07 de agosto de 2016
07.08.2016

La última gran reina sin corona

Ana de Borbón-Parma, esposa de Miguel I de Rumanía y gran amiga de su prima política Sofía de España, falleció esta semana en Suiza a los 92 años

07.08.2016 | 08:48

Ana de Borbón-Parma nunca ciñó una corona pero, junto a su esposo, el rey Miguel de Rumanía, ha sido hasta su muerte, el pasado lunes a los 92 años en Suiza, la decana de la realeza europea, cuyo representante más longevo es precisamente el exmonarca rumano, destronado en 1947 por el golpe de Stalin que implantó el comunismo en el país de los Cárpatos.

Al año siguiente, Miguel, primo carnal de la Reina Sofía, se casaba en Atenas con la princesa, nacida en París, de origen italiano y danés, a la que conoció en la boda de la entonces princesa Isabel de Inglaterra, otra soberana que rompe récords y que ya ha superado a su antepasada Victoria en permanencia en el trono.

La reina Ana era hija del príncipe Renato de Borbón-Parma y de la princesa Margarita de Dinamarca. Pasó su infancia en Francia y en 1939 su familia, huyendo de los nazis, se refugió en España, más tarde en Portugal y finalmente en Estados Unidos.

En Nueva York estudió arte y llegó a trabajar como dependienta en los grandes almacenes Macy's. En 1943 se alistó en las Fuerzas Francesas Libres. Sirvió en Argelia, Marruecos, Italia, Luxemburgo y Alemania y recibió la Cruz de Guerra.

Tras la contienda, fue ascendida a teniente. El funeral tendrá lugar el próximo sábado, día 13, en la catedral nueva de Curtea de Arges, en el país en el que no reinó pero donde, tras la caída de Ceaucescu, al rey Miguel, con un delicado estado de salud, le reconocieron su título y le devolvieron numerosas propiedades. De hecho Rumanía es el único estado de Europa en el que la monarquía tiene serias opciones de ser restaurada.

El último funeral real fue el de la enigmática reina María, nieta de la reina Victoria, abuela de Miguel, que vivió en el palacio de Transilvania que inspiró la historia del conde Drácula, y cuyo corazón, encerrado en una caja de plata, abandonó su lugar en el Museo Nacional de Historia de Bucarest, para descansar, 77 años después de su muerte, en el Palacio Pelisor, donde falleció de cáncer el 18 de julio de 1938.

La ceremonia, bautizada como "El retorno del corazón de la Reina", fue un pomposo acto con representantes de las autoridades rumanas, moldavas y británicas, miembros del cuerpo diplomático, soldados de la guardia-regimiento Miguel el Valiente, la banda del Ejército, el clero y militares británicos y rumanos. El corazón reposa junto a la chimenea y un sofá tapizado en seda verde de la cámara de oro, que, por deseo del rey Miguel, se llama ahora Capilla Real Gold Room.

El funeral de la reina Ana también respetará la tradición rumana. Los libros de condolencias se encuentran en el castillo de Peles, en el Palacio Real de Bucarest y en el Elisabeta Palace, donde estarán a disposición del público durante los próximos 40 días. "Todos aquellos que deseen llevar flores o depositar coronas están invitados a hacerlo en el Palacio Real, en Calle Victoria, frente a la entrada principal", ha dicho la casa real.

Fue en noviembre de 1947 cuando Ana conoció al rey Miguel I de Rumanía, que visitaba Londres con la reina madre Elena de Rumanía para la boda de la princesa Isabel con el príncipe Felipe, duque de Edimburgo.

Ana y Miguel se casaron el 10 de junio de 1948 en Atenas, por invitación del rey Pablo I de Grecia, tío del novio. La entonces princesa Sofía de Grecia, de 9 años de edad, fue dama de honor del enlace. Ana y Miguel tuvieron cinco hijas.

La casa de Rumanía es la dinastía real que sucedió a la rama rumana de la Casa de Hohenzollern-Sigmaringen que gobernó el país entre 1866 y 1947. El 10 de mayo de 2011, en un contexto de demandas interpuestas en Alemania y por temor a que los Hohenzollerns alemanes pudieran reclamar la sucesión a la jefatura a la casa real, el rey Miguel rompió todos los lazos históricos y dinásticos con la casa germana y cambió el nombre de la familia al de Casa de Rumanía. También renunció a todos los títulos conferidos a él y a su familia por los Hohenzollerns alemanes. Tras su boda, Ana y Miguel vivieron primero en Villa Sparta, cerca de Florencia, casa perteneciente a la madre de Miguel, Elena de Grecia. En 1949 se instalaron en Lausana y después, en 1955, en Versoix, cerca de Ginebra (Suiza). Ana, descendiente de Luis XIV, pisó Rumanía en 1992. Se enamoró del país que la despedirá con todos los honores.

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