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Salvador Monedero, padre del cofundador de Podemos: "Voté a Vox"

"Con Franco pasamos de tener 100 gramos de lentejas a ser la novena potencia del mundo", dice el hostelero, nacido hace 83 años en Gijón

Salvador Monedero, en su bar de Madrid, en el distrito de Moncloa-Aravaca. MODEM PRESS

Casa Gala es un bar castizo madrileño, "lo que en Asturias sería un chigre", de los "de menú del día a 6,50 euros porque aquí vienen trabajadores a comer", nos dice su dueño, Salvador Monedero (Gijón, 1932), un hombre enjuto, buen conversador y con la mente increíblemente ágil y despierta a unos 83 años que no aparenta de ninguna manera. "Será que el trabajo rejuvenece porque no he hecho otra cosa que trabajar desde los once años para sacar a mi familia", dice. Tiene seis hijos. El cuarto de ellos es el exdirigente de Podemos Juan Carlos Monedero. "Yo no soy ni de abajo ni de arriba, sino clase media", aclara Salvador, casi antes de que se le pregunte.

"... Y de derechas". Bueno, "ni de derechas ni de izquierdas, solamente realista y pragmático y la derecha crea riqueza, la izquierda no, la izquierda la destruye". Por eso, en las elecciones municipales y autonómicas de la pasada primavera "no voté al partido de mi hijo sino a Vox porque era el único que propugnaba quitar las autonomías". Ahora, sin embargo, "votaré a Podemos por obligación, no porque esté ahí mi hijo sino porque el voto a Vox es tirar el voto a la basura". "Ciudadanos no me gusta, son los chicos guapos del PP, y tampoco voy a votar a los partidos tradicionales, PP y PSOE, que han instaurado un régimen corrupto nos han llevado a donde estamos", añade.

Este gijonés, que nació en la calle Capua, "muy cerca de La Escalerona de la playa de San Lorenzo", no tiene pelos en la lengua. Por eso, no le duelen prendas en decir que "sí entendía a Franco y le respeto". "Yo he visto cómo, durante el franquismo, se transformó radicalmente este país y pasamos de disponer de los 100 gramos de lentejas de racionamiento a ser la novena potencia industrial del mundo. Y mire, ya que yo soy asturiano, tengo que decir que con Franco hubo un grandísimo desarrollo de la industria en Asturias", apunta.

Y sigue. "Pese a que salí de Asturias con 3 años, en 1935, y ya no he vuelto a pisarla desde entonces, me siento asturiano por los cuatro costados", asegura. Es más, considera que "el himno nacional debería de ser el Asturias patria querida".

Pasa el tiempo en su bodega madrileña, en el barrio de Argüelles, a escasos metros del Cuartel General del Ejército del Aire y muy cerca de la sede socialista de la calle Feraz. "No me gustan los socialistas", asegura. "Felipe González pudo haber sido presidente de España casi a perpetuidad, pero sus gobiernos instauraron la corrupción. Filesa, Roldán, los GAL...", añade, entre botellas que ya casi no se ven: Soberano, Veterano, Centenario, Espléndido... Y alguna que otra joya como varios Vega Sicilia Único de los años 60 y 70.

Salvador Monedero recuerda a su hijo, el "político famoso", "echándome una mano detrás del mostrador". Y es que Juan Carlos, "pese a que él es de izquierdas y yo de derechas, aunque no me gusta eso de las derechas y las izquierdas," es el niño de sus ojos. "Siempre ha sido un buen estudiante y muy trabajador" y "por eso le ha ido bien en la vida". Como a sus otros cinco hijos. "El mayor es militar, especialista en informática e inteligencia. La pequeña terminó Derecho y trabaja para una empresa francesa. Tengo otro hijo que vive en Alicante y una hija psicóloga que se está empleada en Asuntos Sociales".

