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Historias heterodoxas

Julián Ruiz no tiene quien le escriba

La historia del marido de Dolores Ibárruri, "Pasionaria", que pasó a la historia como un hombre bueno y sencillo, consciente de su papel secundario

12.04.2016 | 04:09
Julián Ruiz no tiene quien le escriba

Higinio Menéndez, miembro de la Fundación Andreu Nin, sigue empeñado en completar los detalles de la biografía de su tío, fusilado con 22 años y cuyo cuerpo reposa en la Fosa Común de Oviedo. El afán por conservar su memoria le ha llevado este invierno hasta los archivos de otra fundación, en este caso la que lleva el nombre de José Barreiro, un histórico luchador socialista, que falleció en Toulouse, en agosto de 1975, convertido en un ejemplo de integridad socialista.

La sede de esta institución cuenta con un excelente fondo documental que incluye hemeroteca y biblioteca especializada, archivo fotográfico y audiovisual e incluso colecciones de panfletos, carteles y objetos vinculados a la historia del socialismo regional, que invitan a la investigación y han fundamentado ya numerosos trabajos, entre ellos el libro "Tiempos Heroicos. Diccionario biográfico del socialismo asturiano", donde su vicedirector, Adolfo Fernández Pérez, recoge las vidas de más de 6.200 militantes asturianos.

Cuando uno se acerca a estos organismos vinculados a los partidos políticos siempre lo hace con el temor de chocar con cualquier tipo de traba. Pero esta vez no había motivos para la alarma. Al contrario, Adolfo es una persona asequible y de trato agradable, que disfruta con lo que hace, de manera que la conversación con Higinio no tardó en abrir otros caminos. Uno de ellos les condujo hasta Manuel Grossi "Manolé", viejo conocido de esta página, y así llegó la sorpresa de conocer que en el archivo se guarda la correspondencia que el revolucionario mierense mantuvo con el comandante de la guerrilla socialista José Mata y con su amigo, el propio José Barreiro, cuyo nombre lleva la Fundación.

Pocos días después, Higinio, Enrique Pérez Corte, también miembro de la FAN, y yo mismo, volvimos a encontrarnos con Adolfo, quien puso a nuestra disposición estos interesantes materiales, lo que queremos agradecerle públicamente. Desde entonces me he encargado de que también llegasen hasta Germinal, el hijo de "Manolé", que ya nos ha visitado desde su residencia en Francia en un par de ocasiones y, ya sin prisas, estamos revisando las cartas.

Pueden suponer las posibilidades que le ofrecen al historiador este centenar de misivas intercambiadas entre el comunista mierense y el socialista langreano, con confidencias y el trato cómplice que refleja una amistad solida forjada en la juventud de ambos, ya que José Barreiro, nacido el 18 de marzo de 1908, tres años después que Grossi, combatió con él en la revolución de 1934 y también sufrió la represión que la siguió.

Hoy quiero anticiparles una anécdota curiosa, que viene a abundar en la idea de que las relaciones entre los hombres que protagonizaron aquel octubre fueron el mejor ejemplo de la unidad que preconizaban. Se la escribió "Manolé" al domicilio que su amigo socialista habitaba en Chaum, en el centro de los Pirineos franceses, el 9 de diciembre de 1969, precedida como él hacía a menudo de unos párrafos en asturiano, para resumir su momento personal: "Queridu compañerín: Aquí acurrucau al pie del fueu, como un raitanín de cría, paso la vida atrincherau faciendo frente a un tiempu siberianu, con toes les impertinencies que por lo que sea suelen descargar contra mí los que antes como después continúen siendo los fíos de Stalin".

Se habrán dado cuenta de que esta última frase se refiere a la persecución que los militantes del POUM, partido al que pertenecía Manuel Grossi, siguieron padeciendo el exilio por parte de los comunistas prosoviéticos, quienes ya se habían ensañado con ellos en España; pero eso no nos ocupa ahora. Lo que quiero contarles es la anécdota que relató "Manolé", producto de su convivencia en el mismo campo de concentración con el minero Julián Ruiz Gabiña, el marido de Dolores Ibarruri.

La derrota republicana en Barcelona supuso la huida de medio millón de españoles que pasaron a Francia por los pasos fronterizos escapando de la más que previsible represión franquista. El jefe del gobierno francés, Édouard Daladier, forzado por la opinión internacional, no tuvo más remedio que autorizar la entrada masiva el 5 de febrero de 1939 y la mayor parte de estos refugiados fueron internados en campos de concentración. La casualidad quiso que "Manolé" y Julián Ruiz coincidiesen en el de Bram, en el departamento francés del Aude.

