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En corto y por derecho

Barbón, albacea del "hermano Revilla"

El presidente cántabro deja por escrito que su homólogo asturiano vele por sus últimas voluntades

Conocida es la buena relación entre el presidente asturiano, Adrián Barbón, y el mandatario cántabro, Miguel Ángel Revilla, hasta tal punto que el presidente cántabro ha dejado por escrito, en su último libro –titulado "Toda una vida"– que Barbón, al que apela como su "hermano", sea guardián de sus últimas voluntades, junto con otra persona: Cipriano Quintas, conferenciante y consultor.

Son las siguientes. Primero, que nadie envíe coronas a su funeral sino que destine el dinero por las flores a la Cocina Económica. Lo mismo sirve para las esquelas, ya que solo quiere una: la de su familia. Revilla quiere ser incinerado y que sus cenizas sean esparcidas por su familia en la Cruz de Cabezuela, en Polaciones, un 25 de julio, día de Santiago, patrón de su pueblo natal, Salceda. Será allí, en el mirador de la localidad, entre bancos y mesas de piedra, donde sus parientes habrán de celebrar una comida campestre "con productos traídos de casa". Prefiere, dice, que acompañen la velada "canciones montañesas, gaiteros y piteros". Y que en el monumento de piedra que representa a un "purriegu" y un "lebaniegu" se coloque una placa de hojalata con la siguiente leyenda: "Aquí se tiraron las cenizas de Miguel Ángel Revilla por su expreso deseo. Este lugar marcó profundamente su conducta en la vida". Amén.

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