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Menos de 1 millón

Radiografía de los extranjeros en Asturias: más jóvenes, con más hijos y más urbanos

Ocho de cada diez componentes de la menguada comunidad foránea del Principado están en edad laboralmente activa y siete viven en ciudades

Mirados a través del microscopio de la estadística, los extranjeros residentes en Asturias se ven mucho más jóvenes que los residentes autóctonos, más inclinados a la procreación y más propensos a la vida en los entornos urbanos. Son muy pocos, apenas un 4,45 por ciento de la población total que no resiste la comparación con el casi 11,5 del promedio español, y se han mutiplicado sobre todo en este siglo, pero su volumen no supera más que el de Galicia y Extremadura. La disección que se efectúa en un reciente estudio de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei) traza evidentes vínculos entre los picos de recepción de inmigrantes foráneos y las hinchazones de los ciclos económicos, o entre su ritmo de llegada y el poder de atracción del mercado laboral. Además de ser más jóvenes y tener más hijos, viven en ciudades en una proporción de siete de cada diez, más alta incluso que la del censo local.

En este momento de encrucijada, en el que la población asturiana está a punto de confirmar la rebaja anunciada del millón de habitantes y oye voces que buscan en la atracción de inmigrantes las soluciones del corto plazo, el vistazo a los que ya están aquí comienza por la escasez y por el extraordinario margen de mejora que otorga ese escaso 4,5 por ciento. Son 45.445, ni siquiera cinco por cada cien españoles, y su porcentaje apenas ha dejado de crecer desde 2015, pero sigue lejos de lo deseable. La presencia extranjera tiene carácter anecdótico hasta 2001, constata el análisis.

Un fenómeno de este siglo. Ningún censo del siglo XX registró más del 0,53 por ciento de foráneos, pero su proporción se dispara desde 1991, se duplica hasta 2001 –pasando de 4.937 habitantes a 10.848– y casi se quintuplica –hasta llegar a 50.827– del primer año del siglo a 2012, el del punto más alto de la serie histórica. Las repercusiones de la crisis de 2008 empujaron la cifra hacia abajo "de un modo importante" hasta 2017 y la recuperación volvió a incrementarla hasta los 45.445 atribuidos a 2021. En conjunto, reseña el estudio, el año pasado había en Asturias unos 5.000 extranjeros menos que diez años antes, pero el porcentaje de extranjería "apenas varía, e incluso crece levemente, al haber menos población en conjunto".

"El mercado laboral". Del análisis numérico se sigue una correlación entre la atracción de inmigrantes y los ciclos económicos, así como un vínculo entre la recepción de extranjeros y "el mercado laboral" que queda asentado a la vista de la estructura etaria del colectivo: el 82 por ciento de los foráneos residentes en Asturias tiene entre quince y 64 años. Están pues en edad laboralmente activa y en la región más envejecida de España su índice de vejez es abrumadoramente inferior al de los españoles –hay entre ellos 44 personas mayores de 65 por cada cien habitantes totales, frente a los los 263 de los autóctonos–, igual que la proporción de personas en la edad de la jubilación, un 5,5 por ciento entre los extranjeros, un 27,6 en la población local.

Cada vez más madres extranjeras. Ese nivel de juventud determina el comportamiento "marcadamente distinto" que evidencia la comunidad foránea en algunos indicadores demográficos esenciales, como la tasa de mortalidad: la suya está en torno a dos fallecimientos por cada mil residentes, mientras la del total de la población asturiana escala hasta más arriba del catorce. También importa mucho observar el peso, "cada vez mayor", de los nacimientos de hijos de madres extranjeras. En 2010, por ejemplo, los partos de españolas nacidas en España representaban el 82 por ciento del total; en 2020, el 77. Este porcentaje, correlativo con el paso del catorce al dieciocho que han experimentado en el mismo periodo los alumbramientos de madre foránea, tiene reflejo en las diferencias de la tasa de fecundidad: el número medio de hijos por mujer es de 0,94 entre las españolas y de 1,08 para las extranjeras.

Menos hijos que en sus países. Cabe reseñar que el indicador de las madres autóctonas no es el más bajo de la serie histórica, pues fue inferior entre 1993 y 2002, pero que ahora el descenso en el volumen de mujeres en edad reproductiva hace que haya menos nacimientos. También resulta significativo que el indicador de fecundidad de las inmigrantes sea aquí "sensiblemente menor que el de la mayor parte de sus países de origen" –predominan las nacionalidades sudamericanas– o que "la tendencia es que las extranjeras sean madres a menor edad que las españolas".

Quieren vivir en la ciudad. El profundo desequilibrio territorial que aqueja a la población asturiana –la segunda de España tras la aragonesa con un mayor porcentaje de residentes en grandes municipios urbanos– se vuelve todavía más pronunciado cuando se aíslan los extranjeros. Es más evidente en este subsector demográfico la "polarización" hacia las ciudades. Y si del total de la población el 45 por ciento vive en los cascos urbanos de Oviedo y Gijón, la cifra sube a un 61 entre los foráneos. Se reparten de modo equitativo entre las dos grandes urbes, con una ligerísima prevalencia en la capital –hay 13.896 viviendo en Oviedo y 13.880 en Gijón–, y si se añaden a la lista Avilés, Langreo y Mieres, esta zona metropolitana aglutinaría al 58 por ciento del censo total y hasta el 71 por ciento del extranjero. Es este un cálculo conservador sobre la pulsión urbana de la población foránea, dado que fuera de esos grandes espacios viven mayoritariamente en los ambientes similares de las grandes villas. Fuera de ahí, hasta 199 parroquias, casi una de cada cuatro de las 857 de la región, no tienen empadronado ni un solo habitante con nacionalidad de otros países.

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