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La temporada de pastos de altura más larga toca a su fin: "El invierno llega durillo"

"Apenas hay animales para carne, hubo poco pasto", dice la ganadera Lucía Velasco, que prolongó dos semanas la estancia en Somiedo

Lucía Velasco, con sus vacas en Las Regueras, recién llegadas de las brañas de Somiedo. L. V.

"Pili" y "Mili" se resistieron este año a dejar las montañas. Y eso que pudieron disfrutar dos semanas más de los verdes pastos de las brañas de Somiedo. "Costó mucho bajar a todo el ganado en general, como que de repente no querían", explica la ganadera Lucía Velasco a LA NUEVA ESPAÑA desde Las Regueras, donde tiene su explotación de carne y donde pasa medio año. El otro medio ella y su marido andan por Cerreo, el pueblo somedano desde el que cuidan sus vacas entre mayo y noviembre como ganaderos trashumantes que son, una tradición que han heredado de sus antepasados, ya que sus familias llevan más de cuatro siglos con ella.

Lucía Velasco, trasladando sus vacas en Somiedo. L. V.

Valga el caso de "Pili" y "Mili" para explicar la singularidad de la temporada de pastos de montaña de este año, una de las más largas que se recuerdan en Asturias, ya que muchos ganaderos optaron por prolongar la estancia en las alturas antes de trasladar sus vacas de nuevo a las cuadras y las fincas a menos altura para pasar los meses de frío.

"Como tenían comida y no empezó el mal tiempo, las dos novillas no querían dejar la montaña. Costó convencerlas, pero al día siguiente ya pudimos traerlas", describe la ganadera. Ella empezó a subir sus vacas hacia mediados de mayo y el día 1 de noviembre acababa la temporada, pero no fue hasta el domingo 13 cuando abandonaron Cerreo.

El buen tiempo ayudó a prolongar la estancia, lo que permite también ahorrar en costes de piensos para cebar al ganado cuando escasea la hierba. Pero esta, debido a la sequía que ha marcado este verano en Asturias, tampoco es que haya sido muy abundante. "El otoño y el invierno se presentan durillos, porque tendremos que cebarlas al no haber habido mucha cantidad de pasto. Pero el pienso está caro, lo que ha hecho que muchos ganaderos dejemos de llevar animales al matadero a sacrificar para carne ya que hemos dejado algo de cebar", resume Velasco. Además tiene un presentimiento: cuando llegue de verdad el frío, será implacable. "Estoy convencida de que será un invierno crudo, no sé, puede que me equivoque, pero he visto señales en la montaña que indican eso". Por esto no se atrevió este matrimonio de ganaderos de Las Regueras a dejar arriba algo más tiempo a sus reses –unas 60 subieron en mayo y unas 60 bajaron ahora, para alegría de sus dueños– porque a estas alturas del año, por muy bueno que haga, "de un día para otro cambia el tiempo de forma brusca y nos pilla allí con ellas y la nieve y se lía buena", expone Velasco. "A 1.800 metros de altura donde están nuestras brañas de Somiedo no te puedes arriesgar".

El traslado a Las Regueras fue escalonado y, si bien la mayoría llegaron ahora, algunas ya lo hicieron semanas atrás. "Anticipamos a las pequeñinas y también a las que están para parir. Tenemos una a punto que llamaremos ‘Loreto’ en homenaje a una niña de Madrid", avanza Velasco, que dirige la asociación Ganaderas Asturianas. "Ha sido una buena trashumancia en general. Ahora toca afrontar el invierno que ya digo será duro. Los costes van al alza, hemos bajado la producción de carne por tanto y esta escaseará. La crisis alimentaria está ahí".

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