cuyos niveles de hormona liberadora de corticoprina (CRH) aumentan rápidamente a las 25 semanas de gestación tienen un mayor riesgo de sufrir depresión posparto. El hallazgo, publicado en "Archives of General Psychiatry", podría ayudar a identificar y tratar a las gestantes con riesgo de depresión antes de que aparezcan los síntomas. 

    Secretada en pocas cantidades por el hipotálamo, la CRH regula le respuesta del cuerpo al estrés. Durante el embarazo, esta hormona también se produce en la placenta (100 veces más que en el hipotálamo), y está directamente relacionada con el estrés que genera el parto. Según Ilona Yim, psicóloga que encabezó el estudio, hay otros factores relacionados con el aumento de la producción de esta hormona en el embarazo como, por ejemplo, el estrés que muchas veces se padece durante las primeras semanas de la gestación.

    "Esta hormona juega un papel muy importante en el embarazo y se ha asociado directamente a la depresión", asegura Yim. Los investigadores la han bautizado como el "reloj de la placenta", porque "prepara el cuerpo para el parto". Los niveles de CRH, así como los de estrógenos, caen después de dar a luz, lo que Yim define como una "retracción hormonal" que puede crear gran confusión en el sistema endocrino. Esta desorden genera una serie de reacciones en las glándulas pituitaria y adrenal que culmina en un aumento de la producción de hormonas del estrés.

    Para llegar a estas conclusiones, los investigadores examinaron la depresión posparto relacionada con esta hormona mediante un amplio análisis. Usaron muestras de 100 mujeres y analizaron los síntomas de depresión durante el embarazo y nueve semanas después del parto. De las 100 mujeres, 16 desarrollaron síntomas de depresión posparto durante las visitas de seguimiento. La conclusión principal del estudio es que en 12 de estas 16 mujeres se podría haber identificado la susceptibilidad de desarrollar depresión posparto durante el embarazo, basándose únicamente en los niveles de CRH. Todas ellas presentaban, de hecho, niveles elevados de esta hormona.

    Tristeza sin fin

    El estudio estadounidense es el primero que relaciona esta hormona con la depresión posparto. Investigaciones de este tipo deben sentar las bases para la prevención porque, una vez que se padece, puede llegar a ser grave si no se sigue el tratamiento adecuado, y los síntomas pueden ir a peor. Las mujeres sienten decaimiento, tristeza sin fin, cansancio, incapacidad de afrontar las situaciones, sentimiento de culpabilidad por no amar al bebé, irritabilidad, ganas de llorar, hostilidad o indiferencia hacia el hijo o el compañero, pérdida de interés en el sexo, dificultad para dormir de forma regular, ansiedad o temores obsesivos sobre la salud del bebé o de otros miembros de la familia.

    La depresión posparto también puede conllevar la pérdida del apetito o de la capacidad para comer; ataques de pánico con palpitaciones, manos sudorosas y sentimientos de enfermedad; síntomas físicos como dolores de estómago, dolores de cabeza y visión borrosa; e, incluso, pensamientos sobre la muerte. Estos últimos pueden ser aterradores y llevar a la paciente a sentirse fuera de control o a tener miedo de contar estos sentimientos a alguien.

    El tratamiento para la depresión posparto a menudo incluye medicamentos antidepresivos, terapia o la combinación de ambos. Es importante seguir el tratamiento de forma rigurosa, ya que las complicaciones potenciales a largo plazo son las mismas que en la depresión grave. El informe californiano sugiere que controles de sangre rutinarios, que podrían coincidir con el test prenatal habitual para controlar la diabetes, podrían determinar los niveles de CRH cerca de las 25 semanas de gestación para así identificar a las mujeres en riesgo y prevenir la enfermedad. Es uno más de los posibles métodos de prevención para poder experimentar un parto sin más consecuencias que las de disfrutar del recién nacido.

     

     

     

     

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