Salvador Monedero abandonó Asturias muy pequeño, con tres años, en 1935, cuando su padre, del Partido Republicano, que era el secretario general de la Casa del Pueblo de Gijón, encontró trabajo de linotipista en Salamanca. "Para entonces, las cosas ya estaban muy mal por la guerra, que por cierto no empezó Franco", dice, convencido. "Entró en guerra cuando ésta ya había empezado. La empezaron los seguidores de Pablo Iglesias, no el de Podemos, que ése es amigo de mi hijo y mejor que el otro, sino el del PSOE, porque no aceptaban que su partido no llegara al poder por las urnas y se lanzaron al combate en Asturias en octubre del 34", remata.

La Guerra la pasó Salvador Monedero en Salamanca y la posguerra ya en Madrid. Estudió en los Salesianos, pero muy joven, "con 11 años", comenzó a trabajar y pasó por "tiendas de ultramarinos, bodegas, hasta que en los cincuenta ya pudo tener su local propio y así hasta que en 1983". Se instaló en Casa Gala, en la confluencia de las calles Martín de los Heros y Romero Robledo, "casi pared con pared" con el cuartel del Ejército del Aire. En ese lugar fue testigo del asesinato, a manos de ETA, del general Quintana Lacaci, en enero de 1984. "Lo vi todo, fue horrible, y salí en persecución de los terroristas, pero escaparon en un coche y los perdí de vista", relata.

Le gusta hablar de política y su despierta mente hace que las ideas se le escapen a borbotones. Reconoce que, "aunque les tanga que votar en diciembre por obligación, que no por devoción", puntualiza, sus ideas "están en las antípodas de las de mi hijo Juan Carlos". Con el que "no discuto de política, pero sí dialogo mucho". "Yo soy católico", afirma orgulloso. "Él dice que es ateo y yo le digo: ¿A cuánta gente da de comer la UGT, Comisiones Obreras, el Partido Comunista? A nadie. Y Cáritas a más de un millón y medio de personas. Esa es la diferencia", asegura orgulloso.

"Hay muchas cosas en las que discrepo de él, pero en otras tiene más razón que un santo. Y yo se la doy. Y, por eso, aunque no me guste del todo, les voy a votar en las próximas elecciones". Lo dice con dolor, "porque soy simpatizante y militante del PP desde hace años". Y admirador de Esperanza Aguirre y Aznar. "El PSOE y el PP han robado tanto, que hay que rebelarse y los únicos que se rebelan son los de Podemos, los del partido de mi hijo, no creo mucho en ellos, sólo creo en Dios", añade riéndose. "Pero me parece que ahora mismo son los menos malos de todos los políticos", añade. Eso sí, espera "que no nos suban los impuestos como han hecho todos estos años el PP y el PSOE, que nos han gobernado a base de subir impuestos porque un país como España no puede permitirse el lujo de pagar a 19 gobiernos: diecisiete autonómicos, el de España y el europeo. Eso no se aguanta".

También sostiene que hace falta industria. "Aznar cometió el error de centrar todo en la construcción, hicimos en tres años casas que debíamos haber hecho en 25 y eso trajo a mucha inmigración. Vinieron diez millones cuando con dos millones bastaban", dice resuelto ante la mirada de su camarera sudamericana, "y ahora pasa lo que pasa, que no hay trabajo".

Y eso, trabajar es lo que ha hecho toda la vida este asturiano que no ha vuelto "a mi tierra" desde que la abandonó en 1935 y cuyo anhelo es "regresar donde nací, al menos una vez, antes de irme al otro mundo". "Pero es que este trabajo de la hostelería es muy esclavo", añade Monedero, que no sabe lo que es eso del "descanso semanal". "No tengo tiempo porque de lo de jubilarme no quiero oír ni hablar. Ésta es mi vida", añade. El bar, las viejas botellas de coñacs casi olvidados, "los clientes de siempre..." Salvador Monedero, ya "casi tan famoso como mi hijo, que aquí no hacen más que venir periodistas", sigue fiel a sí mismo. Genuino y amante de cualquier polémica.

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