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La nueva economía rural Las cooperativas (6)

Siero exprime al máximo la huerta

Agrecoastur, con sede en Granda, transforma en zumos y mermeladas los productos ecológicos de sus socios con el fin de garantizar su comercialización

Siero exprime al máximo la huerta

Siero exprime al máximo la huerta

La huerta asturiana tiene aún mucho potencial por exprimir. Eso lo saben bien los socios de Agrecoastur, que desde su fundación, en 2011, se esfuerzan en sacarle el máximo provecho a los productos de la tierra. ¿Cómo? A través de su transformación. La cooperativa elabora zumo, mermelada, dulce y vinagre, todo ello ecológico, a partir de los alimentos que obtienen sus agricultores. La manzana de sidra, a la que se dedican nueve de los doce socios con los que cuenta la organización, es el ingrediente estrella. "El objetivo es darle valor añadido a un producto que tenemos en la región mediante la fabricación de artículos diferentes, no sólo de sidra", señala Mari Luz García, presidenta de la entidad.

Esos artículos los vende Agrecoastur directamente a los consumidores en su sede de Granda (Siero). Con ello, los productores no sólo consiguen esquivar a los distribuidores y vender a precios justos, sino que además aprovechan para dar a conocer la agricultura ecológica. Según sostienen Mari Luz García y la socia Cecilia Montiel, el desconocimiento que reina en el sector es todavía enorme. "Hay mucho ruido. La gente asocia lo ecológico a un producto caro, que se diferencia del convencional en que es más natural. Y no es así", opinan. Para los productores de Agrecoastur, la definición correcta sería la siguiente: "Es un sistema agrario que apuesta por la obtención de alimentos de máxima calidad respetando el medio ambiente y aprovechando los recursos locales". Mari Luz García insiste en que lo ecológico es sinónimo de salud y lamenta que el consumo sea todavía tímido en la región. "Hace falta mayor promoción. Nosotros hacemos todo lo posible, junto a otros agricultores y el Consejo Regulador, pero se necesita un mayor esfuerzo por parte de la Administración", dice.

Una de las metas de la cooperativa es concienciar a los más jóvenes de las bondades que tienen los productos ecológicos. Cada año, la entidad lucha por hacerse un hueco en los comedores escolares de la región. El curso pasado Agrecoastur participó en el plan de consumo de fruta, que desarrolló el Gobierno del Principado en los colegios. Su aportación de fue el producto rey de la cooperativa: el zumo de manzana de sidra, del que fabrican cada año entre 25.000 y 50.000 litros. "Quedamos muy contentos con el proyecto y esperamos que este año se repita. Es fundamental fomentar la alimentación saludable entre los niños", dice García. Aunque ahora mismo, la labor de concienciación afecta a todas las franjas de la población.

En este sentido, Agrecoastur echa en falta un sistema de etiquetado "en condiciones". "El producto ecológico y el convencional no compiten en igualdad de condiciones en los supermercados", sostiene Mari Luz García. Y explica por qué: "El consumidor de alimento convencional no sabe lo que come, porque no hay información. Se le trata como si fuese un minusválido mental. Llevamos años reclamando que estos alimentos cumplan con unos mínimos requisitos". Esos requisitos pasarían por recoger en primer lugar el origen. Según explica García, en ecológico está todo registrado. "Hay una trazabilidad completa del producto. Se sabe cuándo entraron unos tomates, cuándo salieron, quién los produjo, a quiénes se lo vendimos... Eso lleva mucho trabajo, pero lo preferimos así, porque al final todo ello es transparencia y calidad", añade.

Agrecoastur, que nació en plena crisis, ha conseguido consolidarse en el campo asturiano después de cuatro años de actividad. Mari Luz García asegura que la cooperativa tiene muchas ideas en mente, pero que "para ello se necesitan mayores medios económicos". Aun así, sus socios no paran de innovar y cada año sacan nuevos productos. Acaban de poner a la venta las primeras botellas de vinagre y tarros de mermelada de arándanos. García reivindica que el campo es mucho más que vacas y que la crisis láctea debe servir para apostar por la diversificación agraria.

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