Adele Bloch-Bauer, la musa desdichada de Klimt

La mujer que inspiró "La dama de oro", casada por interés familiar, defendió el voto femenino y era anfitriona de artistas

12.04.2015 | 04:58
Adele Bloch-Bauer, la musa desdichada de Klimt

T. P.

Adele Bloch-Bauer fascinó tanto al pintor modernista Gustav Klimt que no se conformó con pintarla una sola vez. Los nazis quisieron exterminarla de la historia del arte renombrando la cumbre del estilo dorado del artista como "La dama de oro", título además de la película recién estrenada en la que se narra la lucha de una sobrina de Adele contra las autoridades austriacas para recuperar el "Retrato de Adele Bloch-Bauer I", que colgaba de su casa vienesa hasta que las hordas de Hitler lo quitaron tras la anexión de Austria en 1938.

Hija de un banquero judío y esposa de un industrial azucarero también judío, Adele era una mujer desdichada que se casó con solo 18 años y sin estar enamorada, y que sentía una atracción irresistible por el mundo del arte. Sus fiestas, plagadas de artistas e intelectuales, eran célebres. Por sus salones pasaron músicos como Richard Brahms, Gustav Mahler y Wagner, y escritores como Stephan Zweig. Sin embargo, no era una mujer festiva. Su sobrina Maria Altmann, protagonista de la película, la recordaba como "una persona enferma, sufriente, frágil, oscura, complaciente, arrogante y siempre con dolor de cabeza. Nunca la vi sonreír. Estaba todo el día seria". Fumadora compulsiva, murió en 1925 con solo 43 años. Meningitis. El pintor había fallecido también prematuramente siete años antes, a los 55. Adele dedicó mucho tiempo a luchar por el sufragio femenino, lo que da muestra de su carácter combativo.

Siempre se dio por hecho que entre Klimt y su musa hubo algo más que palabras. No hay pruebas ni testimonios que lo confirmen pero lo cierto es que fue la única mujer a la que pintó en dos ocasiones. En 1912, Klimt dio la última pincelada a una versión en colores verdes y malvas. A la teoría del romance contribuyó el gran parecido que tiene con Adele la heroína bíblica Judith semidesnuda con la cabeza de Holofernes en las manos, y que Klimt pintó en 1901.

Fue en 1903 cuando el marido de Adele, Ferdinand Bloch-Bauer, dieciseis años mayor que ella, encargó a Klimt un retrato. Cuatro años dedicó el pintor a una obra maestra que ahora cobra un súbito protagonismo mundial gracias a la película. El cuadro mide 138 x 138 cm y está hecho con óleo y oro sobre tela marinera. En su testamento, Adele pidió que la obra pasara al Estado de Austria tras morir su marido, pero tras la anexión éste se refugió en Suiza y cambió el testamento para dejar sus propiedades a los tres hijos de su hermano Gustav, entre ellos María. En 2006, Austria devolvió a la descendiente de Adele el retrato de su tía, y otras cinco obras de Klimt. Ronald S. Lauder, magnate de la firma de cosméticos, compró el "Retrato de Adele Bloch-Bauer I" por un precio récord de 135 millones de dólares y con la promesa de que la obra siempre estuviera colgada en la Neue Galerie de Nueva York. "Esta es nuestra Mona Lisa", dijo Lauder.

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