Sara Baras ilumina los palos flamencos

La bailaora y coreógrafa pone en pie al teatro Jovellanos, que volverá a llenar hoy, con "Voces" y su homenaje a maestros como Paco de Lucía, Camarón y Morente

23.05.2015 | 13:15

Ha sido Carmen "la cigarrera" y hasta ha coreografiado los días y los sentimientos que rodearon el nacimiento de "La Pepa", aquella Constitución de 1812 que alumbró la sitiada y liberal Cádiz. Es una de las figuras mayores y carismáticas del flamenco actual, la embajadora por los mejores teatros del mundo de una cultura vieja y nueva a la vez que ella reinterpreta con su baile bizarro y el cuerpo juncal. Sale hasta en los sellos de Correos y los de la "Barbie" le han cogido los estilismos para una de sus muñecas. La gaditana de San Fernando Sara Baras (1971), muchacha de música como aquellas "puellae gaditanae" de hace más de dos milenios, rara vez defrauda. Tampoco ayer. La bailaora, coreógrafa y directora cosechó la reiterada ovación del teatro Jovellanos, en Gijón, que se rindió a la pasión, pulsión y maestría técnica con la que la artista ejecuta, como en una suerte de toreo preciso y de riesgo, cada uno de sus bailes.

Dicho de otra manera: Sara Baras subió al escenario con su último espectáculo, "Voces", y le sobraron casi diez minutos del primer cuarto de hora para ganarse al público que llenó el coliseo gijonés. Hoy estará de nuevo en el Jovellanos, también con el teatro colmado. Y es que su última propuesta, que estrenó el pasado febrero en Pamplona, se presta especialmente para sacar lo mejor de una bailaora capaz, como los mejores cantaores, de producir eso que llaman "pellizco", es decir, lo que el también cañaílla Camarón llamaba "transmitir". "Hay una sola escuela: transmitir o no", decía el maestro.

José Monge Cruz, más conocido por Camarón de la Isla, es precisamente uno de los grandes catedráticos y renovadores del flamenco a los que Sara Baras homenajea en "Voces". El reconocimiento se extiende a otros revolucionarios: Paco de Lucía, Antonio Gades, Enrique Morente, Moraíto y Carmen Amaya, la gran flamenca de Barcelona y un referente para la gaditana. Ésta finalizó su actuación ayer con unas palabras de recuerdo -y también de devoción- por el recientemente fallecido Manuel Molina. El cantaor, guitarrista y compositor fue otro de los guerrilleros que ha sido capaz de traer el flamenco, entero, hasta nuestros días.

El espectáculo no despliega un gran montaje escénico. Su concepción lumínica y espacial es moderna, pero sin renunciar a la austeridad de los tablaos o de un cuarto de cabales en el que cada uno da lo mejor de sí mismo. La bailaora y su compañía, con un vibrante José Serrano como artista invitado, bastan para trasmitir, tal y como quería Camarón, la hondura del flamenco, sus palos y sus bailes. Rubio de Pruna y Miguel Rosendo, dos cantaores con distinta tesitura y la misma profundidad, contribuyen a reforzar el planteamiento conceptual de "Voces". Y grande Sara Baras, percusionista de lujo con su taconeo. Hasta bailó con su madre.

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