La conmemoración lúdica del choque bélico de La Carisa

Las mujeres de la aldea invocaron a la diosa Fortuna tras la rendición

17.08.2015 | 04:48

Las legiones invasoras entraron en el campo de batalla con calma. Querían ahorrar fuerzas para menguar el empuje de los astures. Algunos soldados del Imperio dudaron, pero no se atrevían a abandonar el campo de batalla por la presencia de César Augusto. El romano decidió presenciar la lucha de Carabantium para terminar de una vez con una resistencia que ya se hacía muy larga al Imperio.

Nisarius ofreció una negociación, pero los romanos rechazaron la propuesta de paz. Prefirieron el contacto, avanzar dejando cadáveres a su paso. "El mundo es de Roma", proclamó el jefe militar (Roca Suárez). Su grito encendió la mecha definitiva y todas las hostilidades se transformaron en un rugido de espadas. Se alzaron los escudos de ambos bandos y arrancó el enfrentamiento.

Roma estaba por encima en cada choque de espadas, en cada cuerpo a cuerpo. Las peleas individuales se convirtieron en mera defensa para los astures, un pueblo que no quiere ser esclavizado. Los romanos, protegidos con sus potentes armas, esperaron el momento ideal y arremetieron en el último ataque. El definitivo. Los cuerpos de los astures tiñeron de rojo el verde del campo de batalla, pero aún quedaba una guerrera que no se daba por vencida.

Era Imborg (Gloria Alonso). Aguantó, para no vender barata su piel, y defendió a su druida. "Tengo el apoyo de mi pueblo", gritó entre los vítores de un público entregado". La respuesta de Nisarius motivó aún más a la guerrera: "Tu pueblo está y estará siempre contigo". Imborg soportó los ataques de los romanos, que veían la victoria ya cerca. La resistencia de la astur parecía inagotable hasta que un movimiento rápido de un legionario la mató. Roma había vencido. Los legionarios tomaron a los escasos supervivientes como prisioneros y se prepararon para abandonar el campo de batalla. Nisarius, impotente, dejó un mensaje al público: "Lo último que perderemos será nuestra dignidad".

Por la tarde, los astures vivieron los Ludi Romani (Juegos Romanos) atados con cuerdas. Cayo Julio César Augusto regresó al atardecer a Carabantium, listo para pagar a las legiones por su esfuerzo. Las mujeres del poblado, rendidas, cerraron el festival con el ritual de la fortuna. Vistieron sus mejores galas e invocaron a la diosa Fortuna para que su nueva vida sea llevadera. Carabantium ya es tierra conquistada.

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