Se trataba de un lugar enclavado en un terreno llano y arenoso, con una extensión de 12 hectáreas, que recibía la denominación de "campo modelo" porque en teoría debía estar dotado de agua potable, luz, recogida de basuras, enfermería, cementerio y otras instalaciones y comodidades de las que no disponían los otros campos, pero la realidad fue otra y allí se levantaron barracas hechas con tablas por las que se filtraba el frío exterior, sin luz, y capaces de hacinar en cada una hasta 110 hombres que debían dormir sobre paja en el piso de tierra.

En la carta a Barreiro, Manuel Grossi explica su relación con Dolores Ibarruri cuando la idea comunista estaba llegando a España: "Conocí a la Pasionaria mejor que más de cuatro. Antes de ir a la creación del Bloque Obrero y Campesino en Mieres solía comer en mi casa donde hacia buenas migas con mi madre. Era la época de Bullejos, Adame, Ibáñez, Maurín, etc y donde esta pobre mujer apenas sabía contar hasta diez".

Pero lo más interesante es el relato de cómo medió por Julián ante el socialista Ramón González Peña, querido por "Manolé" hasta el punto de que le solicitó el prólogo para su libro "La insurrección de Asturias": "Julián, el marido de la Pasionaria estuvo conmigo en el campo de concentración y ya puedes suponer las muchas cosas que este buen hombre me habrá dicho (?) Uno de los episodios un tanto históricos que pueden marcar mi más intimidad con Julián ha sido aquel del campo de concentración cuando Stalin ha llegado a un acuerdo con Hitler en agosto de 1939, precisamente en el momento en que aún no habían sido enterrados todos los muertos de la guerra civil.

El pobre Julián se puede decir que era uno de los más abandonados del campo, aunque tenía un carácter que jamás hacía visible sus penas y amarguras. Junto con nosotros había asimismo otros cuatro asturianos (el marido de la Pasionaria no era asturiano ni había trabajado en las minas de Asturias), de Ablaña, pueblo cercano a Mieres (uno de estos testigos es socialista, se llama Joaquín Sánchez y vive en Decazeville). Al darnos cuenta de la situación del marido de la Dolores me encargaron que le escribiera a Peña (que estaba en París) para que se lo comunicase a su mujer, ya que parecía ser que Ramón Peña la veía con regularidad.

El caso es que el buen Ramón no se dejó tardar y pasados unos días hizo salir a Julián al mismo tiempo que nos enviaba cien francos para repartir entre cuatro (o sea tres socialistas de Ablaña y el que esto escribe). Pasado ya mucho tiempo pude enterarme de que el marido de la Pasionaria se encontraba en un pueblo perdido de Rusia de portero en una fábrica, despreciado por su santa esposa".

Y hasta aquí la historia, de la que pueden ustedes sacar sus propias conclusiones, sin olvidar que Ramón González Peña, aunque era natural de La Rebollada, había pasado su vida en Ablaña, por lo que a la fuerza tenía que conocer a los compañeros que estaban con Grossi.

Por su parte Julián Ruiz ha quedado para la historia como un hombre bueno y sencillo, consciente de su papel secundario ante la relevancia que alcanzó su mujer en el movimiento obrero. Minero desde los 9 años, fue quien inició a Dolores en el socialismo. Los dos eran vascos y ella también nieta, hija y hermana de mineros, pero religiosos y de herencia carlista. Se casaron el 15 de febrero de 1916 y tuvieron seis hijos. Uno de ellos fue Rubén Ruiz Ibarruri, nacido en 1920 y caído en un acto heroico de combate cuando mandaba una sección de ametralladoras del Ejército Soviético frente a los nazis.

Luego, la Pasionaria empezó a destacar por su oratoria y se reveló como una magnífica dirigente, fue elegida miembro del Comité Central del PCE y abandonó a su marido. "Yo pierdo a mi mujer pero el partido gana un dirigente", dijo entonces Julián. Después, Dolores tuvo como segunda pareja a un comisario del frente de Madrid, Francisco Antón Ruiz, diecisiete años más joven que ella; una relación que acabó mal cuando él joven se enamoró de otra mujer llamada Carmen Rodríguez.

Julián Ruiz Gabiña acabó sus días en España cobrando 5.000 pesetas mensuales por su retiro como barrenador en las minas de Gallarte y 30.000 rublos al trimestre que le ingresaba el PCE ruso por el Banco Exterior. Murió en agosto de 1977 y fue enterrado en el cementerio civil de Somorrostro tras una sencilla ceremonia laica a la que asistieron su hija Amaya y Dolores Ibarruri. Ésta murió en Madrid el 12 de noviembre de 1989 convertida en el icono más respetado por la corriente mayoritaria del comunismo español.

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